El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

De perdido, al Leteo, infernal río

DE PERDIDO, AL LETEO, INFERNAL RÍO

NO ORGULLOSO ESTARÉ, SÍ SATISFECHO

Ignoro si a ti, atento y desocupado lector, ora seas o te sientas ella, ora seas o te sientas él, te consta un caso similar al que servidor, quien se dispone a trenzar aquí y ahora los renglones torcidos que darán cuenta, por extenso, del affaire o asunto que tiene entre manos, conoce con profusión de detalles o pormenores, pelos y señales. El abajo firmante, Evo Gonzálvez, “Metrónomo”, barrunta, intuye o sospecha que no debe ser el único.

En este mundo, mayoritariamente inmundo, donde transcurre nuestra existencia, hay quien ha hecho el notable y aun sobresaliente esfuerzo de labrarse un nombre (reconozco, sin ambages, que sé de quien ha trabajado mucho y bien para conseguirlo y, como normal, natural y lógico corolario, ha obtenido influencia y prestigio social, o sea, predicamento, entre la gente aneja y la ajena; crédito y fama ganada a pulso y con merecimiento, si valoramos con equidad sus frutos, sus obras) y un futuro exitoso.

Estoy completamente seguro de que hay una mano oculta que se ha dedicado y ocupado en cuerpo y alma y sigue sacrificándose al máximo, cueste lo que cueste, para que, a pesar de mis gestiones, sean estas las que sean, no obre ni tenga en mi poder todavía el material necesario que me permitiría, sin ninguna duda, espabilar y/o estimular mis aletargados recuerdos, que me ayudarían a redactar a una velocidad increíble, pareja a la del rayo, en un tiempo récord, la novela que anda rondándome el caletre desde hace ¿una década? Acaso me haya quedado corto.

Aunque no soy una fémina, sino un varón con pelo en el pecho (no he olvidado lo que Rudyard Kipling sentenció otrora, sin que nadie, hasta el momento presente, aunque haya tenido los arrestos o redaños de intentar desmentir al Premio Nobel de Literatura de 1907, ha logrado refutar: “la intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre”), me apostaría doble contra sencillo (dos cafés contra uno) a que dicha mano escondida, agazapada, corresponde a la diestra del sujeto, cuyo nombre compuesto y apellidos guardo, a buen recaudo, en una caja fuerte, mi memoria, y dejo en el tintero, aunque hoy gocen de una notoriedad innegable, un renombre acreditado.

Procurando que las cosas referidas a los casos que importan o interesan no sigan estando como están, inmutables, sino que cambien (para mí, al menos) a mejor, he tomado la siguiente decisión. Si no recibo, por el medio que sea (poco me importa cuál), el material susodicho, que preciso, sin falta, a fin de ser lo más fiel posible con lo que acaeció antaño, para urdir la novela sobre mi edén en el planeta Tierra, trenzaré otra, la que cada día veo más factible, que se centrará y contará la vida, penalidades y “milagros” de los años adolescentes y juveniles de un grupo de muchachos, entre los que cabrá hallar a quien hoy es doctor, una celebridad inconcusa, y a servidor, protagonista y testigo de vista y de oídos, porque ambos tuvimos un pasado coincidente, común, y algunas anécdotas o hechos de ese pretérito pueden venir a afear sobremanera y pesar tanto que lleguen hasta pisarnos y aprisionarnos a los dos, al desacreditar, desbaratar o desdorar, sobre todo, las aparentes y supuestas bondades del “santito”, la integridad o probidad de las que hace gala la eminencia, el prohombre. El arranque (y los rudimentos) de nuestro curriculum vitae, de nuestro prístino y presuntamente bien ganado honor, puede verse mancillado, al quedar en entredicho.

Sé de antemano que, si, a la postre, corono la segunda opción, el plan B, yo también voy a quedar con el culo al aire y, con total seguridad, dicho relato de hechos me va a denigrar tanto o incluso más que al célebre y reputado innominado, pero dicho deslustre lo voy a dar por bien empleado (de perdido, al Leteo, infernal río; quedaré satisfecho, no orgulloso), pues es la única manera que veo al alcance de mi patente y potente mano de desquitarme, de vengarme, de putear (dijera lo que dijera Ulpiano) al que tanto me ha perjudicado a sabiendas, poniéndome, un día sí y otro también, su apocadora rodilla sobre mi pecho para que no pudiera respirar ni levantar cabeza.

   Evo Gonzálvez, “Metrónomo”.

   Nota bene

Acabo de leer un estudio concienzudo y solvente que dice que la mente humana es capaz de recordar más fácilmente las novedades negativas que las positivas; y que basta con idear una patraña deletérea, venenosa, que hinque sus raíces en el cerval miedo, para que esta se difunda hasta seis veces más célere, rauda, que la noticia que la desmiente.

Aprovecho la oportunidad de que soy quien gestiona (escribe, anima e inspira a los heterónimos que acarrea y pule los textos que ven la luz aquí, en esta bitácora), el blog de Otramotro y me concedo, gratis et amore, la posibilidad manifiesta de experimentar y comprobar, de manera fehaciente, si lo que ha sido probado antes por otros sucede, de modo igual o semejante, en mi caso, en mi casa. Porque en esta nota bene procedo a desmentir, de cabo a rabo, cuanto cabe colegir de los renglones torcidos que ha tenido a bien agavillar Evo Gonzálvez, “Metrónomo”, aunque, como ocurre en “Niebla” (escrita siete años antes, pero publicada en 1914), de don Miguel de Unamuno, donde el protagonista de la susodicha novela o nivola, Augusto Pérez, se rebela en vano contra su autor, aquí acontece lo propio.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

La selección de las mejores marcas de termómetros

TERMÓMETROS CLÍNICOS

Aquí encontrarás la oferta actualizada de estos dispositivos de salud

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído