El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Lección de pensamiento concentrada…

LECCIÓN DE PENSAMIENTO CONCENTRADA

EN UNA PÍLDORA POR DUCHAS MANOS

Desconozco si al atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) de estos renglones torcidos le ha ocurrido alguna vez cuanto me viene sucediendo a mí con redundante frecuencia, que algo de lo que leo ahora, este año, me hace recordar algo de lo que leí otrora, antaño; verbigracia, hace la friolera de 44 años. Dicen quienes estudian las asociaciones mentales y, aunque sea poco, algo saben de las susodichas, que hallar concomitancias o paralelismos no es asunto de congéneres sin sustancia ni de semejantes lelas/os, no, sino índice de personas con talento, aunque este se muestre, más que raudo, como el rayo, como un quelonio, lento.

Ayer, sin ir más lejos, domingo 26 de octubre de 2026, por ejemplo, leí la crónica (que incluye una interviú solicitada por el propio interesado, no por el periodista) que lleva la firma de quien tomó notas con su móvil (no permitió el entrevistado que fuera grabada) y la escribió, Sergio C. Fanjul, que apareció publicada en la página 63 de EL PAÍS, sobre el filósofo y recién galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, el alemán, de origen surcoreano, Byung-Chul Han.

En el primer parágrafo de su pieza, que ocupa toda la citada página, Fanjul nos brinda una píldora elaborada por el flamante galardonado, la que este quería comunicar: “Byung-Chul Han (Seúl, 66 años) quiere hablar de sus pianos. Tiene dos: un Steinway y un Fazioli. También quiere hablar de su jardín, que le gusta cuidar. Quiere hablar de la importancia de hacer cosas con las manos. ‘La felicidad viene por el trabajo con las manos’, dice, ‘para Heidegger el pensamiento es un trabajo manual, para Paul Celan también lo es la buena poesía. Sin mano no cabe ni la felicidad, ni el pensamiento, ni la acción’”.

Bueno, pues, esa aserción de Han me ha hecho rememorar algunas de las aleccionadoras palabras que escuché decir, en un aula de la facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza, en 1981, hace 44 años, a José Escolar, a la sazón, catedrático de Anatomía. Para él la compleja formación de la mano humana era el más importante instrumento de la inteligencia; pero no se quedaba ahí, sino que, además, aseveraba, convincente, persuasivo, que la mano era la expresión del intelecto y de una nutrida panoplia de emociones.

En las escasas líneas que conforman el mencionado e inicial parágrafo de la crónica de Fanjul advierto, al alimón, un sereno canto al saber y un breve tratado de filosofía. Con la inestimable ayuda de las teclas blancas y negras de cada uno de sus dos pianos y sus manos Han puede interpretar o tocar el grueso de las piezas escritas en papel pautado por las manos de un compositor musical. La idea del jardín de Han es un mero recuerdo del apócrifo Edén, donde Adán y Eva no se cansaban de darle gracias a Dios por el don concedido, el paraíso, hecho, como ellos, por sus propias y divinas manos (confío, deseo y espero que se entienda la ironía, pues quien esto escribe y firma abajo ya ha confesado varias veces públicamente que, aunque fue un creyente, a pies juntillas, de los textos canónicos que redactaron los cuatro evangelistas, los santos Marcos, Lucas, Juan y Mateo, hoy es agnóstico, escéptico, ateo), que conviene cuidar a diario, regarlo con asiduidad, para que no se marchiten sus flores y este no se pierda.

Es importante hacer las cosas con las manos (salvo que estas falten, y pintar, por ejemplo, se realice con los pies). Eso lo aprendió el primer filósofo avant la lettre, Sócrates (porque todos los pensadores anteriores a él, físicos y/o metafísicos, son llamados, en conjunto, los “presocráticos”), de su madre, comadrona, y de su padre, escultor. Y, por eso, el filósofo es aquella persona a la que le brotan ideas en su cacumen o caletre, a las que luego él les da forma con la boca, cuando las comunica o hace saber a otros, o con las manos, cuando las deja escritas (no es dato baladí que al punzón con el que escribían los antiguos en las tablas enceradas y a la punta de la pluma se les llamara de igual manera, estilo). “Arte de partear” (en lugar de bebés, ideas que estaban latentes en su pesquis) es su método, la mayéutica. Y esa es la misma tesis que repite Heidegger con otras palabras. Lo propio hace también el vate con sus versos. Así que cabe insistir en idéntica conclusión a la que llega Han. Ciertamente, “sin mano no cabe ni la felicidad, ni el pensamiento, ni la acción”. Y el que rubrica este texto con su firma lo confirma.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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