EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXXXIX)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Bienvenido al club de los que reconocemos nuestros errores siempre que alguien, no importa quién, nos los hace ver.
Bien traídas las palabras que hace dos mil años, según los evangelistas (Mateo, 7, 20: “así pues, por sus frutos los conoceréis”; y Lucas 6, 44: “porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas”) dicen que pronunció el hijo de un carpintero.
En España, ciertamente, de un tiempo a esta parte, por un lado van las palabras y por otro las obras. Al parecer, de nada sirvió para algunos que Sócrates, aquel que dijo que solo sabía que no sabía nada, y que convenía que cada quien se conociera a sí mismo, pasara por la vida, pues no advierten en el pedagogo, maestro y/o filósofo ateniense las diversas estelas o los rastros varios que dejó, verbigracia, esta/e, que lo importante no es vivir, sino vivir justamente. Sócrates prefirió beber la cicuta y, como consecuencia, morir en una ejecución injusta, a violar las leyes de Atenas, a las que había prometido obediencia.
Hay quien se escuda y esconde tras la égida de una reclamación injusta (que acaso sea benéfica para unos, pero es lesiva para otros, en este caso, el resto de los españoles que no son catalanes, que no pueden ejercer el mismo “derecho a decidir”) para dejar de gobernar y de acatar las leyes, Mas, que, por lo que uno ve y escucha, se cree más astuto que Sócrates, “el mejor hombre, podemos decir nosotros, de los que entonces conocimos, y, en modo muy destacado, el más inteligente y el más justo”, según palabras de Platón (en el diálogo que lleva el título de “Fedón” —o “Sobre el alma”—).
¿Las paradojas de las que das cuenta no te recuerdan esa expresión que dice que “la vida da muchas vueltas” (o “¡Cuántas vueltas da la vida!”)? O, mutatis mutandis, ¿la parábola de Jesús de Belén (o Nazaret), que relata Mateo en el capítulo 20 (1-16) de su evangelio y termina con estas palabras: “Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”? A mí sí, cambiando lo que debe ser cambiado, claro.
La transparencia es la conditio sine qua non que debe cumplir a rajatabla quien aspire a ostentar cualquier cargo público. Y, así mismo, es una cualidad muy apreciada en el amigo (sea él o ella).
(Adenda: Para las/os no iniciadas/os, que acaso no entiendan mi referencia a Sócrates, seré más transparente, quiero decir, sacaré a colación lo que mañana, jueves, pretende el claustro extraordinario de la Universidad de Girona, retirar el título de doctora honoris causa a la eminente magistrada del Tribunal Constitucional María Encarnación Roca Trías, primera profesora de Derecho Civil en España y primera mujer en acceder a la Academia de Jurisprudencia y Legislación, por esta razón de peso, por no haber disentido en la admisión del recurso que presentó el Gobierno contra la ley de consultas y el decreto de convocatoria del Govern para el 9-N. Sí, señoras/es, a eso se le llama tolerancia. Si la desposeen del título, qué gran honor habrá recibido por parte de tan putrefacta Universidad.)
Te saluda, aprecia, agradece (que hayas rellenado la solicitud para entrar en el club mencionado arriba y hayas pagado la cuota del arrepentimiento, que no miento) y abraza.
Ángel Sáez García
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