LA CABRA TIRA AL MONTE, AIREA EL DICHO,
COMO LA TERCA BURRA VUELVE AL TRIGO
“La defensa de la libertad de expresión pasa por el establecimiento de mecanismos de transparencia en el ejercicio de esta profesión, a fin de no arruinar el único patrimonio de nuestro oficio: la credibilidad. Entre esos mecanismos figura por propios méritos este Libro de estilo, que servirá —si somos capaces de utilizarlo bien— para defender a los lectores del sensacionalismo, el amarillismo y el corporativismo de los profesionales. Porque a veces ocurre que en la mención abusiva de la libertad de información y de expresión se escudan sus enemigos para negar las críticas legítimas y la labor de control del poder, incluido el de los propios periodistas”. Así, con dicho parágrafo, terminaba su prólogo a la tercera edición de El Libro de Estilo, en abril de 1990, quien dirigía entonces el periódico de PRISA, Joaquín Estefanía Moreira.
En la Sección 3, referida al Tratamiento de la información, en el punto 1.26, verbigracia, se lee que: “Cuando en un relato resulte imprescindible omitir el nombre de alguna persona y cambiarlo por otro, esta circunstancia se advertirá al lector al comienzo del texto”. Este punto se incumple un día sí y otro también y no pasa nada. Se siguen publicando crónicas incompletas.
Quien el pasado sábado 28 de marzo de 2026 leyera atentamente EL PAÍS, reparó, seguramente, en la viñeta que firma RIKI BLANCO en la página 12. En ella, cabe percibir el apellido del actual presidente norteamericano Donald Trump escrito cuatro veces, de arriba abajo, en letras versales y de manera oblicua, en diagonal; los dos superiores subrayados, y los dos inferiores tachados. En el margen izquierdo de la viñeta, escrito en mayúsculas letras azules, se lee: “ENTRE SUBRAYAR Y TACHAR SOLO HAY MILÍMETROS DE DIFERENCIA”.
Bueno, pues, mutatis mutandis, eso es lo que viene haciendo servidor con algunas crónicas escritas por algunos periodistas de EL PAÍS. Primero, subrayo los textos incompletos, insuficientemente escritos por ellos, porque escamotean información distintiva, pertinente y relevante, o sea, sensible, al lector, y, más tarde, los extracto y censuro, por incurrir, según mi modesta y subjetiva opinión, en un yerro que El Libro de Estilo del Periódico Global refiere cómo debe hacerse, con la máxima escrupulosidad.
Aunque los escritos de este menda (me consta que la expresión le disgusta a la catedrática y colaboradora sabatina Lola Pons, pero en algo teníamos que discrepar; yo tiendo a aprovechar todo el material de que dispongo y/o tengo a mano; y, una vez he dado entrada a un vocablo en mi acervo lingüístico, lo uso como alternativa, para no tener que iterar el mismo término, por ejemplo, servidor, de forma machacona, recurrente) los tomen los periodistas que cometen los fallos señalados por sonidos emitidos por el pito del sereno, les advierto que este sereno crítico no lo va a dejar de hacer sonar como otrora hicieron dos hermanos menores que él, que fungieron de árbitros de fútbol, siempre que lo estime conveniente, oportuno.
En la crónica titulada “Cuerpo y España apuestan por la continuidad en el área económica”, que firman al alimón Pablo Sempere y José Marcos, en las páginas 14 y 15, se lee lo siguiente: “En La Moncloa, donde se extiende la idea de que Cuerpo seguirá el mismo camino, aseguran que, con los cambios, Sánchez lanza un mensaje ‘de futuro’. ‘La economía nunca es cortoplacista, diseña décadas futuras’, sostienen”. ¿Quiénes? Supongo que alguien que trabaja en dicho palacio presidencial.
Más adelante, leemos: “’Es un gestor fuera de serie, su vida es esto. Además, tiene la virtud de ser empático, y eso ha permitido que haya menos conflictividad con las comunidades’, le alaba un ministro”. ¿Qué ministro? Se desconoce. Al parecer, a juicio de los firmantes, es importante lo que dice, pero no quién lo dice.
En la gacetilla titulada “El escepticismo de Esquerra”, que firma Bernat Coll, en la página 15, se lee: “’Somos escépticos’, defienden fuentes de la cúpula republicana”. ¡Qué escasas de agua van las susodichas! Más abajo: “’Es un aliado’, aseguran fuentes del Govern. ‘No parece una mala noticia. Veremos’, admiten desde la órbita parlamentaria de ERC”. Supongo que quien haya leído la gacetilla se habrá quedado como servidor, in albis.
En la crónica que firman Virginia Martínez y Elsa García de Blas, titulada “Abascal arrastra a Feijóo al debate de restringir la atención sanitaria a los inmigrantes”, en la página 16, se lee: “‘Hay que atender a quien lo necesite, pero no generar derechos a personas que son irregulares en nuestro país’, señalan fuentes de Génova”. ¿No se dan cuenta de que eso, je, je, no va a ninguna parte? Y luego: “’lo que hace es tensionar aún más un sistema sanitario que ya está al límite’, defienden en la cúpula popular”. ¿Quiénes, si son varios? No lo sabemos, porque ellas nos lo ocultan. ¿Por qué? Lo ignoramos. Y siguen así: “Otras fuentes de la ejecutiva popular explican que se abstuvieron porque ‘estaba (sic) de acuerdo en algunas cosas y en otras, no’”. Anda, grosso modo, como las periodistas, que no tienen problemas en dar las razones que adujeron quienes fueran y ellas apuntaron, pero silencian los nombres y apellidos de quienes las profirieron.
Javier Casqueiro, en la misma página 16, en la crónica titulada “PP y Vox solo han apoyado uno de los 30 decretos sociales para emergencias aprobados por Sánchez”, escribe: “’Por sus votos los conoceréis (…) jamás hubo planes ni del PP de José María Aznar ni del de Mariano Rajoy para ayudar a la gente ante este tipo de actuaciones excepcionales’, denuncian desde la dirección socialista”. ¿Quiénes? No es un dato necesario para conocer la nueva. ¿Verdad?
La cabra tira al monte, airea el dicho, como la terca burra vuelve al trigo.
Ángel Sáez García