El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Gozo un montón trenzando prosas, versos

GOZO UN MONTÓN TRENZANDO PROSAS, VERSOS

Y OTRO TANTO LO OPUESTO HACIENDO, PROSAS

   Muchas personas, estando en sociedad, repiten hasta la saciedad esa cantilena o cantinela que airea que quienes duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión. Puede que ese criterio mancomunado sea el resultado de un largo debate de ideas y se halle a medio camino entre lo que opinaba un cónyuge al principio y lo que sostenía al inicio del proceso el otro; y, entonces, clara y cristalinamente, el dicho sea verdad irrefutable, apodíctica, y esté en lo cierto y tenga su razón de ser, pero no creo que eso suceda con los gustos o preferencias, si estos/as arraigaron en la infancia, ni siquiera con las pasiones, aun siendo estas adquiridas recientemente. Por ejemplo, a mi esposa Francisca Marifé le encanta, pues disfruta de lo lindo, leyendo a una serie de autores (ellas y ellos) que no me terminan de gustar ni satisfacer del todo a mí; lo propio acaece y cabe aducir al revés, viceversa.

   A Marifé le complace leer al hacedor (hembra o varón) que usa en sus escritos palabras corrientes, de uso común; así ella no tiene que hacer, según arguye, una lectura con el diccionario de la lengua española (DLE) al lado, para consultar, cada dos por tres, cada par de párrafos o aun de renglones, palabras cuyos significados desconoce. A mí no me importa seguir incrementando, de esa manera, mi acervo o competencia lingüística, aunque deba detenerme para consultar esos vocablos cuyos sentidos rectos ignoro y, de esa guisa, poder interpretar correctamente el texto, aunque por el contexto hubiera podido solventar y salir airoso de ese aprieto o brete.

   A “Chisca” le entusiasma la naturalidad y que esta fluya así como lo hacen las líneas que ella se lleva a los ojos, como si estas hubieran sido trenzadas sin apenas denuedo. Yo le suelo argüir que esa impresión puede ser falsa, y que al escritor (que, si es bueno, puede ser un magnífico impostor), ella o él, cuya obra está leyendo, acaso le haya costado Dios y ayuda urdir esos renglones o párrafos. A veces, en literatura, las cosas no son como parecen que son, ni dos más dos suman cuatro (porque puede que sumen más).

   He escuchado afirmar a ciertos profesores (de uno y otro sexo) y he leído a ciertos críticos (ídem) aseverar que Cervantes es un escritor fácil. A quienes insisten en mantenerse, en sus trece, y sostienen dicho parecer, me gustaría preguntarles si han tenido alguna vez, de verdad, un libro del autor alcalaíno entre sus manos. En algunas partes de alguna de sus obras dicho aserto se cumple, y es verdad incontrovertible, pero, en la mayoría de las tales, no. Tengo para mí que Cervantes es más difícil que fácil, porcentualmente hablando. Y considero que, para sacarle el máximo partido o provecho a don Miguel hay que leerlo siendo uno (hembra o varón) un lector hecho y derecho. Agregaré algo más: ayudará bastante a entender todo (si no todo, el grueso) lo que Cervantes urdió el serlo avezado.

   Si para conseguir en este mundo, mayoritariamente inmundo, cualquier desafío o reto, alcanzar un galardón o meta u hollar una cumbre, es conditio sine qua non, requisito imprescindible, poner en funcionamiento o marcha y práctica el proverbial DES, acrónimo de dedicación, esfuerzo y sacrificio, para escribir un artículo de opinión, una décima, un soneto, y hasta un ensayo o novela, se precisan, además de tablas y una mente preparada para dicho fin, el mentado trípode, el DES. Si uno no se pone a escribir lo que ha pensado (lo sé por propia experiencia), nada queda registrado, ni azul sobre gualdo, ni negro sobre blanco; nunca nada se escribió solo con ser pensado; hay que ponerse a ello, tomar el bolígrafo, el BIC, estupendo compañero de andanzas, y escribir a mano en las medias cuartillas amarillas que me suministra mi hermano Miguel Ángel, “el Chato”, para luego poder pasar esos renglones torcidos a ordenador. Hay autores que se saltan ese paso intermedio mío; a mí solo me cabe darles lo cabal, la ¡enhorabuena!

   Gozo un montón trenzando prosas, versos. Y otro tanto lo opuesto haciendo, prosas. Como se me han vedado otros placeres, mi libertad ejerzo siempre a tope y canalizar logro, de esa guisa, mi creatividad, don más preciado, al máximo, sacando todo el jugo.

   Eladio Golosinas, “Metaplasmo”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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