Tengo algunos amigos a los que solo he visto una vez cara a cara. En algunos casos la amistad está condicionada a un sector de actividad, ya sea la literatura, la música, la inteligencia o la coctelería, por ejemplo. En otros, no. A veces ha habido una relación previa, amigos de amigos, grupos de interés común o correspondencia, pero en otros como en este, y no es el único, fue fruto de la pura casualidad y de la empatía que se produjo en el primer encuentro (lo contaré al final, como acostumbro cuando se trata más bien de un cotilleo). Eso fue, en mi opinión, lo que sucedió en mi primer y único encuentro hasta la fecha, me propongo que tiene que cambiar tarde o temprano, con Joaquín Campos, que hoy traigo a colación para dar a conocer una de sus últimas obras, Poeta en Pekín, de muy recomendable lectura, y de la que caben diversos calificativos: interesante, ilustradora, emocionante, divertida, desengañada, sexual, documentada, alcohólica, inspiradora, despiadada,cruda e insólita. Desmigaré un poco todo esto aunque lo más recomendable es que se haga con la obra y hago su propio viaje por la misma, trasladándose a la capital china en compañía de un literario cicerone con la que la conocerá de un modo diferente, y se sumergirá en variadas sensaciones, olores, miedos y mucha contaminación.
Cuando se ve el título, Poeta en Pekin, es posible que venga a la cabeza otro libro de poemas que ya va cerca de cumplir un siglo de su primera edición, Poeta en Nueva York, de Lorca, aunque no tiene mucho que ver, sobre todo porque la inmersión de Joaquín en China ha sido larga en tiempo y experiencias, y no un viaje de unos meses sin pretensiones de permanencia (pese a ello no dudo que es una de las mejores obras del granadino). A mí, de entrada, me vino más a la cabeza el título de una novela de un autor también muy polifacético, como Joaquín, y que siempre contó con mi admiración: Boris Vian: Entre sus obras se incluye El otoño en Pekin, donde, más allá del título, que en este caso poco tiene que ver con el contenido, puede que el lector curioso encuentre similitudes. Ahí lo dejo.
Entrando en algunos detalles sobre aspectos que me parece son de destacar y que me han llamado la atención, podría hablar de cómo derrama pura poesía sobre una descripción meramente urbana, lo que hace ya en «Cielo», primer poema del libro. El urbanismo desperdigado por la obra, mezcla su función de excéntrico guía por la ciudad con su afinado pulso poético en versos como «te piso hutong y me desangro por las comisuras de tus esquinas», para describir los callejones que aún viven en el viejo Pekín. Y así vamos conociendo si investigamos un poco, junto con la poesía, la ciudad: los diez carriles de la Avenida de la Paz Eterna, el barrio de tiendas y restaurantes o la Plaza de Tiananmén. Todo ello, como no podría ser de otra forma, con el sarcasmo fino del que Joaquín está bien dotado: «siempre estás a salvo, salvo de un infarto»…
Por cierto, no se habla de el otoño en Pekín directamente, aunque sí del otoño en Shanghái, ciudad que tan bien conoce igualmente el autor, y que, por lo que sé, seguro que le gusta más que la capital, pese a que allí «los árboles podados nos amputan las miradas». Frecuentes referencias a la naturaleza dentro de un contaminado y dizque criminal urbanismo fluyen por los versos, con su especial predilección por los chopos, e incluso por alguno en concreto: «chopo, tú siempre serás mi orgasmo». Igual que las botellas de vino, descorchadas en un continuum que el libro recorre, y que, pese a su brevedad, da para muchos corchos. Salpimentado siempre con una cierta sensación de asco, de enfermedad, de oscuridad contaminante y tóxica, tanto en lo puramente físico como en lo sociopolítico, aspectos que gotean de continuo alrededor del rastro del vino. Y de vez en cuando, una sorpresa, un giro: un llanto por un embrión, la senda de la tristeza, la soterrada melancolía, la soledad ante el tumulto…

Si le interesa una información más concisa sobre el libro, esto es lo que indica en el mismo la Editorial Renacimiento, que lo publica: «»París, Venecia y Nueva York son ciudades que asociamos a grandes versos y poetas. En Pekín, y sobre la capital china, seguro que también se han escrito poemas pero no son fáciles encontrarlos firmados por un extranjero en un país donde la censura (y autocensura) ejerce –y se ejercía– mientras él escribía y allí residía. Joaquín Campos campa a sus anchas en un alegato a favor de los chopos, las estaciones, el asfalto, los secundarios, y contra la polución, el poder, la apariencia y el invierno que deja a los chopos completamente desnudos. Poeta en Pekín quiere ser un homenaje a todos aquellos que, sintiendo lo mismo que Campos, se ven imposibilitados de narrarlo por haber nacido dentro de una trituradora, que con mucha suerte, sólo te deja en cueros. Presumiblemente el cuerpo diplomático chino no acatará este poemario como tampoco aceptó el Nobel de la Paz a Liu Xiaobo.
