A UN POLVO CON TAMARA HA RECORDADO,
AUN SIN SU PIEL AÚN HABER CATADO
Pedí a una camarera que me hiciera
Un bombón especial, descafeinado;
Y quedé, tras probarlo, alucinado,
Feliz de que el suceso aconteciera.
Sin que mi intención ella descubriera,
En leer me empeñé el nombre grabado
En su chapa: Tamara; y fascinado
Seguí sin que ella de ello cuenta diera.
Un compañero suyo esta pregunta
Me formuló: ¿el bombón a qué ha sabido?
Y yo le respondí, una vez sorbido,
Lo que otro adujo y este menda apunta:
A un polvo con Tamara ha recordado,
Aun sin su piel aún haber catado.
Ángel Sáez García