El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Reflexión sobre el mal de nuestro tiempo

REFLEXIÓN SOBRE EL MAL DE NUESTRO TIEMPO

COMO AMBICIONAR ES GRATIS, ¿ANSIEMOS?

   El mal de nuestro tiempo es que la ciudadanía, a la que unos, los “hunos”, llaman gente y otros, los “hotros”, pueblo, atraída y arrastrada por el ansia (seudónimo con el que el demonio suele firmar sus desmanes, cuando no desea hacerlo con su diverso y/o variopinto nombre de pila, todos ellos verdaderos), vino a echarle, velis nolis, un pulso a la conformidad y se lo ganó, pero no se conformó nunca ni se conformará jamás con todo lo ganado. Querrá ganar otro, querrá ganar el siguiente, querrá ganar más, más de lo que le hace falta, pues con lo que tiene le basta y sobra (al parecer, muchos de mis congéneres, hembras y varones, que así actúan o se comportan, estuvieron antaño, otrora, el último día de fiestas de unos Sanfermines de hace tres o cuatro décadas, sábado, en Pamplona y se les quedó grabada en el caletre la letra de esa canción pegadiza, mera consigna fiestera, que gorjeaban, inconformes, a la hora del “Pobre de mí” las pamplonesas y los pamploneses y quienes fungían, se fundían con ellas/os y se sentían como las/os tales durante aquellas inolvidables horas: “Todos queremos más, todos queremos más, todos queremos más y más y más y mucho más”, que reiteraban sin que a nadie le hartara tanta iteración, usando un mecanismo igual o parecido al de un fusil de repetición.

   Te recomiendo, atento y desocupado lector, seas o te sientas ella, seas o te sientas él, que desoigas o eches en saco roto, allí donde te halles, ese consejo pésimo, por pernicioso, que pulula por doquier de querer más, de ansiar más bienes. Como te dejes engatusar y llevar por esa corriente maloliente, el mal de nuestro tiempo, puedes darte por perdido y podrido, porque lo estarás (antes o después). Como las fauces y las garras del inconformismo te den alcance y agarren, descubrirás, hayas leído la (Divina) “Comedia”, de Dante Alighieri, o no, lo que es un círculo infernal. Con tus propias manos, aun sin darte verdadera cuenta de cuanto hacías, habrás cavado la tumba donde enterrar tu desdicha.

   Puede que mañana leas a otro autor, hembra o varón, que defienda la tesis contraria u opuesta a la mía, que sostenga, verbigracia, que ambicionar no es algo malo en sí mismo; y dirá verdad, pero quien ambiciona ganar un euro hoy más que ayer, pero menos que mañana, puede convertir eso en un hábito, y ya se sabe que la costumbre deviene ley; y se pasa de un euro a dos o cinco o diez en poco tiempo, menos de un mes. El avaro que cuenta todos los días sus monedas de oro, ¿cree que estas menguarán si no les pasa él a diario las yemas de los dedos de sus manos? ¿Juzga que así aumentarán y hasta lograrán multiplicarse, como, según el evangelio, hizo, milagrosamente, Jesús de Nazaret con los panes y los peces?

   Quédate, lector cauto, ella o él, con esta certeza inobjetable, apodíctica: hay quien es tan pobre que solo tiene dinero o este, invertido en alhajas, lingotes o bienes de todo jaez, muebles, inmuebles y semovientes.

   Y, como me siento hoy generoso, añado otra razón a la caraba. Puede que el hombre sea la medida de todo lo existente o que pueda existir, hacerse o hallarse, pero no la medida sin medida, aunque amar sin medida, en todo momento y lugar, esté bien, siempre que no canse (a mí, mi madre, cuando no paraba de besarla, me llamaba unas veces cargante y otras canso o cansino) al ser amado, ella o él.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído