El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Navarrete mi edén fue en este mundo

NAVARRETE MI EDÉN FUE EN ESTE MUNDO

POR DONDE MÁS OSCURO ESTÁ AMANECE

Un escritor (lo trenzo sin fijarme en otras/os literatas/os, solo mirando a quien veo reflejado en el espejo de mi cuarto de baño, que no guarda parecido alguno con el escudo de bronce brillante que recibió en préstamo Perseo de la diosa Atenea, que le permitió ver a Medusa sin mirarla directamente, y es el objeto que, cuando recupero la vertical, tras levantarme de la cama, menos me miente) es una extraña intersección literaria, en cuya forja se fraguan y funden dos corrientes o líneas, la de la realidad pública y notoria y la de la ficción verosímil, y/o, si no gusta esta opción, brindo otra, en cuya única cuerda ambas pueden hacer acrobacias, manteniendo el equilibrio, cual peritas saltimbanquis.

Un escritor (ahora sí me fijo en otras/os letraheridas/os, a fin de tener una perspectiva de conjunto, más general o global del asunto en cuestión), a pesar de confesarse abierto a todas las varillas del desplegado abanico, suele mostrarse refractario al cambio, pero acepta, de buen grado (quien se niega a hacerlo sufre las diversas facetas o rigores del poliédrico infierno), las mudas propias de piel y pensamiento y de las circunstancias del entorno ajeno, cuando se imponen con toda su crudeza, de manera más o menos inesperada, aunque el susodicho, insisto e itero, reacio a la metamorfosis, siga pensando que el futuro es lo que siempre fue y será, una coherente consecuencia o corolario del pasado (que, una vez pesado, pisado, posado, como el polvo, que difícilmente es expulsado de donde se halla), tras ser tamizado por el arel del presente.

Al escritor solo le ocupa y preocupa un ápice o una pizca si un presidente federativo le dio un pico con el afilado ídem de sus labios o versos a Penélope (tras llevar cuatro lustros ausente Odiseo/Ulises) o a Lope (de Vega: “mas, si yo vuelvo mi pico, / con el pico de mis versos / a ese Lopico lo pico”, así terminó una de sus pullas al “Monstruo de la Naturaleza y Fénix de los Ingenios” Luis de Góngora y Argote), y si, terminando llamándola como la llamen, nos camuflan la rueda de molino de aceña (con o sin guiño) de la amnistía (que viene a ser como una tía lejana demodé, desfasada, con alzhéimer, con amnesia) en una exquisita hostia de pan ácimo, para que quienes conformamos la opinión pública y publicada la podamos deglutir más fácilmente, sin llegar a atragantarnos; pero sí le ocupa y preocupa sobremanera si el resultado de la biopsia (cuyo diagnóstico espera como agua de lluvia en abril) que le hicieron a su esposa, hija/o, hermana/o, amiga/o, o tal vez a él, es el que desea con toda su alma escuchar que profiere o pronuncia el patólogo: es benigno; o, en su defecto, asimismo, por qué no se le mantiene ahora enhiesto, firme, el mástil de su barco. El escritor es consciente de que el Armagedón puede suceder, pero lo suele descartar o no lo toma en consideración o cuenta, porque una cosa es ser pesimista (suele llamarse así a quien lleva puestas las gafas que ven cuanto ocurre de modo desfavorable) y otra catastrofista.

Puede que, como diserto tan a menudo en mis textos (ora en prosa, ora en verso) de que el extinto seminario menor de Navarrete (la Rioja) fue mi edén en el planeta azul (oscuro, muy oscuro, casi negro), la Tierra, algún lector (ella, él o no binario) de mis renglones torcidos haya podido colegir lo erróneo, que el apocalipsis es susceptible de que acaezca en cualquier momento (por culpa de Vladímir Putin, por supuesto); y es que yo acostumbro a buscar y hallar mi égida, mi escudo prodigioso, salvífico, en ese rincón navarretano, donde fui inmensa e intensamente feliz, que no contiene (ni está pertrechado más que decorado; qué cachondo soy a veces, sí) con la petrificante testa de Medusa, que logró descabezar Perseo con una hoz de acero (o diamante) que le cedió Hermes, sino que es una simple moneda indeleble, que exhibe la efigie de Arteaga en el haz y la de Piérola en el envés, o viceversa.

   Nota bene

El escritor, cuando constata que el optimista que había acogido o amparado en su seno ha huido despavorido de su anatomía, debido al cerval miedo, se calma y consuela recordando lo que escuchaba aducir a su progenitora, Iluminada: por donde más oscuro está amanece.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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