EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXCVIII)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Está bien que se hayan agolpado en tu mente, pugnando por salir a relucir, cuantas cosas o hechos refieres. A mí me ha ocurrido otro tanto, pero solo destacaré tres anécdotas o gestos. Primero: “Qué pacífica sería la vida sin amor, Adso. Qué segura. Qué tranquila. Y qué insulsa”, frase que le dice Guillermo de Baskerville (Sean Connery) a su discípulo, Adso de Melk (Christian Slater), en el filme “El nombre de la rosa”, película dirigida por Jean-Jacques Annaud en 1986. Segundo: “Ama hasta que te duela. Si te duele, es buena señal”, recomendación que nos hace a todas las personas, a todos los seres humanos que hay y habrá, vivamos en la Tierra u otro planeta, Agnes Gonxha Bojaxhiu, más conocida por este otro nombre, beata “Madre Teresa de Calcuta”. Y tercero y último: el soneto que sigue, de Lope de Vega, donde el autor nos brinda sus puntos de vista sobre ese poliedro de muchas caras, hasta contradictorias, que es el amor:
“Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! Quien lo probó lo sabe”.
Hace muchos años, hizo mella en mí el imperativo categórico de Immanuel Kant, que me aprendí de esta guisa: “Obra de tal manera que tu forma de actuar se convierta en ley universal”. Teniendo en cuenta esto, te diré que hay que procurar ser humildes siempre (y, por lo tanto, en la misma medida, no ser tunantes nunca), con el otro, con los demás, si pretendemos que nuestra actitud, que nuestro comportamiento, se convierta algún día para alguien en ley universal. Es lo que pienso al respecto y lo que he intentado dejar escrito (negro sobre blanco) aquí.
Ante la evidente disparidad de opiniones de la que das cuenta, parece que tu criterio enflaquece o flojea. El parecer del otro (provenga de un superior o de un inferior) no es más importante que el tuyo, a menos que tenga más razón. Conviene no confundir “potestas” (potestad) con “auctoritas” (autoridad).
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
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