El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (VIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (VIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Compruebo que vuelves por tus fueros. Como, de costumbre, insistes en seguir arremetiendo, temerario, aunque luego repares en que te has metido en camisa de once varas y/o has acabado metiendo la pata hasta el mismísimo corvejón.

No te recuerdo la parte del guion de “El club de los emperadores” que coloqué en el inicio de mi relato (de una verdad ficcionada —al parecer, tú has interpretado dicho vocablo como te ha venido en gana; tal vez, así, “de ficción, nada”—), pero, por lo que has escrito y yo deduzco de lo que leo, ¿no crees que, tal vez, debería?

Tengo para mí que tu parecer tendría que basarse o fundamentarse más en lo estético o literario de la narración que en lo ético de la misma. ¿Te has preguntado acaso por lo precipuo? O sea, ¿qué parte del relato es verdad y qué parte es ficción o mentira? Me consta que a mí, su autor, no le has preguntado al respecto. Ergo, lo desconoces. Por lo tanto, ignorando, como es claro y evidente que ignoras, lo principal, ¿no te das cuenta de que tu opinión sobre la ética del mismo está plena de prejuicios? ¿Cómo puedes opinar, dando por sentado que no te consta lo que de verdad ocurrió y sirvió de barro para que yo lo moldeara con mis manos y a mi manera? ¿Has considerado la posibilidad de que el texto que has leído sea sólo un ejercicio literario, como, asimismo, lo es este escolio?

En serio, te agradezco que me hayas indicado e incitado a leer el poema de Prévert, del que nada sabía. La traducción que he leído de él me ha gustado sobremanera.

Seguiré con el ejercicio literario más tarde. Ahora toca urdir una décima crítica sobre cierto político navarro.

A ver, mi preferido espontáneo, como esperaba (así lo había previsto —si le preguntas a mi amigo Emilio González, “Metomentodo”, te lo confirmará—) que un escoliasta (o más de una/o), al menos, echara mano, de una manera más o menos velada, de la locución latina “excusatio non petita, accusatio manifesta”, respóndeme, por favor, a la cuestión que sigue. ¿Ha habido algo que te haya preocupado más que hacer a las y a los adolescentes actuales y futuros lo más virtuosas/os posible? Si me respondes que “nada, indudablemente”. Diles a las lectoras y lectores de este blog, que serán nuestras/os juezas/ces, qué hombre (varón o hembra) es la persona mejor preparada, según tu criterio o parecer personal, del orbe y/o de la urbe (no metas en más berenjenales al reciente Santo Padre o Sumo Pontífice, Francisco) para optimizar la condición de las/os púberes citados. Porque no puede ponerse en duda que tú lo sabes, ya que tanto te preocupa este asunto.

Así pues, como has encontrado al que las/os corrompe, y hasta lo has acusado ante las/os juezas/ces aquí presentes, es preciso que digas quién las/os hará mejores. Espero con paciencia tu respuesta. Porque, si callas, si permaneces perplejo ante mi sencilla pregunta y te cuesta contestar, ¿no te parecerá esto vergonzoso? ¿No es la prueba cierta, definitiva, de que jamás ha sido objeto de tu preocupación la educación de las/os adolescentes?

Espera que te haya gustado mucho que haya seguido con el ejercicio literario prometido quien te saluda, aprecia y abraza,

Ángel Sáez García
[email protected]

Post Scríptum. No temo qué dirán otras/os, si es que dicen algo, al respecto. Como urdió santa Teresa de Jesús en un poema que me sirve de oración habitual: “Dios no se muda”.

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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