El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Acto de rebeldía que zahiere

ACTO DE REBELDÍA QUE ZAHIERE

UN ARGUMENTO COJO, MANCO Y TUERTO

“Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la viña’. Y él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ‘Voy, Señor’, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?”.

   Evangelio de Mateo, capítulo 21, versículos 28-31.

Un acto de desobediencia y/o rebeldía es aquel en el que uno, verbigracia, servidor, se sale del asiduo carril o riel de su lógico y normal proceder, de su comportamiento esperado, el que está cantado y contado para los demás y para sí mismo. Es aseverar, por ejemplo, un sí, cuando lo que debería salir por nuestra boca es un no rotundo, y viceversa. Ese ápodo y acéfalo acto de rebeldía, por sus consecuencias, puede ser catalogado por la crítica y/o el público como una heroicidad, la gesta de un prohombre, o como su ominoso contrario, un gesto indigesto.

En el día a día de nuestra anodina y monótona existencia, si estamos atentos a cuanto acaece a nuestro alrededor, si observamos y escuchamos con detenimiento o esmero, podemos ser testigos y hasta protagonistas de un acto de desobediencia o rebeldía tras otro. Basta con que no nos tapemos los ojos y los oídos para que la realidad descrita someramente arriba se canalice, cuele o encauce por uno o varios de nuestros sentidos, y devenga y tenga la consideración de un hecho fehaciente, irrefutable.

¿Acaso no fue un acto de desobediencia evidente y rebeldía manifiesta, aunque eso sí, sin pies ni cabeza, aquel en el que viste a quien tanto quisiste, quieres y querrás mientras vivas, al religioso camilo Pedro María Piérola García, en la Plaza de los Fueros o Nueva, de Tudela, un día festivo de finales del mes de julio (poco importa de qué año), puede que fuera el día 26, festividad de Santa Ana, la Abuela y Patrona tudelana, y pasaste olímpicamente de él, me pregunto, retóricamente, aquí y ahora? Si no fue un acto de desobediencia/rebeldía, además de incoherencia, incompetencia e ingratitud públicas y notorias, que venga Dios y lo juzgue, porque, si es omnisciente, ya lo previó, vio, ve y verá mientras el mundo siga siendo como es, mayoritariamente inmundo.

Para mí está claro, como el agua cristalina, que el acto de desobediencia y rebeldía que protagonicé otrora, del que salimos perjudicados tanto Piérola como yo, por distintas y tal vez complementarias razones, fue un acto de libertad pura y dura, pues pude hacer lo que hice (nadie me lo impidió) y pude coronar lo opuesto, que no llevé a cabo, a buen puerto; ahora bien, lo que nadie puede negar, porque no existe el modo, es que opté, aunque mi elección fuese aciaga, calamitosa, y a nadie le extraña que esta llevara a sentirme sucio, enmerdado, y que me autoflagelara y continúe flagelándome por ello.

Sé que me autoengaño cuando intento colar de rondón en la cúspide intelectual del razonamiento humano mi argumento cojo, manco y tuerto, de que un hecho rebelde, pero evidentemente inicuo, hizo que recuerde más fácil, fiel y habitualmente a quien me hizo tanto bien en mi adolescencia y me sigue haciendo tanto bien (nadie sabe dónde termina o tiene remate definitivo la benéfica influencia de un maestro memorable, ejemplar, modélico) en el otoño/invierno de mi vida, pero dicho subterfugio potente a mí me sirve, aunque constato lo incontrovertible, indisputable e indudable, que es una añagaza patente.

Acabo de releer cuanto llevo hasta aquí escrito, y para el párrafo final, para el epílogo o colofón he guardado lo que había reservado y sigue, que he llegado a la conclusión de que lo más conmovedor de haber acarreado (mitad en el cerebro, mitad en el corazón), durante tanto tiempo, mi reprensible comportamiento con Piérola se debe a un puñado de razones de peso, no tan infundadas como poco fundamentadas por mí, que el atento y desocupado lector (ya sea o se sienta ella, ya sea o se sienta él), seguramente, ya habrá barruntado o intuido, y que, por archisabidas o perogrullescas, acaso sea una necedad mayúscula que proceda a explicitarlas servidor.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

GRAN SELECCIÓN DE OFERTAS MULTI-TIENDA

CONSOLAS

ACTUALIZACIÓN CONTINUA

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído