El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

El imbécil ignora que es un necio

EL IMBÉCIL IGNORA QUE ES UN NECIO

EL SANDIO NO ES CONSCIENTE DE QUE LO ES

Me temo, atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) de estos renglones torcidos que, como acaeció ayer y sucederá mañana, el grueso de los problemas que hoy acucian y desasosiegan a la inquieta humanidad entera estriban, hincan sus raíces, en la fétida fuente o el infecto pozo de la estupidez. Esta es la peor lacra y el enemigo más acérrimo del bien que conozco, más incluso que la pura y dura maldad. Como, por regla general, la persona estúpida está contenta de haberse conocido, satisfecha de sí misma, si la irritas, puede volverse peligrosa y lanzarse cual ariete, porte o no en su diestra estilete o piolet, contra ti; así que, se requiere sumo esmero a la hora tratar con una persona estúpida, más que con una malévola. Para sacarle el máximo provecho a la estupidez conviene entender su naturaleza. La sandez, en esencia, más que un defecto intelectual, es una plaga moral. Hay personas que son ágiles, diligentes, desde el punto de vista intelectual, pero zoquetes, y otros que son lerdos, lentos en lo tocante a sus talentos, pero avispados. Mi impresión es que la estupidez no es un defecto congénito, sino que, en determinadas circunstancias, las personas se vuelven cazurras o, mejor dicho, permiten que la estupidez se adueñe de ellos. La estupidez es menos un problema psicológico que sociológico. El poder que ostenta el dirigente o mandatario, ya público, ya privado, necesita del concurso inexcusable de la estupidez, generalizada o no, del ciudadano, torpe o no. La persona estúpida a menudo es testaruda, pero eso no significa que sea dependiente de criterio, pues ella se siente independiente en lo que atañe al tal. Quien habla con un estúpido, siente que no está tratando con él como persona, sino con consignas, eslóganes que han arraigado en él, esas cosas que le han cautivado y se han instalado en su mente como si fueran mantras (algo parecido a la invasora presencia de intrusos del cuento de Julio Cortázar titulado “Casa tomada”); está bajo un hechizo, sí, embelesado, embobado, pero también, maltratado y abusado por su propio ser, aunque no sea totalmente consciente del hecho. Convertido en una herramienta sin sentido, la persona estúpida también será capaz de cualquier mal, incapaz de ver que es malo.

El gran y grave problema de la estupidez consiste en que el imbécil desconoce que es un idiota. Y mientras los cretinos nos distraen con sus conspiraciones, afirmaciones sin demostración, alucinaciones variopintas y bobadas sin cuento, los malvados del planeta azul, la Tierra, avanzan con paso firme y sin hallar la esperada resistencia de trabas o vallas, encantados de que nosotros, los que tenemos criterio, estemos pendientes de los estúpidos, sin ser la oposición cívica a su desgobierno, sin reparar en lo obvio, que todos los tontos de remate que en el orbe son fungen, cuando no les da por fingir, de un perfecto caballo de Troya. Hemos resuelto combatir a los estúpidos e ignorar a los malvados. He ahí nuestro garrafal error.

La estupidez, es un palacio por cuya puerta de entrada penetra la manipulación sagaz del malvado, que se cree menos estúpido que él, el susodicho, pero también lo es. Ahí está el verdadero riesgo, porque casi siempre pasa inadvertido y eso hace imposible neutralizarlo a tiempo. Ahora bien, lo que nadie puede rebatir es que los estúpidos votan e, indirectamente, eligen gobiernos. Y así nos va a los cives mundi.

Así pues, desde que el mundo es inmundo, todos los seres humanos que hemos frecuentado la faz del orbe hemos sido necios alguna vez. ¿O no?

Hay expertos en detectar estúpidos; pero cualquier ducho o perito en dicha materia te dirá que el sandio no es consciente, sensu stricto, de que lo es.

Carlo Cipolla afirma en sus cinco leyes básicas de la estupidez humana, el segundo ensayo de su libro “Allegro ma non troppo”, lo siguiente:

1.Siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación.

2.La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona.

3.Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ganancia personal alguna o, incluso peor, perjudicándose a sí misma.

4.Las personas no estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida; constantemente olvidan que, en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso.

5.Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir.

De todo ello se colige que es más pernicioso para la sociedad el estúpido que el malvado.

Todos hemos sido alguna vez inteligentes, incautos, malvados y estúpidos, las cuatro categorías en las que divide a los seres humanos Cipolla. Ante dicha coyuntura, la opción más inteligente acaso sea la seguida por los dos hermanos de la cortazariana “Casa tomada”, Irene y el narrador, abandonarla y tirar la llave por la alcantarilla.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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