El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¡Qué trío, soledad, silencio y Ángel!

¡QUÉ TRÍO, SOLEDAD, SILENCIO Y ÁNGEL!

Dilecta Pilar:

Sabes (me consta que eres consciente de ello), a ciencia cierta, porque te lo he escrito varias veces, que no tienes la obligación de contestarme, de dar cumplida respuesta a mis correos. Yo lo hago en un pispás. Luego los corrijo y hago todo lo posible para embellecerlos, cuando conformo con ellos las epístolas que te dirijo.

La soledad y el silencio son estupendos compañeros de viaje para un escritor (hablo por mí, claro; que acaso lo que a mí me sirve no sea útil para otras/os).

Literato naufragado (hembra o varón) es (eso pretendía que se dedujese de la lectura atenta y detenida del romance) el que, en el supuesto de que tenga mala memoria, carece de libreta donde apuntar lo que entiende que pueda/e servirle o ser aprovechable desde su punto de vista, el literario (o desde cualesquiera otras variopintas perspectivas).

Yo suelo escribir los poemas, los relatos, los artículos (y hasta los correos) en el mismo instante en que me brotan las ideas (o cuando los recibo y leo) que los causan u originan. Hoy, verbigracia, estoy contento con lo que acabo de urdir y publicaré, seguramente, mañana: “Conclusiones que deben conocerse”. Te lo envío abajo, por si tienes tiempo de leerlo (cuando sea).

Si lo claro está claro, no hace falta manosearlo. Sé que a ti te cuesta más, por eso, una y otra vez, insistía en ello.

Pues si hay consenso, dilapidaré el tiempo y las palabras justas para apostillar o escoliar el siguiente asunto.

Abundo contigo en lo obvio (intuyo que también lo será para el grueso de las personas con dos dedos de frente). Doy por supuesto que hacer el amor o mantener sexo es un acuerdo entre dos (o más) personas (siempre que esté claro lo que se va a hacer y haya consentimiento explícito por parte de todas ellas en que el no es no —y basta con una sola negación; ergo, huelga todo tipo de insistencia—, y estas sean mayores de edad). La tesis que sostengo en mi texto es que los jueces (ellas y ellos) que deban resolver los próximos casos o procedimientos judiciales sobre violencia sexual (en grupo o en solitario) sean conscientes de lo que le ocurre a la mujer (que tiene respuesta fisiológica, lubrica, sin tener respuesta emocional, o sea, sentir placer cuando está haciendo algo que no desea hacer) y lo tengan en cuenta. Espero y deseo que haya quedado clara la intención de mi urdidura (o “urdiblanda”). Aún no ha aparecido, la publicaré mañana en mi bitácora.

Otro (de tu amigo Otramotro, desde la biblioteca de Tudela).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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