El escritor da una larga lista de elementos contaminantes que los 'comprometidos' jóvenes usan sin freno

Sánchez Dragó desmonta en un plis plas todas las mentiras ecológicas de la secta de la «bruja» Greta Thunberg

"Me pregunto cuántos, entre los líderes de la demagogia, los teenagers indignados y las listillas que barren hacia dentro, están dispuestos a prescindir de la calefacción y del AC"  

Sánchez Dragó desmonta en un plis plas todas las mentiras ecológicas de la secta de la "bruja" Greta Thunberg
Fernando Sánchez Dragó y Greta Thunberg.

Fernando Sánchez Dragó no engaña a nadie y es uno de esos intelectuales que no sigue como un borrego a la masa, sobre todo cuando se trata de cuestiones que se siguen porque, de repente, ha surgido de la nada una especie de ‘Mesías‘ que viene a enmendar la plana a todo Cristo.

Al columnista de El Mundo le sucede eso mismo este 1 de diciembre de 2019 con esa ‘líder’ de la ecología llamada Greta Thunberg:

Europa declara el estado de emergencia climática. Sí, y yo declaro que me va a tocar el gordo esta navidad. Los chicuelos se echan a la calle con pancartas en las que avisan a los políticos de que su paciencia se está agotando. Tengo ahora ante los ojos una fotografía que parece tomada en el mayo francés. Una hilera de chicas monísimas y de chicos pijísimos vociferan consignas ultraecológicas y se lo pasan pipa. La bruja Greta avanza hacia Portugal no a horcajadas de una escoba, sino en la hamaca de un catamarán de lujo para desplazarse desde Lisboa hasta Madrid en un automóvil detox y montar en la cumbre del clima el numerito que tantos réditos le da.

El escritor se hace una pregunta de cajón:

Me pregunto cuántos, entre los líderes de la demagogia, los teenagers indignados y las listillas que barren hacia dentro, están dispuestos a prescindir de la calefacción y del AC, a apagar de por vida las pantallas de sus PC, a tirar a la basura –¡no, no, a la basura no!– las baterías de sus smartphones, a tener sólo dos jeans y dos bragas de solterona en su fondo de armario, a no practicar el deporte del shopping durante el Black Friday, a llevar sus coches, sus patinetes y sus bicicletas al chatarrero, a cargarse a pedradas las bombillitas de la navidad, a no pasar el weekend en el chaletito de la sierra con enanos en el jardín, a no morder el anzuelo de las ofertas low cost para ir y venir en veinticuatro horas a Cancún haciendo escala en Kiev, a ducharse con un hilillo de agua fría tan solo una vez a la semana.

Y prosigue cuestionándose si esos jóvenes serán capaces de:

No calzarse unas zapatillas New Balance para hacer running en las cintas del Gymage, a no llevar en las mochilitas del Primark un botellín de falsa agua mineral para que sus pieles se hidraten y sus cutis no se marchiten, a no ponerse auriculares inalámbricos conectados al iPhone, a no calzarse en la muñeca un iWatch para colgar fotos cursis en Instagram, insultar a alguien en Facebook, garabatear máximas de maestro Ciruelo en Twitter e informar por WhatsApp a l@s amig@s de que están desayunando churros en una chocolatería, a no zamparse un McMenú Extreme con medio litro de Coca-Cola Zero en el McDonald’s más cercano o un contenedor de palomitas en el estreno de la última película de la Disney

Concluye Dragó con una verdad universal:

Todo eso, jovencitos, contamina cantidubi, alimenta las cuentas corrientes de los plutócratas e infla los beneficios de las multinacionales. No sois víctimas del Sistema. Sois sus proveedores, sus lacayos y sus fuentes de financiación.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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