EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXLVIII)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Como tú mismo adelantas, pues conoces la verdad (que nos hizo, hace y hará libres, como has leído y/o has escuchado leer ene veces en el versículo 32 del capítulo 8 del Evangelio de Juan) tanto como la sé yo, no me lo creo y hago bien en no tragarme tu patraña.
Ya sabes (te consta) qué pienso a propósito de la literatura, que tiene carácter profético, premonitorio, intuitivo. Y, asimismo, no ignoras qué urdí aquí mismo no hace tanto tiempo, una ficción en la que me hacía pasar por el presidente del Gobierno Mariano Rajoy y le brindaba a la señora Ana Mato la posibilidad de escoger entre dos opciones: o dimisión o cese. Bueno, pues, tras conocerse ayer el auto firmado por el juez instructor de los casos “Bárcenas” y “Gürtel” (que significa “correa” —por Francisco Correa Sánchez, empresario que encabezaba la mencionada trama de corrupción— o “cinturón” en alemán) Pablo Ruz, que tiene la intención de sentar en el banquillo a la exministra susodicha por haberse beneficiado del dinero o los regalos recibidos por su ex(marido) Jesús Sepúlveda, una de las 43 personas encausadas, Ana Mato presentó su dimisión a Rajoy que, por más de una razón, seguramente, se la aceptó.
Has hecho bien en poner los ojos como platos, que eso quiere decir “ojiplático”. Como era de esperar, echo mano del mismo argumento que empleé ayer en relación con tu voz “simpar”: aunque la dicción “ojiplático” no está aún admitida por el DRAE, me da a la nariz que pronto lo estará. Itero que has hecho bien, porque no tengo perro. Procuré ser fiel a la realidad y colocar la verdad (la frase incidental que aparecía entre paréntesis: “no hay engaño”) antes del embeleco. Y has dado de lleno en el blanco o centro de la diana al objetar que mi cuñada María José (puedes creerme a pie juntillas: existe, es la esposa de mi hermano Eusebio, de quien, últimamente, por diversos motivos —haber salido en varias televisiones ha contribuido en gran medida al hecho—, son legión los que me paran por la calle y hablan o preguntan por él), cuando está tumbada, no está derecha, razón que no puedo refutar.
Del poema que comentas y le urdí (eso me ha comentado ella, al menos, cuando al mediodía le he llamado por teléfono para felicitarla) sí se ha mostrado agradecida y contenta.
Te pido disculpas por la tardanza en contestarte, pero ya sabes la razón: ayer, cuando fui al cíber-café “Praga”, a Alberto no le había dado tiempo a recomponer el local. Ese fue el motivo por el que te llamé a casa, para advertirte de la imposibilidad de responder a tus dos comentarios.
Pues, como lógica consecuencia, te manifiesto lo que reputo una fiesta: celebré, celebro y celebraré que así sea, amén (ya perdonarás la batología, si ese es tu parecer, o el pleonasmo).
Si a tus ojos este soneto es mejor que aquel, deseo y espero que el resto de los que escriba igualen, al menos, la nota que le pusiste el sábado a este, el que comentaste.
Te consta que me he autoimpuesto la tarea inexcusable de urdir un soneto al mes. Y mi propósito es el de no fallarme (has leído bien; la primera vocal del verbo es una a, no una o; quiero decir, no dejarme en feo) a mí mismo.
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
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