El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

El morbo está en quien interpreta el hecho/texto

EL MORBO ESTÁ EN QUIEN INTERPRETA EL HECHO/TEXTO

¿QUE LA VIRGINIDAD PRODUCE CÁNCER?

Una desapacible tarde de domingo, de menuda y monótona lluvia pertinaz, mientras mi novia (si alguna vez lee estas líneas quien otrora lo fue sabrá, si no padece alzhéimer, Dios no lo quiera, su nombre de pila, seguro; al resto de los lectores, ellas y ellos, conocer su verdadera gracia ni les va ni les viene, o sea, les debe de importar un bledo o una higa, nada; acaso les baste con tener noticia de la anécdota, apodíctica, según el relato que hizo ella, que pudo mentir como una bellaca; conviene no descartar ni echar en saco roto esta opción, pues la pillé en varios embelecos), que, a la sazón, compartía piso con otras chicas, estudiantes también de los primeros cursos de carreras universitarias, se daba una ducha relajante en el baño, servidor miraba a través del amplio ventanal de la habitación de mi media naranja (así me refería a ella antaño, pero hace muchos lustros que no he vuelto a usar ese sintagma nominal), teniendo la punta de mi nariz pegada al cristal; y veía en la calle cómo las sombras, que se resguardaban bajo los paraguas negros y pardos que sostenían, trataban de arribar cuanto antes a sus casas.

En esa misma habitación mi innominada novia me confesó (otro día que ella estaba dicharachera) que una fugaz pareja anterior le había hecho mujer, es decir, le había rasgado el himen con su bálano o balano (pues bala no era, no, pero, según me contó ella, el glande, voz que también designa la cabeza del miembro viril, de su efímera pareja le pareció que le rasgaba por dentro y tan grande como un ariete), de él, ¿un bala? Durante esa misma jornada de marras (no la de los autos del desfloramiento), reconoció su monumental insensatez al confesarme que se había creído, qué crédula, a pies juntillas, esto es, que se había tragado, hecho caso y dicho amén al estúpido argumento que quien la desfloró le formuló y presentó como fetén, de que, como se había descubierto que la virginidad producía cáncer, ¿ha habido alguna vez mejor herramienta o recurso para desvirgar?, era recomendable que se vacunara cuanto antes.

Me gustó (más que me disgustó, que también lo hizo, su sinceridad, si no me contó una trola como una catedral, pues era muy peliculera; porque, por entonces, este menda defendía, a ultranza, lo que había leído que había dejado escrito en letras de molde André Maurois, que “ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa” o se sabe que acaeció, de verdad) que me lo relatara con los detalles que escogió voluntariamente para referirme el hecho (del deshecho, sí; el morbo no está en quien narra, sino en quien interpreta lo contado, haya sido esto oído o leído), porque, desde mi más tierna infancia, servidor siente predilección y una emoción especial al saber, de primera mano, o de manera fehaciente, que se halla donde algo principió o echó a andar, o, por el contrario, donde algo acabó y fue enterrado; donde algo empezó o se ganó y donde algo finó o se perdió para siempre, aunque sigan existiendo y ofertándose por doquier celestinas y/o “remiendavirgos”.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído