El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Anda por ahí huérfana o soltera

ANDA POR AHÍ HUÉRFANA O SOLTERA

Dilecto Otramotro:

Como me solicitas que te cuente cómo me va, me apresto y apresuro, fautor, a complacerte sin demora. Después del alboroto y maremágnum, para tu estro poético ideal es salir a comprar lo que le falta y no sentir un ápice de angustia. La mascarilla ayuda a no ser vista. Qué bendición, pasar inadvertida. Que no me olviden, pero en paz me dejen, hasta que urda y presente otra novela.

Ser la de la ficción dama de España, que es uno de los títulos que han dado, sin duda, es galardón inmerecido. Supones estupendamente, amigo. Tras ganar el Total por “El mosaico” (no te agradeceré nunca bastante que me insistieras, sí, y la presentara a dicho y convocado recién premio), su esperada edición y promoción, sin fuerzas me quedé, sin brío, exhausta. Así que procedí, a partes iguales, a un montón divertirme y relajarme. Me ayudó a conseguirlo interesarme por varias teorías sin sentido de la conspiración que pululaban por ahí (sea ahí el lugar que sea).

Ignoro si el patógeno letal en un laboratorio nació chino y si este sin querer huyó o queriendo de allí. Lo que me consta es que diversos epidemiólogos y virólogos habían advertido a la opinión pública con antelación de que una pandemia de las características actuales podía acaecer en unos años o lustros y, por tanto, pendía sobre nuestras cabezas como otrora la espada de Damocles. Que haya quien crea que el coronavirus se expande o extiende por medio de la telefonía móvil, como otros virus informáticos, indica bien, a las claras, que en algo tiene que creer el que, por la razón que sea, ha dejado de creer en otras cosas o, tal vez, en todo, barrunto. Y que la vacuna, que lo dejará para el arrastre, fuera de juego, sea portadora de un chip para mantener localizados a todos los que nos la inyecten es de traca, propio de otro Verne, por su cacumen, especialmente dotado para la ciencia ficción.

Hay intérpretes que cantan muy bien, pero, cuando salen del ámbito que dominan e intentan, sin ser el papa, pontificar, suelen meter la pata hasta el mismo corvejón, o sea, desbarrar bastante, como le ocurrió a cierto zapatero, que enmendó la plana al pintor griego Apeles, porque no había sido fiel a un modelo, pero luego, pasándose de listo, o de castaño oscuro, fue mandado por el artista susodicho a su lugar habitual de trabajo, a perfilar o perfeccionar unas sandalias, u otro tipo de calzado que tuviera entre manos, con la expresión proverbial, ya clásica, de “zapatero, a tus zapatos”. Hay cantantes que, cuando dejan de cantar, siguen cantando, pero de otro modo, más que un eventual pésimo portero de fútbol, verbigracia, o un delincuente torturado (práctica, a todas luces, reprobable).

Hacedores de teorías conspiranoicas ha habido siempre, desde que el mundo es mundo. El más espabilado o soñador de un grupo humano las imaginaba y, si era escuchado por un público crédulo, entregado, iluso, ya tenía el terreno abonado para que, si no había refutadores, la teoría formulada deviniera creencia.

Puede que, como las religiones (la católica, apostólica y romana, sobre todo) han caído en desuso, algunos hombres (hembras y varones) gocen mientras otros intentan convencerlos con teorías disparatadas, absurdas. Vuelven, como el eterno retorno, a resurgir de sus cenizas, como el ave fénix, los terraplanistas, los que no creen que el hombre pisara la luna, los que aseguran que Angela Merkel es un deudo (quien no afirma que es hija asegura que, al menos, es sobrina) de Adolf Hitler; y, asimismo, que Elvis Presley, como le ocurrió varias veces a Charles Chaplin, “Charlot”, sigue sin ganar un concurso sobre Elvis (dando a entender que aún vive, claro). Insisten machaconamente, una y otra vez, en lograr lo que nunca antes consiguieron, que esa mentira fuera tenida por verdad. Porque ser mendaz hasta el hartazgo, como aconsejaba hacer Joseph Goebbels, fracasó, fracasa y fracasará; jamás (ob)tuvo el resultado o corolario apetecido.

Los convencidos (ellas y ellos) de las diversas teorías conspiranoicas se extrañan de que servidora, que es, presuntamente, más inteligente que ellos, no aproveche la ocasión, pintiparada, calva, de la dación y explicación que están dispuestos a brindarme gratis et amore para que adopte o case con una verdad absoluta que anda por ahí huérfana o soltera.

   Iris Gili Gómez

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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