El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Esfuérzate en sacarle al mal lo bueno

ESFUÉRZATE EN SACARLE AL MAL LO BUENO

Dilecta Pilar:

Lamento que la pasada noche te hayas desvelado, pero, al menos, has demostrado tu inteligencia, ya que el desvelo (de aquello que abunda en maldad urge hacer el esfuerzo de sacarle todo lo bueno que hay/a) lo has aprovechado (que es lo que acabas de hacer con tu insomnio, extraerle el jugo o zumo, sacarle el máximo rendimiento) para contestarme, hecho que te agradezco y valoro un montón.

En lo tocante a lo que cuentan las nuevas sobre Lourdes, abundo en tu parecer, porque yo también soy un escéptico empedernido.

Ayer hiciste lo oportuno al acudir a la presentación del último poemario de Tello (espero que no olvidaras coronar, asimismo, el doble encargo que te hice de saludar a Rosendo y darle las gracias a su esposa por cuidar de él como oro en paño). Ya sabes que la cachava o gayata es la tercera pierna del hombre (hembra o varón) anciano, respuesta correcta que dio Edipo al acertijo que le propuso la esfinge, que, furiosa por que Edipo hubiera dado con ella, se suicidó abalanzándose sobre una roca y abriéndose la cabeza con(tra) ella.

Celebro que te haya petado cómo ha quedado la epístola.

Olvidábaseme comentarte que, como había ejemplar, he podido leer tu artículo, “Ellos también amaban”, en el Heraldo y me ha gustado mucho.

Se nota que eres una lectora avezada y que estás al día. Haces referencia en tu artículo a textos que has leído en Facebook, al poemario premiado de Juana Castro (de cuyas existencias, autora y obra, ignoraba), a “Ordesa”, de Manuel Vilas (¿Ya has leído lo último del aragonés?); a “La carne”, de Rosa Montero; a noticias que han aparecido en los mass media, que tienen que ver con el progreso o el retroceso que estamos viviendo. Bienvenida esa alusión o evocación que haces, humana, muy humana (o, su opuesta, inhumana o deshumanizada), de la diferencia que cabe hallar entre los hijos que se pelean por la herencia de los padres, ancianos, y los que lo hacen por cuidar de ellos. Otro de tus cantos a la empatía y la solidaridad, presente y ausente por doquier, por cualquier rincón del mundo. Itero lo dicho. Me ha gustado mucho.

De nada. Agradezco tu confesión, de veras. A mí me ocurre tres cuartos de lo mismo que a Unamuno, que quería creer, pero la razón, el uso que él hacía de su razón, que no le dejaba a él hacer tal cosa, es la misma que me impide que eso pueda culminarlo yo. En mi cabeza no logro encajar las piezas de ese rompecabezas o Dios que es omnisciente, omnipotente y, amén de arquetipo insuperable de justicia, todo bondad. No es mi propósito convencerte, pero juzgo que estoy obligado a echar mano de lo que argumentaba Epicuro de Samos, para explicarme con sus palabras e ideas: “¿Dios está dispuesto a prevenir la maldad pero no puede? Entonces no es omnipotente. ¿No está dispuesto a prevenir la maldad, aunque podría hacerlo? Entonces es perverso. ¿Está dispuesto a prevenirla y además puede hacerlo? Si es así, ¿por qué hay maldad en el mundo? ¿No será que no está dispuesto a prevenirla ni tampoco puede hacerlo? Entonces, ¿para qué lo llamamos Dios?”. Para ratificarse en la mencionada idea argüía: “¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros”. Quien, como Unamuno, quiere creer, ha juzgado oportuno mudar esa voluntad de creer por la voluntad de crear y en esas está, como puedes comprobar, ejerciendo de semidiós (si existe Dios y fuimos hechos a su imagen y semejanza), no con la acepción que da el DLE.

Te comprendo y entiendo que estés orgullosa de atesorar dicha joya o estar en posesión de dicha “Antología simbólica del jardín”, dedicada por el autor, uno de tus maestros.

Lo de erudito tiene tamaño peligro, pues puede seguirle a la susodicha voz la locución peyorativa “a la violeta”, que llevará sin remisión al agraviado al patíbulo (o cadalso) intelectual, como tituló (y subtituló “Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones para los siete días de la semana”) su obra en 1772 don José (Ídem).

Ya me aleccionarás sobre dicho proceder.

Otro de sábado (de tu amigo “Otramotro”).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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