El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (LXVIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXVIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

No te martirices, lo hecho hecho está. Si no han salido los exámenes como esperabas, tendrás que dedicarte, esforzarte y sacrificarte más (o sea, el clásico o proverbial DES), para ponerle a eso oportuno remedio en las próximas ocasiones.

Ya sabes lo que urdió en su “Epístola a los Pisones” (“Ars poetica”) Horacio: “Omne tulit punctum qui miscuit utile dulci, / lectorem delectando pariterque monendo” (“Se llevó todo el galardón quien mezcló lo útil con lo dulce, deleitando al lector y al mismo tiempo aconsejándolo”).

En Cornago, por san Blas, me lo pasé bien, como siempre, sin hacer nada extraordinario. A no ser que lo fuera cenar dos días con mis primos y amigos en la bodega de mi tía María. Y, asimismo, el resto de las acciones que suelen acompañar o rodear de ordinario a este hecho. Había previsto acercarme a saludar a tus padres el domingo por la tarde, pues, en principio, mi primo Nicolás me iba a bajar el lunes por la mañana en su coche a Tudela. Pero, de manera inopinada, hizo acto de presencia mi hermano Miguel Ángel, “el Chato”, el día del Señor y me bajé con él después de comer. Así que me marché de Cornago sin saludar a tus progenitores. Te encargo que lo hagas tú y que les expliques la causa o razón de mi feo.

Sigues deambulando por tus acostumbradas calles, plazas y paseos, esto es, andando por donde solías, quiero decir, siendo el que eras, un coñón de marca mayor. Has hecho que, cual pipiolo, acudiera al DRAE para comprobar si, de verdad, este recogía la zumbona e improbable acepción que dabas de “señorita”. Sobre el diminutivo, algo aprendí a propósito de sus usos, en cuarto curso de Filología Hispánica, en clases de Gramática General I, impartidas por el doctor Félix Monge (con ge, sí).

Desde que leí una frase suya, “todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”, y otras, igualmente
interesantes, a don Santiago Ramón y Cajal no le falta esa voz monosílaba indicativa de la admiración y el respeto que le guardo, profeso y/o tengo.

Me extraña que no hayas aducido otra razón. ¿No has caído en la cuenta de que esa es la dirección consabida y notoria que acompaña a mi firma (aparece siempre debajo de ella)?

Lo supe, porque acudí a Internet (Wikipedia) a cerciorarme de ello.

Parafraseando a Julio César, te preguntaré: ¿Desconfiado tú, también, dilecto mío? Ya somos dos (me consta que somos legión).

Y como colofón, parafraseando ahora a Rita Levi-Montalcini, aseveraré que el hombre canaliza o expresa su creatividad elaborando, a veces, “urdiblandas” simples y perfectas, que no requieren modificaciones posteriores, y, otras veces, tramando urdiduras más complejas, toscas e imperfectas que, por su propia naturaleza, necesitan ser enmendadas y pulidas. Como, casi con total seguridad, haré con este escrito y, sin ninguna duda, con el que lo precedió.

Queda tuyo, agradecido por el ditirambo, quien te saluda, aprecia y abraza, como hace habitualmente,

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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