El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

De una mujer que así se llama, sí, Iris

DE UNA MUJER QUE ASÍ SE LLAMA, SÍ, IRIS

   “Solo hay tres cosas que pueden hacerse con una mujer. Usted puede amarla, sufrir por ella o convertirla en literatura”.

   George Lawrence Durrell, en “Cuarteto de Alejandría”.

   Reconozco que la muestra es mínima, insuficiente y, por tanto, escasamente científica, pero he hecho la prueba y he sacado estos resultados. He preguntado a dos docenas de personas (entre amigos, deudos, saludados y desconocidos; al menos, cuatro de cada una de las categorías o grupos mencionados), ellas y ellos, cuál era el mayor misterio de sus vidas que habían logrado explicitar; y no ha habido una sola respuesta coincidente. De las dos docenas de cuestionadas/os o encuestadas/os he obtenido otras tantas contestaciones, todas ellas diferentes. Eso ha propiciado que me decantara por intentar desentrañar el misterio que tengo entre manos, que acaso no sea el mayor de mi existencia, pero sí el que puede ser más fácil o raudamente desvelado por servidor.

   Porque hay por ahí mucho incauto suelto, ella y él, juzgo que he de ser sincero y reconocer esto sin rodeos, que Iris Gili no existe, o que solo es una recreación libre, ficticia, de alguien que conocí en el archipiélago canario, en Tenerife, donde el Teide imponente se yergue y majestuoso, de una mujer que así se llama, sí, Iris.

   Por eso me inventé que su novela, que se hizo acreedora a un falso premio, es del que todo el mundo habla el fenómeno literario del último quinquenio, la más multipremiada narración.

   Recrear a Iris, si tomamos en consideración o tenemos en cuenta el parecer/pensamiento (que encabeza este texto y le sirve de cita o epígrafe pertinente y relevante) de George Lawrence Durrell, que puso en boca de su personaje Clea, devino, más que una elección libre, libérrima, una imposición pura y dura, porque, tras conocerla, amarla y sufrir, al comprobar que el amor incondicional y perseverante que sentía por ella se había quedado en una pasión inútil, por carecer de futuro o recorrido, debido al terco rosario de calabazas que ella me había proporcionado, asumí como un deber o una obligación ineludible, metamorfosearla en personaje literario, manera suigéneris de agradecerle sobremanera el cúmulo de emociones, ideas, sensaciones y sueños que me había brindado, ora por causa de su iniciativa o influjo, ora por razón del mero azar, haberme enamorado hasta los tuétanos de ella.

   Dar vida literaria a Iris fue, itero, ojo al dato, un mandato, del que no consiguieron desentenderse ni pudieron librarse mis heterónimos, a los que les pedí con tanta insistencia (seguí el ejemplo proverbial del machacón Juanico, el del chiste de la petaca, que contaba otrora, de modo inmejorablemente divertido, el difunto Señor Tomás) que me echaran una mano que terminaron echándome las dos, y uno de ellos, seguramente, Emilio González, “Metomentodo”, comentó oportunamente: “Démonos, sí, demonios, por jodidos”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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