El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

No olvidé dónde estuve ni con quiénes

NO OLVIDÉ DÓNDE ESTUVE NI CON QUIÉNES

Dilecta Pilar:

El hombre (hembra o varón) es un animal social, sociable, pero quienes no están preparados (ellas y ellos) para socializar, mejor que en la calle estarán en otro lugar (quienes entiendan dónde deben estar y cómo debe llamarse que lo digan).

Así es. Uno puede olvidar dónde estuvo pero no con quién estuvo. Quienes tenemos buena memoria no olvidamos ni el paisaje ni el paisanaje.

Tienes tarea por delante, sí. Es más fácil alargar un texto que resumirlo (al menos, para mí). En cierta ocasión, un redactor de cierto periódico me pidió que lo acortara y preferí no publicarlo. Ya sabes que todo lo que urdo (o casi todo, antes o después) ve la luz en mi bitácora, el blog de Otramotro.

He leído tu reivindicativa columna, sí, en el Heraldo. Te consta que lo hago cada viernes (siempre que quede ejemplar en la Librería/Papelería “El Cole”, claro). En un país en el que hacen falta propuestas y soluciones imaginativas para solventar el problema acuciante de la violencia de género, la oferta de Vox, de que el ciudadano (ella o él) pueda acceder más fácilmente a las armas es propia de bombero (y que me perdonen los susodichos, hembras y varones, contra quienes nada tengo, por supuesto, porque me limito a usar la locución adjetiva coloquial, con el sentido que recoge el Diccionario de la Lengua Española, DLE, absurdo, descabellado), como poco, y la de mudar el nombre masculino de la formación política por el femenino (Unidos por Unidas) de traca, merecedora de un premio (espero que nadie me pregunte nunca cuál le hubiera otorgado servidor a quien tuvo tamaña idea).

Te agradezco sobremanera el enlace que me has adjuntado en tu correo sobre la noticia de la audiencia del Papa a los varios representantes de la familia camiliana. Supongo que José Carlos Bermejo, que aparece en la foto, sintió una emoción especial, una ternura extraordinaria, cuando escuchó, habló (aunque solo profiriera un “¡qué honor, Santidad!) y estrechó la mano del Sumo Pontífice. Son pocos los elegidos, quienes, a lo largo de su vida, gozan de la inmensa fortuna y tienen la inolvidable dicha de cumplimentar una sola vez al sucesor de Pedro en la Tierra. A mí no me importaría acudir de nuevo a Roma (donde dormí la primera noche que estuve en la Ciudad Eterna en la calle, cerca de una fuente, y el resto de los días que estuvimos Álvarez, Bermejo, Santaolalla y servidor allí, en la Casa General de la Orden, en la habitación asignada a un padre provincial de un país de Oriente) para ese menester excelso (entre otros; volver a contemplar la Capilla Sixtina sería otro inexcusable, ineludible). Aunque me considere un ateo, me pasa lo que a Unamuno (a quien identifico muchas veces con su personaje literario San Manuel Bueno, mártir), que deseaba con todo su ser (y hasta se moría por) creer. Y como ese menester concreto, al parecer, lo tengo vedado, me conformo con todo lo que comporta un verbo cercano al tal en lo tocante a su sonoridad, crear.

Mi dirección postal aparece en mi firma electrónica, Pilar.

Buen finde.

Otro (de tu amigo Otramotro).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Recibe nuestras noticias en tu correo

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído