El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Eso mismo más veces me ha pasado

ESO MISMO MÁS VECES ME HA PASADO

Hay agrupaciones o rosarios de palabras tan prudentes, tan sabias, que un día las leíste donde te consta o las oíste no sabes, a ciencia cierta, dónde, pero tanto unas como otras (¡tanta importancia les concediste!) quedaron grabadas a fuego en tu mente.

De las que entrecomillaré luego, por ejemplo, sí sé la procedencia. Se las escuché decir varias veces, de corrido, a un anciano, enfermo crónico, del asilo que había otrora en la calle Cartagena de la capital maña, adonde los prenovicios Camilos, que cursábamos COU (en el colegio “Enrique de Ossó”, “las Teresinas”), acudíamos los sábados por la mañana, para echar una mano a las monjas que dirigían el establecimiento benéfico, a fin de coronar un trabajo solidario, humanitario, empático.

El señor (lamento no recordar hoy su gracia de pila), al que solía ayudarle a vestirse y asearse (él gozaba un montón cuando servidor le cortaba las uñas de los pies con las tijeras, pues el cortaúñas que me dejó la sor —de quien, asimismo, he olvidado su nombre— para llevar a cabo dicho menester no servía con las suyas, de gavilán), usaba unos calcetines finos, parecidos a los que la gente llama hoy “de ejecutivo”.

Cierto mediodía, acabada la labor social asignada, cumplido con creces el cometido, antes de despedirnos mutuamente, le pregunté si se sabía algún texto de memoria. Me contestó que sí, que se había aprendido, hace muchos años, buena parte del parlamento final de una obra de teatro, según él, pero no recordaba el título de la pieza dramática ni el nombre ni los apellidos de su autor: “No olvides, camarada, que quien marcha en cabeza de la manifestación en contra de una idea descabellada, sin pies ni cabeza, puede que ande desfasado, porque acaso otro le haya tomado la delantera, quiero decir, le haya quitado el hierro sobrante al asunto, un desmán; ergo, haya hallado una solución satisfactoria al problema que el atropello o exceso concitaba quien no deseaba que el abuso de autoridad siguiera en pie y se devanó los sesos para encontrar por dónde meterle mano para, de resultas, poder resolverlo. O dicho de otro modo, recuerda que el éxito deviene (en) fracaso, o viceversa, por un azaroso o fortuito cambio en la dirección del viento”.

No he contado todas las horas que he invertido de mi tiempo de asueto o libre en indagar la obra de teatro a la que pertenecen las líneas entrecomilladas del parágrafo precedente. Aunque no creo que las haya desperdiciado, reconozco que no hallé lo que andaba buscando con ahínco; así que acepto que haya quien juzgue que naufragué.

Tal vez la clave de todo estribe o esté en que lo que recuerdo fielmente sobre el particular no sea la suma ni el producto de la realidad que acabo de contar, sino la mera consecuencia de un sueño repetitivo. Eso mismo más veces me ha pasado.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído