El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

He aquí la crónica de fray Ejemplo

HE AQUÍ LA CRÓNICA DE FRAY EJEMPLO

Esta mañana, a primera hora, he redactado y mandado un escueto correo electrónico a fray Ejemplo para que escribiera y me remitiera, a su vez, una crónica sobre el encuentro y la conversación que mantuvo recientemente con Emilio en el convento de Algaso.

Antes de comer (dicho menester lo llevo a cabo pronto; suelo iniciarlo sobre la una y cuarto del mediodía), he recibido lo que le había pedido, que me ha servido de aperitivo o vermú (que no estoy habituado a tomar, ni siquiera los domingos). He aquí la crónica dialogada del de proceder ejemplar y “Metomentodo”:

Emilio González, “Metomentodo” (M) —¿Don Eusebio? ¿Fray Ejemplo?

Fray Ejemplo (E) —El mismo que viste esta raída sotana. Más viejo y más feo de lo esperado, seguramente.

M —Emilio González, amigo y heterónimo de Otramotro, para lo que guste mandar.

E —Encantado.

M —¿Qué tal está?

E —Ahora cansado. Vengo de andar y, mientras realizaba esa tarea, he aprovechado para coronar otra, reflexionar; he culminado ambas durante dos horas.

M —Gracias, por acceder a mantener una conversación conmigo.

E —Confío, deseo y espero que sea beneficiosa, productiva, para los dos, y que nos cautivemos, hechicemos o quedemos prendados mutuamente.

M —¿Se está refiriendo a que nos enamoremos?

E —Sí, intelectualmente hablando, claro.

M —Me temo que usted se va a llevar un chasco morrocotudo.

E —¿Por qué?

M —Por las expectativas, porque considero que eso, enamorarme mentalmente de usted, acaso sea lo más probable; no lo niego; pero no creo, de veras, que eso vaya a suceder a la inversa.

E —Eso será, colijo, porque eres humilde, y no soberbio. Y eso me agrada.

M —No es falsa modestia. Es que, una vez compruebe mi escasez de argumentos, mi inopia de conocimientos, se dará cuenta de que no le llego a usted a la suela del zapato.

E —Lamento decirle que se equivoca; ya está empezando a encantarme.

Cuando estuvimos sentados en el banco de madera del cuidado jardín, el que queda junto al pozo, en tan recoleto espacio, la charla fue por otros caminos.

M —Es la primera vez que estoy aquí; y ahora entiendo el tópico literario o la expresión latina que ha usado Otramotro en numerosas ocasiones para referirse a este paisaje natural, idealizado, locus amoenus, lugar ameno, acogedor, tranquilo.

E—El sitio y el momento son cruciales para mantener un diálogo fecundo, fructífero.

M —¿Cómo me ve?

E—Si no te molesta la metáfora, como un eslabón más de esa larga red de cadenas de amistades que cada quien va construyendo a lo largo de su existencia. La idea no me pertenece; es una mera variante de la que usó Antoine de Saint-Exupéry en “El principito”, donde se lee que ser amigo es “domesticar”, y esto, a su vez, “crear lazos”. La amistad durará si esos lazos son eslabones de hierro, o sea, de firme lealtad y respeto recíproco.

M —Ya me siento un eslabón de esa red de cadenas de amistades, porque, no sé si se ha dado cuenta, pero ha pasado de usar el voseo al tuteo en el trato conmigo en apenas unos minutos. Y he de reconocer que eso me ha gustado sobremanera.

E —Pareces más joven que Otramotro.

M —No importa la edad que se tenga, sino si se han aprovechado al máximo los años, muchos o pocos, vividos.

E —Abundo contigo en ese parecer. La experiencia, si va acompañada del estudio y la reflexión, forma con el dúo mentado unas trébedes estupendas; y, si esos tres pies los unes mediante una corona superior, redonda, equilibrada, sobre ella puedes colocar cualquier idea dentro de un perol con agua y verás cómo bulle si le das calor en la base con un fuego bien alimentado.

M —Me ha petado mucho escuchar esa imagen.

(…)

Y por derroteros parecidos a los señalados siguió la charla con nuestro amigo común, Metomentodo.

Espera haberte sido de alguna ayuda

Eusebio Arteaga Piérola, fray Ejemplo.

   Nota bene

   Como fray Ejemplo me conoce, como si él me hubiera parido a mí y no lo que es cierto y verdad, al revés, yo a él, seguramente ha pensado que lo mismo le había solicitado a Emilio; y como a mí me daría por comparar los textos de ambos para extraer mis propias conclusiones, ya que Emilio es ahora nuestro amigo común, para evitar dejar en feo a Metomentodo, Eusebio ha escrito una crónica sencilla, sin pretensiones, con la intención de no dejar a la altura del betún a González.

El atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) que lea los dos textos sobre el mismo encuentro, puede que haya experimentado la misma, extraña e inquietante sensación que me ha deparado y dejado dicha tarea a mí, es decir, que las palabras escritas estaban intercambiadas, que el texto de Emilio lo tendría que haber firmado fray Ejemplo y viceversa.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído