El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Cuatro horas pueden ser la repanocha

CUATRO HORAS PUEDEN SER LA REPANOCHA

¿“LOS LUISES”? ¡GENEROSOS Y LEALES!

Hoy (en este momento concreto, cuando redacto estas líneas con la diestra, que empuña un bolígrafo que va dejando rastro y trazos de tinta azul, que no coincidirá con la data en que las pase a ordenador en la biblioteca pública ni, tampoco, seguramente, con la fecha en que vean la luz en mi bitácora, por las mismas razones que he aducido otras veces) he comido en el bar “Aragón” con dos de mis mejores amigos. No es mi propósito desmerecer o hacer de menos a otras personas, a las que considero también inconcusos amigos míos (algunas de ellas, además, esgrimen o llevan aparejada la circunstancia aliñada o añadida de que son deudos del abajo firmante), pero no miento un ápice, migaja o pizca al aseverar que, por la trayectoria, o sea, el roce o el trato, y, sobre todo, por el bagaje, que otros llaman respeto al contrato firmado o sustrato, a secas, esto es, el peso del poso emocional y sentimental (a pesar de que nos vemos poco, de cuando en vez, o de vez en cuando), desde hace bastantes años, más de siete lustros, el de Tafalla y el de Rincón de Soto vienen siendo, sin duda, y, hoy por hoy, son mis mejores amigos.

Desde hace tres meses largos, en concreto, desde el pasado 21 de septiembre, festividad de san Mateo, que nos juntamos en Logroño, no había tenido la dicha de compartir mesa y mantel con “los Luises”, Luis Quirico Calvo Iriarte y Luis de Pablo Jiménez. El día de marras fuimos un comensal más, pues se unió al trío habitual José María, amigo de Calvo y tan aficionado como él al juego de pelota a mano (en la fecha susodicha los cuatro estuvimos viendo en directo, en la cancha del frontón Adarraga, varios partidos de pelota por parejas), con el que habíamos tenido la suerte de coincidir en una ocasión anterior. Entonces, nos reunimos en torno a una mesa redonda, ancha, del mesón “Matute”, en la calle Laurel, si no marro. Esta vez, hoy, han sido dos las mesas, de igual forma circular, pero más pequeñas, las que ha decidido juntar el camarero para dicho fin.

Tras tomarnos, como aperitivo o vermú, una copa de vino blanco cada uno y media ración de gambas a la gabardina (de la que hemos dado buena cuenta, al alimón, Calvo y yo) en la terraza del “Aragón”, nos hemos acercado a la puerta de entrada del restaurante “Remigio Queiles”, pero estaba completo. Hemos regresado a la Plaza de los Fueros o Nueva, al cogollo de la capital de la Ribera Navarra, porque ese había sido el deseo del médico tafallara o tafallés, experto odontólogo, tener como paisaje o entorno visual “el salón de estar” de Tudela; y, tras echarle un ojo (en realidad, los dos, que ninguno de los mentados somos tuertos), al cartel donde se anunciaba el menú del día, en el que ninguno habíamos reparado antes o a los tres había pasado inadvertido, hemos determinado, de consuno, almorzar en el interior del local, porque en la terraza, no obstante Lorenzo lucía a esa hora sus mejores galas, hacía rasca.

He de reconocer que el revuelto de espinacas, que he elegido de primero, y la lubina al horno, de segundo, incluidas sus espinas, que, una a una, dos a dos, o más a más, he ido quitando con paciencia y dejando aparte, en la orilla del plato, me han sentado estupendamente (antes me habían sabido exquisitos), pero las risas que he soltado (y las que he hecho desatar en mis amigos del alma) y las pullas, pocas, que les he lanzado (y las que, en mutua correspondencia, ellos han tenido a bien tirarme a mí) me han venido de perilla/s, aún mejor.

Cuando al paisanaje cabal se le agrega un paisaje que cuadra o encaja, esto es, que no desentona; y las viandas son apropiadas y los caldos son pasables, cuatro horas pueden ser la repanocha, la caraba o, mejor, miel sobre hojuelas.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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