EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXLI)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Hoy, domingo, 18 de octubre de 2015, en la última página o contraportada de El País, Pedro Casablanc (que, tal vez, se apellide así, cinematográficamente hablando, porque vino al mundo en Casablanca) le dice en una interviú a Juan Cruz: “Me parece que España se escribe con E de envidia, como dice una amiga mía”. Acaso tenga razón y unos (“los hunos”) critiquen a otros (“los hotros”) porque han hecho esos fichajes de los que hablas y otros a unos, o sea, viceversa, por haberse mostrado autosuficientes, tras las baj(ez)as o deserciones.
Hoy, a Carlos Boyero, en su columna de El País (página 59), que lleva el título de “Golfos” (que yo hubiera titulado “El toro —final de su primer apellido, Montoro— y el gallo” —final de su primer apellido, García-Margallo—) la trifulca que han mantenido en los medios (no en la arena o redondel, sino en los mass media) los dos ministros del Gobierno de Rajoy le ha llevado (impelido o empujado) a recordar “el mejor (ciertamente, no es manco) insulto de la historia” del cine (según criterio de Boyero, claro), la contestación o, mejor, el corte que en “Casablanca” Bogart le da a Lorre (que le ha preguntado esto: “Me desprecias, ¿verdad, Rick?”): “Si pensara alguna vez en ti, probablemente, lo haría”.
Ya perdonarás la digresión, el excurso.
Recuerdo casi, casi, fielmente, el diálogo:
—¡Pero este hombre es como los árboles, que empiezan por el suelo y terminan por la copa!
—¡Pos (o pues) vusotros (o vosotros) al revés, que empezáis por las copas y acabáis por los suelos!
Para “teatreros”, los mentados arriba (Montoro y Margallo). ¡Menos mal que vino la bombera, Soraya Sáenz de Santamaría, a (decirles que “entre bomberos, no nos pisamos la manguera”) apagar el fuego.
Así es, el padre Jesús Arteaga Romero, otrora profesor de ambos en el seminario menor de Navarrete (La Rioja) y director del coro, está en la comunidad camiliana de Sant Pere de Ribes. En un correo personal, le felicité por ese motivo, sus bodas de oro en el sacerdocio. Ignoro si escribe poemas y, si aún los urde, la razón por la que no me los manda. Aquí, en nuestra bitácora, “el blog de Otramotro”, he publicado cuantos me ha enviado.
Hoy mi señera y señora madre, iluminada, descansa de mí (más que yo de ella). Mañana, por la mañana (hasta darle la comida), volverá a soportarme (por darle tantos besos, a veces, solo a veces, me llama “canso”).
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
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