El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CXCV)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXCV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

En mi décima empleo el vocablo “fresón” de modo metafórico. Uso dicho tropo para referirme al fruto (al producto o resultado obtenido del ingenio y del trabajo humano) que cada quien obtiene, tras dedicar o invertir ene años, meses, días y horas de su vida al DES (acrónimo, como sabes, de dedicación, esfuerzo y sacrificio).

¡Cuántas veces he escuchado (y alguna hasta leído) en misa, con ocasión de diversas bodas de deudos y/o amigos, sobre todo, la primera carta que escribió el “Apóstol de los gentiles” (quien, camino de Damasco, tras cegarlo una luz venida del cielo y caer a tierra —por cierto, en los Hechos de los Apóstoles nada se dice de que fuera a caballo— dejó de ser Saulo de Tarso para convertirse en san Pablo) a los corintios! ¡Y qué difícil (no faltará quien sostenga que es meramente imposible) alcanzar las calidades de dicho amor! Yo lo considero como la perfección del amor al que hay que aspirar, a sabiendas de que nunca lograremos obtenerlo del todo.

Me consta que son muchos los ricos (ellas y ellos) que van con cierta asiduidad a la iglesia. Qué pensarán (si es que piensan algo durante la celebración de la Eucaristía) cuando escuchan el versículo 24 del capítulo 19 del Evangelio de san Mateo (que coincide básicamente con lo que cabe leer en el de Marcos 10, 25 y en el de Lucas 18, 25): “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de los Cielos”. A pesar de que tengo para mí que no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita, ¡son tantos los necesitados! ¡Qué mundo tan injusto es este en el que nos ha tocado vivir, en el que apenas unos miles de personas son poseedores del setenta por ciento de la riqueza mundial! Me consta que hay ricos (entre los muy ricos) que dedican una parte importante de sus respectivas fortunas a obras de caridad, pero ¡son tantas las necesidades que hay que atender por un sinfín de razones!

Ignoro cuántas personas irán a Nepal a echar una mano de manera altruista, solidaria (no puedo acceder a sus conciencias para llevar a cabo las pesquisas preceptivas y cerciorarme del hecho), tras el seísmo y las réplicas, pero no faltarán quienes vean en sus gestos (modernas hazañas o gestas) algunos flecos que los hagan indigestos, algún interés (más o menos confesable). Desconozco cuántas verán en las calles y las plazas de los pueblos y las ciudades de la piel de toro puesta a secar a otros seres humanos tan indigentes como los nepalíes.

Está claro que es un objetivo prioritario erradicar la pobreza del mundo. Pero, ¡cómo se consigue tal cosa! ¿Quién le pone el cascabel al gato? Porque el mundo viene a demostrarnos un día sí y otro también lo público y notorio, que el pobre que no emigra para mejorar de vida (que acaso la pierda en el intento, mientras dure el duro viaje), si permanece en su lugar de origen, se muere (y no solo de inanición).

Es evidente que la calidad de nuestro amor al prójimo, más o menos próximo, deja mucho que desear; y que ser hoy un seguidor convencido, a ultranza, de Cristo es muy complicado (¿o acaso no lo es, tras recibir un golpe en una de las mejillas, poner la otra? ¿Y amar hasta tu enemigo, como decía que había que hacer el Nazareno?)

Te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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