El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿La confesión va a ser mano de santo?

¿LA CONFESIÓN VA A SER MANO DE SANTO?

Está claro, cristalino, que, grosso modo, cabe sentenciar que hay dos grandes conjuntos de sueños; uno, conformado por aquellos en los que el sujeto soñador es consciente de cuanto sueña, porque está despierto; y otro, compuesto por aquellos de los que es inconsciente, al suceder los tales mientras se halla descansando en los mullidos brazos de Hipnos o Morfeo. A mí, al menos, no me cabe la menor duda de que, a veces, solo a veces, no siempre, alguno de los sueños del primer grupo, por una mera cuestión de ósmosis, o por cualesquiera otras causas, conocidas o ignoradas, pasa a ser o convertirse en ensueño del segundo. Le ruego encarecidamente al atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, ora sea o se sienta no binario) de estos renglones torcidos que se ahorre formularme el porqué, por la sencilla razón de que lo desconozco, de veras.

Hasta hace poco tiempo, escasas fechas, servidor defendía y sostenía con sesudas razones de peso, allí donde fuera menester, la tesis de que uno no es responsable de cuanto corona o lleva a cabo en un sueño. Sin embargo, hoy no está tan seguro, al no ver el asunto tan diáfano. Alguna responsabilidad, colige, ha de tener, cuando lo que soñó, cuando se hallaba en estado de vigilia, ha devenido algunas horas o jornadas después, en el mismo o parecido sueño que ha tenido estando roque. ¿Cuánto es el porcentaje de esa culpa? ¿Cómo se cuenta, mide y/o pesa? He aquí dos preguntas pertinentes que, a bote pronto, me han brotado o se me han impuesto. ¡Cómo no formulármelas!

Y como el avezado lector de mis urdiduras o “urdiblandas” no desconoce cómo suele obrar mi cacumen, porque he dado numerosas muestras de mi habitual dinámica mental, o estrategia procedimental, he vuelto por mis fueros, o sea, he acudido al convento de Algaso a pedir consejo a fray Ejemplo, para que me pusiera uno, clarificador, aleccionador, o si él estaba burlón, que, cuando me he dado de bruces con él, estaba de esa guisa, que ocurriera a la inversa o viceversa, esto es, que el tal lo adujera su discípulo, este menda, quien firma los párrafos que contiene este escrito abajo.

Imagine que, por la razón que sea, mendaz o veraz, usted se ha enamorado de quien acaba de alcanzar su mayoridad, la (o el) joven que le embolsa y vende a diario la barra de pan, porque es afable, divertida, y le alegra la mañana, antes de ir al instituto a impartir sus clases de griego clásico y latín. Siga imaginando que un día se atrevió a preguntarle su gracia de pila y se enteró de que su nombre es Ana/Andrés. Y que, últimamente, desde que se quedó viudo/a, le ha dado por fantasear, de manera guasona, que, en lugar de pedirle el pan de cada día, lo que desea, sin ambages, es llevarse hoy a ella/él a casa, en persona, y en el recibidor o vestíbulo de su casa, darle el ansiado abrazo y si, ella/él, se lo consiente, tras impetrárselo, un beso largo en los labios.

Bueno, pues, he aquí la madre del cordero, la oveja, sí, aunque otros prefieran usar la voz busilis o, en su defecto, intríngulis. Eso es lo que, aprovechando que tenía la lengua suelta, se ha encargado de proferir su mui o sinhueso, en uno de los sueños que ha tenido esta madrugada. Y nada más despertarse, se ha dicho: ¡Vaya marrón! Porque le ha nacido preguntarse: ¿Debo confesarle el sueño a un cura para tener el alma limpia de polvo (si este hubiera seguido al luengo morreo) o paja (si esta ídem)? Por otros motivos de inquietud, noto que me pasa lo propio que a Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, Santa Teresa de Jesús, que vivo sin vivir en mí. ¿Creo, a pies juntillas, que el sacramento de la penitencia puede ser mano de santo; así que…? O, por el contrario, ¿creo que es un engañabobos, una filfa, así que…? Que cada lector/a, de cuantas/os hayan llegado hasta aquí, elija lo que mejor le convenga, cuadre, encaje o pete. Amén.

   Eladio Golosinas, “Metaplasmo” (o Edurne Gorosabel, “Metonimia”).

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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