FICHA TÉCNICA
| ISBN | 9788417950774 |
| Fecha de publicación | 05/2020 |
| Editorial | Editorial Renacimiento |
| Colección | Renacimiento |
| Nº en la colección | 141 |
| Edición | 1ª Edición |
| Altura | 120 mm |
| Anchura | 170 mm |
| Encuadernación | Rústica |
| Número de páginas | 88 |
| Idioma | spa |
¡Ah, el cotilleo! Pues resulta que desde hace muchos años suelo comer de vez en cuando con una buena amiga para intercambiarnos fragmentos de nuestras vidas e inquietudes, y cada vez elige el sitio y abona le importe uno de los dos. En una ocasión, creo recordar que fui yo, (si no que me corrija ella cuando lo lea y lo cambio, ¿vale?), reservé en un restaurante donde en aquel tiempo, allá por el 2004, se hablaba mucho, La Ñora, sito en la madrileña calle Villalar, muy próximo a la Puerta de Alcalá. Esta es la reseña que en sus apuestas para el 2004 le hizo en Metrópoli mi buen amigo Joan Merlot (a este le he visto más): «En septiembre de 2003, el estrecho localito que ocupara El Avestruz cambió de dueño, de nombre y de concepto por obra de este ex de Casa Benigna y Príncipe y Serrano, que apuesta por el arroz a banda con alioli de frambuesa, la presa de ibérico pimentonada o las trompetas amarillas a la crema con cañaíllas». Allí nos encontramos para comer a eso de las dos y media y nos atendió el propio Joaquín, con quien fuimos manteniendo una conversación paralela a la nuestra propia mientras comíamos y bebíamos, las tres cosas (comer, hablar y beber) con profusión. tanto que, cuando pedimos una copa de sobremesa, Joaquín pasó a sentarse con nosotros y las dos charlas paralelas se convirtieron en una sola. Terminada la copa, le dijimos que íbamos a tomar algo más cerca si nos sugería un sitio, y tuvo la amabilidad de acompañarnos, continuando los tres en animada charla hasta que Joaquín miró el reloj y vio que era hora de empezar con las cenas. La verdad es que nunca le he preguntado qué tal le fue aquella noche en el restaurante, pero si él llega hasta aquí y nos lo quiere contar, este espacio queda a su disposición. Que conste. Al poco Joaquín se fue a Oriente de donde vuelve cual rey mago con algún libro nuevo, y muchas cosas más, y despliega sus alas por su Málaga natal expandiendo sus proyectos al ancho mundo. Anda, y por cierto, yo cuando nací también era malagueño. Ahora no, pero esa es otra historia:).
Poeta en Pekín
Autor: Joaquín Campos
Edita: Editorial Renacimiento
Formato: 12 x 17 cms
Páginas: 88
Encuadernación: rústica con solapa
PVP: 9,90 €

