BOYERO GUÍA AHORA EL CARRO PROBO
Cuando leí cuanto libro cayó en mis manos escrito por Karl Raimund Popper, me quedaron claras, cristalinas, varias de sus ideas, que me vi en la obligación intelectual de hacer mías, porque no pude oponerles las objeciones que las abatieran; entre ellas, esta, que la verdad es interina, provisional, y, por ende, que dura en pie mientras no es contradicha, refutada, por otra que, en ese mismo momento, viene, tras derribar a la que ahora aparece y permanece en el suelo, abatida, a ocupar su pedestal.
Desconozco las entrañas, entresijos y entretelas del despido fulgurante de Fernando Savater de EL PAÍS (por la sencilla razón de cuanto un adagio español acarrea en sus tripas, que del dicho, o lo escrito y leído, al hecho o lo hecho por quien sea, suele haber siempre un incómodo trecho), pero no qué le escuché decir al cardenal Altamirano (Ray McAnally) en la película “La misión” (1986), dirigida por Roland Joffé, que “el espíritu de los muertos (vocablo que cabe mudar aquí por callados o despedidos) sobrevive en la memoria (y las muis y las péndolas) de los vivos (o quienes trabajan en el mismo medio todavía)”.
Y eso es así, tan evidente, que lo comprobé, sin ir más lejos, el sábado pasado, cuando constaté que Carlos Boyero portaba la sabatina y savaterina tea de la integridad (los intelectuales de postín, no los de pacotilla, de tres al cuarto, tienen la sagrada obligación de seguir la divisa o el vítor de Miguel de Unamuno, “Primero la verdad que la paz”, o sea, de ser, además de fieles espejos de cuanto ocurre a su alrededor o allende los mares, antorchas de su tiempo y espacio, que alumbren las inteligencias de sus coetáneos y coterráneos para que descubran las verdades que las sombras del poder intentan escamotear, esconder) en el artículo titulado “Fachosfera”, que vio la luz en la página 47 de EL PERIÓDICO GLOBAL, EL PAÍS, del 3 de febrero de 2024. La misma o parecida probidad intelectual (por cierto, recomiendo encarecidamente que se lea y relea el último PALO DE CIEGO de Javier Cercas, titulado “Un llamamiento a la sumisión”, que apareció ayer en EL PAÍS SEMANAL; conviene pasar los atentos ojos por todo lo que antecede y todo lo que sigue a esto, crucial: “Mal rollo: lo raro no debería ser rebelarse contra el engaño, la vileza y la injusticia, vengan de donde vengan; lo raro, lo pasmoso es la mansedumbre, el aborregamiento y la sumisión al poder de quienes deberían ser los primeros en impugnar sus desmanes y en cambio se aplican a urdir, como dice Noam Chomsky, las ‘ilusiones necesarias’ para justificarlos”) de Fernando Savater (es lógico y normal que esta zahiera) cabe advertir en la columna citada, publicada el día de san Blas (y demás santos; por cierto, aprovecho la ocasión, pintiparada, para darle, una vez más, las gracias a mi prima “Fina”, que, por mediación de Paula, amiga de su hija Laura, me hizo llegar ayer las rosquillas y los cordones del santo mentado, al que se le venera en su ermita de Cornago, La Rioja).
Sinceramente, no creo que la etopeya que Carlos Boyero pinta o traza del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (¿por qué nadie de su entorno más cercano le dice la verdad pura y dura, que, en el asunto de la amnistía, está cometiendo un error morrocotudo, que está metiendo la pata hasta el mismo corvejón?), en su escrito, “Fachosfera”, la mejorara (acaso pudiera igualarla) Fernando Savater. Le pido el preceptivo permiso y copio el párrafo central entero, porque no tiene desperdicio: “Pero de forma tal vez caprichosa relaciono ese preocupante interrogante cuando escucho al líder de las causas sociales, al supuesto paladín de los más vulnerables, a ese cinismo sin caretas en nombre del poder, a ese posibilista desvergonzado llamado Pedro Sánchez, que recurre, auxiliado por la nómina de algún ayudante ingenioso, a referirse a los que están contra su potestad como algo llamado ‘fachosfera’. O sea, el timo de siempre, los buenos y los malos, los que poseen la razón y sus ciegos opresores. El mensaje es tan bobo y oportunista que me da grima. Es un teatro mentiroso y cutre, es un mal actor con un guion oportunista y cochambroso, es una ofensa para la inteligencia de cualquier receptor con dos dedos de frente y de corazón”.
Coincido, de cabo a rabo, con la opinión vertida por Carlos Boyero. Así que, si se demuestra, de manera fidedigna, que Boyero está errado, admitiré que yo también marro. Ahora bien, si nadie es capaz de argumentar una razón que derribe esa hilera de muñecos del pimpampum de la balda de caseta de feria donde se hallan colocados en fila, a pesar de los innumerables lanzamientos de pelotas realizados, habrá que determinar, de modo concluyente, que Boyero, hasta el momento, ha dado con su retrato moral de Sánchez en el blanco o centro de la diana.
Nota bene
Abundando en la misma opinión sobre la amnistía, en la página 19 del nuevo diseño de la versión en papel de EL PAÍS, de ayer, domingo 4 de febrero de 2024, Jordi Amat en su colaboración dominical titulada “La amnistía por el mal camino” (a mí, al menos, me falta en dicho rótulo el verbo “va” o una coma) escribe que “esa apelación al ‘interés general’ es percibida como una impostura que solo oculta la voluntad de poder de Pedro Sánchez y el cálculo de Puigdemont y su espacio político. Mientras no se corrija esa percepción, y eso requiere tiempo, deliberación y magnanimidad recíproca de todos los actores implicados, la amnistía seguirá por el mal camino. Primero porque sus promotores, y lo digo parafraseando al constitucionalista Víctor Ferreres, aún no han argumentado de manera convincente cuál es la razón pública que justifica una medida tan excepcional”.
Post Scriptum
Me gustaría un montón que esta vez, por fin, no acaeciera lo que viene ocurriendo, de manera indefectible; porque, aunque me pese, sospecho que va a seguir sucediendo lo mismo, lo de siempre, que la enjundia o miga que este texto contiene unos la leerán y creerán que está referida a los otros, y viceversa, y, por ende, ninguno que va dirigida, entre otros, a él.
Ángel Sáez García