La historia, los secretos, los vicios y las virtudes de los corresponsales

REPORTERO DE GUERRA: Robert Capa en blanco y negro (LIII)

Dudas e interrogantes sobre la autenticidad de «Muerte de un miliciano», la mejor fotografía de guerra de la Historia

REPORTERO DE GUERRA: Robert Capa en blanco y negro (LIII)

Así como Guernica se convirtió en la alegoría de la barbarie fascista en la Guerra Civil española de 1936, una foto de Robert Capa, sobre la muerte de un milicianorojo‘ en plena carga contra las trincheras enemigas se transmutó en emblema del sacrificio republicano.

Capa fue un fotógrafo excepcional, valiente y capaz. En 1954, cuando ya se consideraba ‘retirado‘, la editorial Mainichi Press le invitó a viajar a Japón para participar en el lanzamiento de una nueva revista ilustrada, pero finalmente se suspendió el viaje: a finales de abril.

Howard Sochurek, el fotógrafo de Life que cubría desde hacía varios meses la Guerra de Indochina, tuvo que regresar a Estados Unidos y el editor de la revista convenció a Robert Capa para que le reemplazara en el frente.

En la madrugada del 25 de mayo, mientras acompañaba a una expedición del ejército francés, junto con dos corresponsales más por una espesa y peligrosa zona boscosa bajo fuego, Capa decidió bajarse del Jeep y adelantarse a pie para fotografiar el avance.

Entonces el pelotón escuchó una explosión, había pisado inadvertidamente una mina que le voló la pierna y le produjo una grave herida en el pecho.

Robert Capa en el Dia D, Desembarco de Normandia.

Fue llevado en ambulancia pero murió camino al hospital, siendo el primer corresponsal estadounidense muerto en esta guerra y terminando así una azarosa vida profesional, guiada por una frase mítica:

«Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, es que no te has acercado lo suficiente».

Robert Capa dejó un legado de 70.000 negativos: un testimonio visual apabullante reunido a lo largo de veintidós años de intensa carrera profesional.

El Dia D, Desembarco de Normandia.

De esas 70.000 imágenes, fue la foto del miliciano español, con los brazos abiertos y la cabeza proyectada hacia atrás, la que además de catapultarle a la fama, ha tenido más trascendencia.

La fotografía, la más reproducida del conflicto, apareció en dos revistas francesas en 1936, pero no se hizo internacionalmente famosa hasta que no salió en Life, en julio de 1937.

Robert Capa, un fotógrafo excepcional.

Una de las particularidades de esa foto es que apenas revela nada. Ni siquiera se sabe donde estaba Capa en el momento de pulsar el disparador.

En Life se explicaba que habia sido tomada en el frente de Córdoba y que registraba el momento en que un miliciano se desplomaba con la cabeza atravesada por una bala.

La foto de Robert Capa, sobre la muerte de un miliciano ‘rojo’.

Algún cínico ha señalado que si la foto hubiera llevado por pie algo así como «un miliciano resbala y cae durante un entrenamiento», carecería de valor.

No deja de ser paradójico que la autenticidad de lo que, según los peritos, es la mejor fotografía de guerra de la Historia dependa hasta ese extremo del texto escrito en su margen inferior.

Captura de un soldado alemán, de Robert Capa.

No sabemos quién es el sujeto. Su rostro aparece borroso, pero es aventurado afirmar con certeza que se debe al tropezón, al brutal impacto directo de una bala o a la onda de una explosión.

El miliciano conserva incluso su gorro. Tampoco se puede determinar el escenario porque no hay en el cuadro accidente geografico alguno que permita distinguir su localización.

Robert Capa en Corea.

Capa, que escribió muchas cosas sobre otras fotos, apenas ha dejado testimonio alguno sobre la «Muerte del miliciano».

John Hersey, también corresponsal de guerra y ganador del Premio Pulitzer, publicó en su día un artículo sobre Capa en el que manifestaba que el fotógrafo le había confesado haber captado la imagen en agosto de 1936.

Milicianos de la Brigadas Internacional, de Robert Capa.

Según esta versión, unas docenas de milicianos fanatizados intentaban desalojar a los nacionales de una trinchera cercana pero, cada vez que escalaban el parapeto aullando vivas a la República, eran frenados en seco por las rafagas de una ametralladora.

Repitieron la operación dos veces y siempre con resultados similares. A la tercera intentona, según está versión, Capa izó tímidamente la camara, elevó los brazos todo lo que pudo y, cuando oyó el tableteo de la ametralladora, oprimió varias veces el disparador.

La Guerra Civil española.

No sabía lo que había captado y facturó la película sin revelar a París. Dos meses despues, desde la Agencia Magnum le informaron que «Muerte del miliciano» se estaba publicando en todos los diarios del mundo y que tanto su fama como su cuenta bancaria habian iniciado un ascenso meteórico.

Nunca se han despejado todas las dudas. En el anecdotario de O.D. Gallagher, corresponsal del Daily Express y durante cierto tiempo compañero de habitación de Capa, se incluye lo ocurrido un día en que se quejaron de la falta de acción y un comisario político republicano los condujo a unas trincheras cercanas al Hotel Florida, en Madrid, para asistir a unas maniobras.

Franceses agreden a prisioneros alemanes, tras la liberación de París.

Capa volvio encantado con el material que había conseguido.

Más adelante, cuando Gallagher alabó el realismo de «Muerte de un miliciano», el fotógrafo recalcó que lo borroso de la faz del hombre la hacia todavía mas genuina.

Guerra de Corea.

El autor explicó divertido que una verdadera foto de acción nunca debe aparecer perfectamente a foco:

«Si te tiemblan un poco las manos, la imagen mejora sensiblemente.»

Gallagher no llegó a insinuar que «Muerte de un miliciano» fuera una escena tomada en esas u otras maniobras, pero tampoco se molestó en iluminar todas las sombras al respecto.

Hemingway con milicianos rojos, en el frente, durante la Guerra Civil española.

De lo que no hay duda alguna es de que Robert Capa era un fotógrafo sublime, un periodista de raza y un reportero de guerra excepcional, lo que no se puede decir de otros personajes tan emblematicos y famosos como el.

Me refiero, en concreto del siempre magnificado y mundialmente idolatrado Ernest Hemingway.

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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