El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

El verdadero fin de la amnistía

EL VERDADERO FIN DE LA AMNISTÍA

ES PODER GOBERNAR SIN SOBRESALTOS

“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

   Artículo 14 de la Constitución española de 1978

Repite todos los días la misma mentira; conseguirás que una jornada a alguien que te la escuche proferir o referir le suene la susodicha a verdad. Al parecer, hay quienes, como le ocurre a Pedro Sánchez, el mayor interesado, y a los miembros de su Gabinete y claque o cortejo, copartícipes en idéntico interés, creen que Joseph Goebbels, ministro de Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, estaba en lo cierto, y siguen, al pie de la letra, su mismo plan o estrategia a rajatabla, o sea, iterando la quintaesencia de su adagio, un sofisma, de manera machacona, como si tocaran una carraca o matraca en Semana Santa, sin desfallecer, repitiendo un día, y otro, y otro, hasta el hartazgo, el modélico embeleco, que la finalidad de la amnistía es decente, al buscar la reconciliación entre catalanes, primero, y entre estos y el resto de los españoles, después, cuando, a todas luces, en dicho cambalache no hay más que un do ut des, un simple intercambio o transacción de la amnistía por los 7 votos de Junts, necesarios para poder gobernar sin sobresaltos.

¿Alguien, con dos dedos de frente, puede creerse, a pies juntillas, que, si no hubieran sido imprescindibles, cruciales, los 7 votos de Junts para que Pedro Sánchez pudiera seguir instalado en la residencia del presidente del Gobierno de España, el palacio de La Moncloa, el secretario general del PSOE hubiera levantado un solo dedo para poner en marcha y culminar la ley de amnistía, y que esta sea lo que es hoy, un hecho, nauseabundo, sin duda, sí, pero una realidad, pura, diuturna y crudamente fétida (si damos tiempo al tiempo, lo constataremos), por la clara corrupción que acarrea o lleva aparejada consigo, diga lo que diga la Comisión de Venecia (ve, necia) en su favorable dictamen o informe?

El huido mandamás de Junts, Carles Puigdemont, advirtió pronto que el resultado de las elecciones generales de julio le había sido propicio, al depararle la posibilidad de tener la sartén de los pactos por el mango; y se dispuso a extraer el máximo partido o provecho, sacándole al presidente Sánchez hasta la misma hiel, si hiciera falta. ¿Acaso no es la amarga amnistía, la mencionada hiel?

Ignoro si el atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, ora sea o se sienta no binario) de estos renglones torcidos es, asimismo, lector asiduo de EL PERIÓDICO GLOBAL, EL PAÍS. Yo lo soy. El pasado sábado me llevé a los ojos el editorial titulado “Hagan política”, que ocupa la parte superior de la página 10 del número 17. 027. Estoy de acuerdo con cuanto cabe leer bajo su rótulo, esto: “El triunfalismo del Gobierno y el catastrofismo de la oposición corren el riesgo de darse de bruces con la desafección ciudadana”. Ahora bien, tras leer el comienzo del primer párrafo (“la presumible aprobación de la ley de amnistía en el pleno del Congreso del próximo jueves debería contribuir a marcar un tiempo nuevo en la política española, tanto por lo que respecta al Gobierno como a la oposición”), no puedo dejar de ver en ello una bajada de pantalones, cual “caganer”, del Ejecutivo de España ante quienes fueron procesados, tuvieron un juicio justo y fueron sentenciados (o no) por hechos alusivos al procés.

Más abajo leo: “Negociar es parte intrínseca de la política; hacerlo pensando en los intereses generales es responsabilidad del Ejecutivo”. ¿Cree, de verdad, el autor (ella, él o no binario) de dicho editorial que el Gobierno, con su presidente al frente, en cabeza, ha tenido, desde que se celebraron las elecciones el pretérito julio, en cuenta los intereses generales? Si lo cree, le ruego que me conceda unos segundos para poder agarrarme la barriga, como si fuera servidor el redivivo Miguel Gila, y, así, evitar herniarme de la risa. El editorialista termina su pieza de esta guisa: “El interés general no puede supeditarse al interés partidista (…)”. Pues, eso, maja/o, es lo que ha habido aquí, interés partidista (de dos, sobre todo, PSOE y Junts). ¿O no?

Sinceramente, prefiero releer al editorial mencionado el artículo de Jordi Amat del domingo, publicado en la página 17 del número 17.028, titulado “Amnistía para normalizar”, que da en el blanco o centro de la diana de la verdad en su inicio: “El origen de la tramitación de la ley de amnistía fue descaradamente interesado. Por ello su fundamentación cívica falla. Aunque el presidente lo repita, la ley no ha tenido como punto de partida ni tendrá como punto de llegada la reconciliación. No hace falta mixtificar más las palabras”. Amén.

    Nota bene

   Usted, atento y desocupado lector, ¿se considera ciudadano de primera o de segunda? ¿Que no sabe qué distingue a ambos? Pruebe a ver si, en su caso, también cuadra o encaja mi idea, cuanto considero yo al respecto, que la diferencia estriba entre quienes se creen investidos para decidir quiénes, además de ellos, son unos y otros, los de primera y los de segunda.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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