CAMBIE, LECTOR/A, DE IDEA, COMO LO HACE DE PIEL
A mis dilectos amigos Luis Quirico Calvo Iriarte y Luis de Pablo Jiménez, a quienes les cuadra, encaja o va como alianza al anular una de las definiciones de amigo que diera otrora el escritor, filósofo y poeta norteamericano Ralph Waldo Emerson, la que afirma que “un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”.
“El medio de no cambiar es no pensar”.
Joseph Ernest Renan
Hágame caso. Cambie, lector/a, de idea cada vez que halle, bien por propia iniciativa e intuición, o por que alguien, tras una concienzuda u oportuna reflexión, le haga saber y ver que la idea que usted sostenía a la sazón no era la adecuada, cabal y correcta, o, en su defecto, tras tener conocimiento, que no miento, de la existencia de otra que la supera en esos tres concretos aspectos, al menos. No conviene aferrarse a arraigadas y vetustas convicciones, cuando, por una perspectiva que uno (ella o él) no había tenido en cuenta hasta ese preciso momento y que le ha suministrado información concluyente, definitiva, que no había tomado hasta entonces en consideración, estas aparentan lo que son, clara, cristalina y evidentemente erróneas.
Las creencias o convicciones personales son las que son cuando son, quiero decir, en un momento y en un espacio determinados. Uno/a no puede tener (porque no puede seguir manteniendo o sosteniendo) el convencimiento que tenía si, tras ser persuadido/a por otro, propio o ajeno, que lo ha abatido o contradicho (al haberlo objetado o refutado en todo o en parte), no asume este por su nuevo, indisputable, auténtico y actual convencimiento.
Habrá quien le aduzca que el fundamento o la razón en el/la que se basa y él/ella halla el grueso o la mayor parte de la felicidad en la que vive, es consecuencia o producto de la fidelidad y de la lealtad de su esposa/o, colaboradoras/es y amigas/os. Hágale ver lo que le resultará obvio, que ha cambiado de colaboradoras/es y amigas/os, que ha echado de su lado y de su vida u olvidado a unas/os por una causa o varias y ha adquirido o sumado otras/os por uno o diversos motivos.
De un tiempo a esta parte, la red de redes, que se despliega o mueve en un abanico que va del cielo (o la consideración de herramienta estupenda) al infierno (o la opinión de entidad abominable), por ser esa especie de hemeroteca personal, que memoriza fielmente todos los recuerdos que nosotros, o no rememoramos enteramente o involuntaria y sencillamente, cuando no mezclamos, olvidamos, ha venido a ejercer o fungir de aquel/la niñato/a chivato/a que tanto detestábamos siendo críos/as en la escuela, pero Internet ni nos tiene que paralizar ni servir de rémora o lastre, siempre que hayamos estado atentos/as y aprendido íntegramente la lección, que estamos obligados/as, desde el punto de vista intelectual, a mudar de criterio siempre y cuando alguien nos convenza con argumentos de peso de nuestro yerro en este, ese o aquel dictamen sobre este, ese o aquel ámbito o esfera del saber, en definitiva, de que estábamos equivocados.
Hágale ver a quien le moteja de chaquetero/a o veleta que, aunque usted, Fulano de Tal (o Mengana de Cual), sigue siendo Fulano de Tal (o Mengana de Cual) y era quien sostuvo ese parecer en aquella ocasión, no es el mismo (la misma) que era, porque, usted, ha cambiado un montón. No tenía otrora ni las uñas, ni la piel, ni los kilos, ni los conocimientos, ni las canas, ni los años, ni las arrugas que tiene ahora. Entre aquel/la, que, usted, fue, sin duda, y el/la que es en la actualidad ha habido una incontrovertible metamorfosis, una innegable y ostensible evolución.
A modo de resumen, no olvidaré, esto es, recordaré, lo que dice el dicho, que errar es humano, y aduce el proverbio, que rectificar es de sabios. Hace muchos años, aprendí de Confucio que “quien comete un error y no lo corrige comete otro aún mayor”. Pues eso sigue siendo así, tal cual. Convendría agregar, para completar o complementar el razonamiento expresado arriba, un pensamiento de Karl R. Popper, para quien la verdad es provisional, o sea, tiene carácter interino, pues dura mientras no es refutada por otra, que viene a ocupar , en ese preciso, exacto y concreto instante, su lugar.
Cuando alguien le señale una o varias incoherencias en las que ha incurrido, sea honesto/a y acepte el reproche, si viene a cuento, de buen grado, y sea, asimismo, coherente. Explique con argumentos y razones por qué opina ahora lo que opina, por qué lo hace en el sentido que lo hace y qué le ha llevado a cambiar el signo de su tesis o de parecer. Y procure ser convincente. Hágame caso y despreocúpese de si lo logra o no, porque quien hace todo lo que puede no está obligado/a (ni por su ciencia ni por su conciencia) a hacer más.
Creo que fue alguien al que le habían hablado o había leído algo de Ernest Renan quien dijo que el mejor remedio para no cambiar es dejarse llevar por la corriente, quiero decir, no ponerse nunca (ergo, oponerse siempre) a reflexionar.
Ángel Sáez García
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