El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Con qué me sentiré recompensado?

¿CON QUÉ ME SENTIRÉ RECOMPENSADO?

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”.

Mohandas Karamchand, “Mahatma” (Alma grande), Gandhi

Cada vez que decido (o me decanto por) leer unas páginas de Friedrich Nietzsche me acostumbra a suceder lo mismo, que paso mi vista (y sigo pasándola por las líneas de sus libros) hasta que hallo una de sus frases geniales, concentradas píldoras de pensamiento, porque, cuando eso ocurre, cuando me doy de bruces o topo con una de las susodichas, indefectiblemente, me brotan unas ganas irrefrenables de intentar ordeñarla, como si tuviera ubres cual cabra o vaca, y me pongo a ello hasta que logro extraerle toda la leche que abrigaban y/o contenían esas mamas.

Eso es lo que me acaba de pasar con la presente, la última que he anotado en mi libreta de apuntes: “Contamos con el arte para que la verdad no nos destruya”. En los dos versos en los que cabe dividir el aserto nietzscheano, uno, heptasílabo, y otro, endecasílabo, en su versión al castellano, barrunto que hay escondido/a mucho alimento líquido, quintaesencia o sustancia nutritiva. Comprobemos, de manera fidedigna, si la intuición o la sospecha tiene base real, esto es, si es creíble, verosímil.

Contamos con el arte (aquí cada quien escogerá del abierto abanico que se le presenta la varilla pertinente, distintiva y/o relevante, y colocará detrás de dicho vocablo, arte, el adjetivo conveniente u oportuno, el que más le cuadre o encaje, el que le corresponda, en el que él crea o sienta, sin vanagloriarse, que es más ducho; este menda, como lo tiene claro, cristalino, ni siquiera ha de elegir, porque el adjetivo de marras le viene impuesto: literario) para que la verdad (que todo ser humano es mortal, y a ti y a mí la parca también nos hará el guiño fatal, letal, el día menos pensado) no nos destruya.

Tengo la plena convicción de que lo único que quedará de mi fugaz paso por el valle de lágrimas con el que cabe identificar mi existencia en el planeta azul, la Tierra, serán unos pocos posos, o sea, algunas de mis urdiduras, escritas en prosa o verso, mi literatura. Y, por ese motivo le he dedicado tantas horas. Cuando ya no esté presente, no deseo ser estatua sobre la que unas cuantas palomas defequen a su antojo, sino que un lector (sea niño, joven, adulto o anciano) se lleve a sus ojos alguno de mis textos y eso, por una o varias razones de peso, le llene, y acaso le empuje o incite a escribir otros de su propia cosecha. Con eso me daré por bien pagado. Esa será mi recompensa.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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