El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Abundan los poetas socarrones…

ABUNDAN LOS POETAS SOCARRONES

ENTRE LA GENTE DE ESTATURA BAJA

“Hace dos semanas justas, tras aceptar la invitación que me había hecho un excompañero de facultad, que ejerce de profesor de lengua y literatura en el Instituto de Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato “Federico Cuadrado” de la localidad norteña de Cabrenago, fui a dar a dicho centro educativo la pactada conferencia a alumnas/os del primer ciclo de la ESO. Se me ocurrió empezar la misma aseverando que “existe la creencia generalizada de que a las personas de baja estatura física les suele ir peor en la vida que al resto”. Nada más proferir dicho aserto, una adolescente de baja estatura levantó la mano, se presentó (“Soy Alba López”) y me formuló la siguiente pregunta: “¿Usted diría que a los siete enanitos les fue mal por conocer a Blancanieves, y viceversa, según se narra en la versión del homónimo relato clásico de los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, el que hace el número 53 de la colección?”. Como me cogió la cuestión planteada de improviso, no supe qué contestar, pero le dije que, al finalizar la disertación, gustosamente, le respondería (ahora bien, en el momento de argüir tal cosa, aún no sabía qué). Afirmé, no obstante, a renglón seguido, que yo no estaba de acuerdo con la verdad aducida, ni la confirmaba, sino que esta era una conclusión a la que había llegado una investigación laboriosa y meticulosa culminada por mi esposo y su equipo, tras coronar dos años largos de estudio. En el turno de ruegos y preguntas, contesté a Alba que no, evidentemente, pero no le di los argumentos que ella esperaba, razonando y reforzando mi adverbio negativo, y pasé a la siguiente pregunta”.

Edurne Gotor, “Metonimia”, en “¿Por qué Alba López a por mí ha venido?”.

Después de más de dos años de un trabajo serio y concienzudo, tras haber llevado a cabo no menos de cien encuestas en doce institutos públicos del septentrión peninsular, y una vez tabulados todos los datos que el centenar de cuestionarios habían arrojado, mañana se presenta en sociedad, en el salón de actos del Instituto de Enseñanza Obligatoria y Bachillerato “Juan de Mairema”, de Algaso, las conclusiones del magno estudio realizado.

A mí, que soy quien pergeñó dicha tarea, su director, quien la firma junto con la media docena de profesores que me han ayudado en dicho cometido, me va a tocar presentar las mencionadas inferencias. Plantearé con antelación la salvedad de que puede que yo esté en desacuerdo con alguna/s de ellas, ya que las que desgrane serán, única y exclusivamente, consecuencia del pensamiento del alumnado de los citados institutos públicos, doce.

Una de las deducciones de dicha labor es, verbigracia, esta, que existe en el colectivo o conjunto de todos los discentes la idea compartida de que los estudiantes de baja estatura van a vivir en el futuro, en el supuesto de que no den un nuevo e inesperado estirón, siendo adultos, una vida más gris que los altos; y eso, por cierto, lo ha/n empezado a constatar el grueso de los tales bajos en los propios centros docentes, donde ser de baja estatura física te predispone para no ser elegido (o tener menos posibilidades que los altos) para formar parte de los equipos de varios deportes, por ejemplo, fútbol (como si los argentinos Maradona o Messi no hubieran sido unos gigantes, verdaderos diablos —para los equipos contrarios— con el balón en sus respectivos pies izquierdos), baloncesto, balonmano, voleibol, etc. Ser de baja estatura te resta puntos en las relaciones sociales, y, por ende, en los encuentros sexuales, porque estos, una de dos, o escasean, o brillan por su ausencia, pues solo muy de tarde en tarde (y solo entre ellos) llega a haberlos.

El abajo firmante, mientras realizaba dicho cometido o estudio, cuando se reunía con ellos para comentar sus respuestas, siempre en grupo y en presencia del psicólogo del centro (ella o él), les intentaba animar, procurando persuadir a los asistentes, a algunas/os de ellas/os, de que en esta vida hay tiempo para todo, para tener buen y consentido sexo también; y que yo no me estrené en esa práctica placentera y natural hasta los 25 años. Y no por ese motivo, en concreto, me siento una persona frustrada, aunque entiendo que los tiempos actuales poco o nada tienen que ver con los pretéritos, claro, aunque solo haya transcurrido medio siglo.

Procuraba abrirles el abanico de oportunidades y motivarles a que se dedicaran a otros menesteres; que la felicidad no solo está en los deportes en los que se suda la gota gorda; así que les sacaba a relucir el ajedrez.

Ser bajo de estatura puede servir para iniciarse en la varilla artística del teatro. Ha habido adolescentes (de ambos sexos) de doce, trece o catorce años que descubrieron a esa temprana edad que estaban hechos para actuar sobre las tablas, cuando interpretaron en el proscenio de un escenario el primer papel en su debut; o para ser quienes escribieran obras dramáticas con éxito de público y crítica, algunas de ellas imperecederas.

Ser una persona de baja estatura no te impide presentarte a delegado de clase, como tampoco lo hará, una vez graduado, a las oposiciones que se hayan convocado para aspirar a ejercer de profesor y salir airoso de ese proceso selectivo, que te permitirá acceder a un puesto docente en la Enseñanza Secundaria o la Formación Profesional; para ser poeta (a quien otros llaman “profeta”), socarrón o no, arquitecto, escultor, pintor, narrador o fotógrafo. Así que: ánimo y al toro, que puede ser el desafío de ser periodista o el reto de ser abogado.

Nota bene

Al escritor guatemalteco Augusto Monterroso, célebre por ser autor de textos de una insólita brevedad, como también lo era su corta estatura, ciento sesenta centímetros, en el uruguayo El País Cultural, le publicaron el 21 de marzo de 1997 un opúsculo irónico titulado “Estatura y poesía”, en el que afirmaba, entre otros asertos, estos:

“Con regularidad suelo ser víctima de chanzas sobre mi exigua estatura, cosa que casi me divierte y conforta, porque me da la sensación de que sin ningún esfuerzo estoy contribuyendo, por deficiencia, a la pasajera felicidad de mis desolados amigos. Yo mismo, cuando se me ocurre, compongo chistes a mi costa que después llegan a mis oídos como productos de creación ajena. Qué le vamos a hacer. Esto se ha vuelto ya una práctica tan común, que incluso personas de menor estatura que la mía logran sentirse un poco más altas cuando dicen bromas a mi costa. Entre lo mejorcito está llamarme representante de los Países Bajos y, en fin, cosas por el estilo. ¡Cómo veo brillar los ojos de los que creen estarme diciendo eso por primera vez! Después irán a sus casas y enfrentarán los problemas económicos, artísticos o conyugales que los agobian, sintiéndose como con más ánimo para resolverlos”.

“(…) Cuando en la calle o en alguna reunión encuentro a alguien menor de un metro sesenta (…) presiento o casi estoy seguro de que me he topado con un poeta. (…) si Rubén Darío llega a medir un metro noventa la poesía en castellano estaría aún en Núñez de Arce. Con la excepción de Julio Cortázar, ¿cómo se entiende un poeta de dos metros? Vean a Byron cojo y a Quevedo patizambo; no, la poesía no da saltos”.

   Evaristo Gómez, “Meteoro”.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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