EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO SIGUE PAGANDO ALTAS FACTURAS POR PERMANECER EN LA MONCLOA

La ‘renconciliación’ de Sánchez: los golpistas del 1-O, en libertad; los policías, apestados

El Ministerio del Interior despacha con cajas destempladas y una jubilación irrisoria a los funcionarios policiales que se partieron (y les) partieron la cara en los disturbios con los independentistas

La 'renconciliación' de Sánchez: los golpistas del 1-O, en libertad; los policías, apestados
Pedro Sánchez prefiere darse la mano con Oriol Junqueras antes que velar por los agentes que lucharon contra las hordas independentistas.

Curioso el manejo que tiene de las palabras el presidente del Gobierno de España.

Pedro Sánchez se ha convertido en un consumado maestro en el arte de retorcer los vocablos hasta convertirlos, en su proverbial lenguaje, en lo contrario de lo que significan.

El inquilino de La Moncloa lleva tiempo preparando el enjuague adecuado para poder poner en la calle a la banda golpista de los Oriol Junqueras y compañía.

Y para ello no ha dudado en usar instituciones oficiales como el Parlamento Europeo o el Congreso de los Diputados para tratar de que los españoles comulguen con una rueda de molino indigesta como la de los indultos.

«Ni venganza, ni revancha», afirmó campanudamente el mandatario socialista quien, además, tampoco tuvo empacho en reinterpretar a su conveniencia la Constitución Española asegurando que esos dos principios no son valores constitucionales.

Lo diabólico que se esconde tras las pretensiones de Sánchez es que mientras los golpistas saldrán de la cárcel, los que tuvieron que partirse literalmente la cara para sofocar las revueltas de los independentistas se ven señalados, apestados y, en algunos casos, teniendo que salir por patas de esa ‘idílica’ Cataluña.

Ángel e Iván, dos efectivos de la Policía Nacional que se llevaron la del pulpo durante las revueltas separatistas en Barcelona en octubre de 2019, cuando se conocieron las penas de prisión a los líderes del procés, han tenido que acabar pidiendo la jubilación.

El caso del último agente, Iván, es el más sangrante puesto que no solo se jugó literalmente la vida.

Aparte de un golpazo que llegó a agrietar su casco técnico y le dejó sin sentido en el asfalto, después se vio señalado por las hordas secesionistas cuando fue visitado por Pedro Sánchez en el hospital y alguien tuvo demasiada prisa en difundir la foto.

Desde ese momento, ese policía quedó señalado, tuvo que salir de Cataluña junto con su familia y, a pesar de la pérdida de visión y de tener que luchar a diario con una fuerte depresión, el Ministerio del Interior le ha despachado con una cutre pensión de apenas 1.000 euros.

El ya expolicía tiene un certero recuerdo de lo sucedido excepto del momento en el que recibe el impacto que le dejó postrado diez días en la Unidad de Cuidados Intensivos:

Recuerdo el olor a quemado. Íbamos ya con el chaleco antitrauma puesto y el 100% del material antidisturbio. La gente iba embozada y lanzaban de todo: piedras, adoquines, artificios pirotécnicos…Recuerdo una lluvia de piedras incesante de gente situada a 15 o 20 metros, protegidos tras barricadas formadas por contenedores y maceteros. Después nos ordenaron desplazarnos a la derecha y ya no recuerdo exactamente qué sucedió.

Ángel también se ha visto abandonado por sus superiores. Y eso a pesar de que durante las violentas jornadas en Barcelona estuvo en un tris de quedarse con un brazo inutilizado.

El ya exfuncionario policial detalla como sus jefes se han desentendido de su caso:

Me he sentido abandonado. Ahora me tocará enfrentarme a la batalla burocrática para que se me reconozca que la incapacidad que desemboca en su jubilación no deriva de una enfermedad común sino de las lesiones sufridas en acto de servicio en Barcelona. Y espero que esto también sirva para que ningún compañero tenga que volver a pasar por esto. Me voy con una sensación más agria que dulce, porque nunca piensas que te vas a jubilar así.

Pese a estos testimonios, a Sánchez le puede más imponer su ‘concordia’ y sacar de los barrotes a quienes alentaron un golpe de Estado y, posteriormente, animaron a sus alimañas a incendiar las calles y a agredir a los agentes de la ley.

A este paso, Iván Redondo, el asesor aúlico del Palacio de La Moncloa, acabará proponiendo a Pedro Sánchez para el Premio Nobel de la Paz.

 

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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