El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

«La casa del lago» es un impar sueño (I)

“LA CASA DEL LAGO” ES UN IMPAR SUEÑO (I)

“A veces sucede que una mujer es más atractiva a los veintinueve que diez años antes; y, en general, si no ha habido ni mala salud ni ansiedad, es un momento de la vida en el que casi no se ha perdido ningún encanto”.

Jane Austen, en “Persuasión” (la última novela que escribió, publicada póstumamente, en 1818).

Como cada quien suele contar la cinta que acaba de ver (y oír) a su manera, deseo y espero que nadie se moleste con servidora por el siguiente motivo: la abajo firmante se dispone a narrar la susodicha como a ella le peta, según su peculiar modo.

La casa del lago” (2006) es un (impar) sueño. Eso parece dar a entender al espectador (ella o él) el inicio del filme, cuyo guion lleva la firma de David Auburn y fue dirigido por Alejandro Agresti (que, como hiciera el maestro Alfred Hitchcock, hace un cameo en él, pues aparece sentado al lado de Kate, leyendo el periódico en un tren y usando un aerosol bucal). A la protagonista, la doctora Kate Forster (Sandra Bullock), que aparece con los ojos abiertos, contradiciendo lo que acaece en el teatro, que la subida del telón acostumbra a ser el arranque de la obra, se le bajan los párpados o los cierra para comenzar a soñar.

Está claro que el abogado, gobernador y escritor Plinio el Joven daba de lleno en el clavo o en el blanco o centro de la diana cuando recordaba y dejaba constancia en sus epístolas de lo que solía escucharle decir a su tío (“dicere etiam solebat nullum librum esse tam malum ut non aliqua parte prodesse”, “que no hay ningún libro que sea tan malo que no aproveche en alguna de sus partes”) Plinio el Viejo, el mejor naturalista de la antigüedad (murió el 25 de agosto del año 79, como consecuencia de los gases de la erupción volcánica del Vesubio, que sepultó Pompeya y Herculano). El juicio que sostenía el autor romano, mutatis mutandis, sirve o cabe extenderlo a cualquier película, por mala que sea.

El guionista de “La casa del lago”, David Auburn, que sigue la estela de su homólogo, el del filme norcoreano, lleva a cabo un exhaustivo aprovechamiento de todas las posibilidades visuales que le ofrece el amplio abanico de las técnicas narrativas en el mentado trabajo, un mosaico cinematográfico: estilo directo, estilo indirecto, estilo indirecto libre, prolepsis o flashforwards (saltos al futuro, como cuando Kate le anticipa y pide perdón a Alex Wyler, Keanu Reeves, por las huellas de perro que hay en la pasarela y entrada de la casa y ¿el contenido? de la caja de la buhardilla —barrunto que en ella está la fuente o el origen de la obra, en las cartas que, presuntamente, contenía y propiciaron la escritura del guion—, o le previene del mal tiempo que va a hacer en la pretérita (para ella) o inminente (para él) primavera (hasta tiene el detalle de dejarle en el buzón una bufanda roja), o le deposita el libro (con dos años de antelación) que va a publicarse sobre su padre (en el que Alex se detiene en la foto en la que él se ve junto a su progenitor, ambos de espaldas, mirando la casa del lago) que le deja en el buzón, puerta que une los dos cronotopos, separados por dos años de diferencia, que viven los solteros, la doctora y el arquitecto, o cómo da cuenta del atropello de Alex en la Plaza Daley, que luego no ocurre), pluralidad de narradores y puntos de vista, monólogos interiores, diálogos visuales que no han ocurrido, fundiendo las misivas de una y de otro (como el que mantienen en el parque estando ambos sentados en dos bancos o el que sostienen en el bar acristalado).

Al ser “La casa del lago” un remake, y al no haber visto (ni oído ni leído) servidora la versión original subtitulada, “Siworae” (o “Il Mare”, como también se la conoce), no estoy capacitada ni me hallo en disposición de adjudicar aciertos y errores a David Auburn, el guionista del filme que he visto (y oído) varias veces a lo largo de la presente semana. Con otras palabras, sería una insensata si hiciera tal cosa, pues, al reconocer que ignoro cuáles han sido sus aportaciones, queda claro que no puedo valorar (ni bien ni mal) las tales. Sin embargo, nada me impide opinar sobre el resultado definitivo de la cinta en cuestión. Sí he advertido que en mi balance final el platillo de los puntos a favor o pros andaba lleno y el de los puntos en contra no estaba escaso. Repasemos algunos.

(Continúa.)

Jack, la mejor y más cínica amiga de la solitaria doctora del futuro y del soltero arquitecto del pasado, además de una experta jugadora de ajedrez.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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