EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (XXXII)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Reconocerás que acerté en el diagnóstico: eres mi humorista predilecto. Acabas de dejar aquí, en el blog que gestiono, una muestra inconcusa de ello. Por supuesto que, viniendo de ti, acepto hasta lo que otras/os considerarían sosa cáustica o vitriolo puro, quiero decir, que te parezca lo por mí urdido un gazpacho. Uno pensaba que había cocinado una menestra de verduras. Pero,… para (dis)gustos se hicieron los calores, (sacar) los colores y (no digamos) los sabores.
Sabes que la baraja española tiene cuatro palos. No sé por qué me parece que hoy (sensu stricto, ayer), jugando conmigo, te han tocado en el reparto todos los bastos. Y no hay mal que por bien no venga, porque podían haberte caído todas las espadas. Y con ellas, me hubieras infligido, amén de más heridas, peores, más cruentas.
—“con la contemplación”. Adviertes la ambivalencia que yo buscaba, porque fue una acción interactiva, mutua, recíproca, pero de distinta naturaleza (me temo). Yo me fijé en los bellos ojos de sus rostros brillantes y ellas en mi espalda desnuda (cuando me hicieron agacharme para tocarme las puntas de los pies y la doctora ucraniana me dio, tras mediar aviso, varios golpes a la altura de los riñones).
—“y”. La opción que propones es tan válida como la que elegí. Mera cuestión de gustos.
—“con la”. Yo primé el significado de “necesite” y tú, al parecer, el de “prefiera”. He ahí el doble resultado, consecuencia lógica de la discrepancia. Ambas soluciones son válidas.
—“probando a (iba a preguntarte si, como no te había gustado mi gazpacho, ¿te habías comido la preposición “a”?, pero me he dado cuenta de que el escolio en mi blog era posterior —es mi deseo que te hayas sonreído al leer este aparte—) averiguar por doquier”. Leída ahora, la perífrasis no me parece tan acertada (buscaba una expresión que completara o complementara la anterior) como la juzgué cuando la urdí. No obstante, tras volver sobre ella, la mantengo. Un autor contiene varios lectores. A veces, sostengo que los susodichos pueden ser infinitos.
—“Segundo Tomo”. Uso la expresión porque ese era el título original de la apócrifa continuación del afamado libro cervantino, “Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote (Quixote) de la Mancha”. “Tomo” debería ir con la letra inicial en minúscula. Lo enmendaré. La segunda parte de “Don Quijote”, como sabes, se titula así, “Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha”. Tienes razón en la crítica, ¿cítrica?
—“B, o C, o D”. Mera cuestión de gustos. No pongo ni en duda ni en tela de juicio que el tuyo sea ni mejor ni peor que el mío.
—“Cualesquiera novelas”. Me he decantado por mudar la expresión por “De todas las novelas”.
—“en la que firmó”. Hago referencia explícita a “Don Quijote”, claro. En todo el párrafo hablo de ella. Ya sé que firmó otras, pero me refiero, en concreto, a la mentada.
En los casos restantes (quizás, nueva/o, “el Manco de Lepanto”) tienes razón en todos. Los corregiré ipso facto.
Donde me hallo (no doy pistas para no dar pasto a la murmuración, ni a lo que acaso sería peor, no dar abasto a quien va pertrechado con y de argumentos), acabo de recibir la visita inopinada de una de las musas (me ha pedido discreción; ergo, no haré mención de su nombre), la que me suele abastecer de asuntos cuando mi inopia de ideas se hace patente. Y me ha reprendido con razón, por no haber estado a la altura de las circunstancias, o sea, todo lo atento que ella exige a su discurso; abreviando, por no haberme enterado de la misa la media. Ella me inspiró una décima titulada “Cierto intercambio de Rolex” y yo urdí lo que ha aparecido publicado aquí, “Ha habido cambio de roles”. Nada que ver.
Tras pedirle disculpas a ella, te solicito perdón a ti. Habiéndome concedido ella la gracia, espera tu indulgencia quien te agradece la crítica (¡vaya vapuleo!), saluda, aprecia y abraza,
Ángel Sáez García
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