El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Los yerros de EL PAÍS, en el banquillo

LOS YERROS DE EL PAÍS, EN EL BANQUILLO

¿A QUIÉN NO LE HORRORIZAN LOS ERRORES?

Está claro, cristalino, que, entre personas cercanas, compañeros de trabajo, verbigracia, el contagio se da, es un hecho incontrovertible, evidente. No solo se transmiten enfermedades, como la gripe, sino también costumbres, gustos y vicios (alguna virtud también; hagamos el esfuerzo de contemplar más facetas de ese poliedro y, así, quizá no seamos tan negativos o pesimistas en nuestras conclusiones). Que, entre los próximos, la influencia resulta recíproca nadie con sentido común pondrá dicho aserto en duda.

Bueno, pues, eso, seguramente, es lo que viene pasando con varios periodistas de EL PAÍS, que se han transmitido el vicio de citar y entrecomillar lo dicho por quienes fueron sus confidentes, pero, al final, no son aludidos con sus nombres y apellidos verdaderos, al optar los cronistas por dejarlos sin mencionar, usando como sustituto una fórmula o suerte de acertijo, adivinanza o enigma.

Irene Vallejo comienza su tribuna dominical, titulada “A su imagen y semejanza”, publicada en la página 15 del Periódico Global del pasado domingo 5 de abril de 2026, con una cita que, al no ser literal, no entrecomilla (pero pudo hacerlo), porque recoge lo principal de la misma, así: “A lomos de su rocín flaco, entre desagravios y entuertos, afirma don Quijote que la libertad es uno de los más preciosos dones, por encima de los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre”.

Cervantes, en el capítulo LVIII de la Segunda parte de su inmortal obra, escribió, literalmente, esto:

“—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Me temo que algunos periodistas de EL PAÍS, en dicho trance, en lugar de mentar a Alonso Quijano, don Quijote de la Mancha, se hubieran decantado o inclinado por esta alternativa: “uno de los personajes literarios surgidos del fecundo magín del autor alcalaíno”.

Vallejo, en la tribuna indicada, unas pocas líneas más adelante, en el inicio de su segundo parágrafo escribe: “Nos gusta creer que somos imparciales, que nuestras opiniones brotan limpias de prejuicios, como manantiales cristalinos. En realidad, según la ciencia, el conocimiento humano tiende a resbalar por la pendiente de los sesgos. Uno de los más habituales es el de afinidad: más vale malo semejante que bueno por conocer. Numerosos estudios revelan que, si sentimos similitud con alguien, de forma inconsciente nos parecerá mejor persona”.

Más adelante, Irene insiste: “Los sesgos cognitivos son atajos mentales para pensar rápido. Gracias a ellos encadenamos ideas sin demasiada lógica, con distorsiones, pero aprisa. Son herramientas evolutivas que tienen sentido cuando la supervivencia depende de una respuesta inmediata, no de un análisis profundo —es decir, rara vez en nuestras vidas actuales—. Esa misma velocidad nos arrastra hoy a equivocarnos, presa de tópicos o conclusiones apresuradas. En general no somos conscientes cuando circulamos por la ruta breve”.

¡Cuánto bien les traería a varios periodistas de EL PAÍS leer, de cabo a rabo, la tribuna de Irene Vallejo, publicada en el diario para el que escriben!

Quien leyera la crónica titulada “La corrupción de PSOE y PP, en el banquillo”, que firman X. Hermida y J. Marcos en las páginas 18 y 19 del diario de PRISA, se toparon, como servidor, con estos modos incompletos de redactar:

“’Esperamos que paguen por lo que han hecho con la misma intensidad que deseamos que pague quien les ha escogido’, dicen en el equipo de Feijóo”. ¿Quiénes? Si esa información la conocieron los citados cronistas, nos la han ocultado a los lectores, y se han quedado tan panchos. ¿Dónde está la transparencia? ¿Cómo queda la credibilidad?

“’La trayectoria política de Feijóo es impecable, no tiene ni un solo consejero imputado’, presume un estrecho colaborador suyo”. Si no sabes quién es, ponte el disfraz de Sherlock Holmes, coge su lupa con la diestra y busca huellas, rastrea.

“’No creo que nos penalice en el sentido de que nos haga caer, ese castigo ya lo hemos pasado, pero sí pienso que no nos va a dejar recuperarnos, al menos durante las semanas que dure el juicio’, barrunta un ministro”. ¿Cuál? Hala, a jugar al “pinto, pinto, gorgorito”, acaso haya suerte y des de chiripa con él.

“’Kitchen fue una corrupción sistémica e institucionalizada. El juicio de Ábalos claro que no ayuda, pero al PP tampoco le ayuda que se recuerde un escándalo que estaba olvidado’, sentencian en el entorno de Sánchez”. ¿Quiénes? ¿Cómo? ¿Que por qué quiero saberlo todo?

Y hay más casos, pero con los señalados basta.

Ahora bien, como criticar no solo consiste en decir lo que está mal en una obra, según los ojos subjetivos de quien da su parecer, sino también lo que está bien, he de reconocer que quien se llevara a la vista las dos páginas siguientes, la 20 y la 21, donde aparece la crónica firmada por Reyes Rincón, titulada “La trama de las mascarillas sienta a Ábalos y Koldo en su primer juicio”, comprobó que esta era impecable, de chapó. Así que de todo hay en la viña del señor.

Evidentemente, para evitar suspicacias, agrego lo obvio, que no conozco de nada a ninguno de los tres periodistas mentados aquí.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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