El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Por supuesto que proceden. Acaso entiendas las dos interrogaciones de los versos cuarto y quinto del poema que comentas si tienes en cuenta o tomas en consideración la frase de Anne Dudley Bradstreet, cuya memoria propició la décima: “La autoridad sin sabiduría es como pesado cincel sin filo; solo sirve para abollar, no para esculpir”.

Afrontando o enfrentando problemas un día sí y otro también una/o aprende a resolver problemas. Como sostenía el estagirita, “nos volvemos justos realizando actos de justicia” (a la pata la llana, que la excelencia moral es el resultado del hábito ético y estético). Gracias a los toros (embolados o no) que nos caen en suerte (por sorteo o designio providencial), nuestra experiencia deviene en ciencia vital.

Pregúntaselo al líder de Ciudadanos, Albert Rivera; por una idea mal pergeñada y peor proferida sobre la experiencia, le está cayendo una buena somanta (metafórica) desde muchos lados o partes.

No creo que Susana Díaz haya hecho lo correcto al responsabilizar de que el problema aún no se haya solucionado (tampoco en la tercera votación) a los demás. Parte de culpa también tiene ella en el desaguisado. ¿Quién convocó las elecciones (porque tenía competencia para hacerlo) andaluzas? ¿Qué razones adujo entonces para ello? A ella le corresponde formar Gobierno, pero antes debe buscar los apoyos necesarios para lograr tal fin ¿Ha dado los pasos imprescindibles? ¿Ha hecho su trabajo? Parece que no. Así que no cargue toda la culpa sobre las espaldas de los demás y apechugue con su parte alícuota. Si vuelve a irse otra vez por los cerros de Úbeda, auguro que en esta nueva ocasión tampoco le van a dejar irse de rositas.

Me parece indecente que se le haga tanto caso a un vivalavirgen. De veras. Con este breve apunte tiene para meses.

La definición que da el DRAE de “taimado” (“bellaco, astuto, disimulado y pronto en advertirlo todo”) semeja una zeta, porque zigzaguea entre el oprobio (doble) y el elogio (doble): al vicio le sigue la virtud e ídem, al vicio le sigue la virtud.

Supongo que has reparado en el hecho inconcuso de que firma la décima mi álter ego Emilio González, “Metomentodo”, no yo. “Milio” es mi mejor amigo electrónico (E-milio, voz —entrecomillada y sin la mayúscula inicial— que he usado varias veces para referirme al e-mail, al correo electrónico). Me entiende tan bien, tengo tanta confianza en él, que, a veces, dudo si no seré yo. Me suple tan bien que, cada vez que he tenido la ocasión de cogerlo mirándose en el espejo, me ha brotado una de estas dos refractarias sensaciones (o, tal vez, las dos juntas), o que es mi sosias o trasunto, o que se parece tanto a mí que cualquiera (conocido o desconocido) diría que soy yo.

Coincido con tu parecer sobre Kant, si con “raro” quieres decir extraordinario, por poco común o frecuente. Esa determinación o estrategia del “poco y al revés” se la he escuchado alguna vez a mi madre. Sobre la misma he discrepado con ella. Soy partidario de decir siempre la verdad, porque, por un cauce o por otro, la misma siempre suele salir a relucir.

Para un nictálope (ella o él —apellidándose Lope, con más razón—) o un noctívago o noctámbulo (por el silencio de la noche, la casi ausencia de ruidos) no extraña que los de su calaña hayan tomado la frase kantiana que aduces (“en las tinieblas la imaginación trabaja más activamente que a plena luz”) por axioma.

Ciertamente, en el último párrafo de tu comentario, voluntariamente (a sabiendas), has meado fuera del tiesto, al excederte. Kant era tan exacto en su filosofía como en su vida: lo tomaban como reloj viviente (en el paseo diario que daba).

Te saluda, aprecia, agradece y abraza quien hace unos minutos acaba de bajar del HRS, después de haber lidiado lo mejor que ha podido con las varias dificultades que entraña acompañar al baño a su señora madre, ingresada en el citado recinto hospitalario, que porta dos nefrostomías, dos vías, cuatro goteros, escasa fuerza y demás obstáculos,

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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