El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Por no alargar la cosa, no te objeto

POR NO ALARGAR LA COSA, NO TE OBJETO

Dilecta Pilar:

Te contesto a los dos correos en este (empezando por el que circulaba por otro cauce).

Habrás comprobado que han sido bastantes las variantes (deseo y espero que coincidamos en el criterio, a mejor; esa ha sido, al menos, mi intención) que hay, respecto del texto de la primera versión.

Has olvidado la actividad que engloba a todas las citadas por ti, corredor, ora de sesenta, ora de ciento diez metros vallas (dependiendo de si la prueba era en invierno o en verano) y de tres mil metros obstáculos (¡cuántas carreras de dicha distancia ha tenido que superar Jesús Vidal!).

A ver si me da tiempo. ¡Tengo tantas ideas hoy bulléndome en la testa! Te entiendo. Yo también estoy metido de lleno en varios textos. Todos andamos como podemos.

Barrunto que os va a quedar estupendamente. Con el cariño y las ganas que le estáis poniendo solo os puede quedar el libro como tú escribes, “casi perfecto”.

He sacado una copia, pero me temo que voy a tener que usar la lupa que tengo en casa para leer vuestros currículos o breves semblanzas. Por cierto (seguro que aguardas una zumba; pues ahí va), ¿por qué le habéis puesto a la niña, Diogenesa, una piruleta en el pelo? Perdónamela, por fa (y el resto de las notas musicales). Espero (lo mismo que deseo y celebraré, si así ocurre) que te hayas (son)reído; ergo, que no te hayas enfadado (por la broma o tontería pergeñada) conmigo. ¡Bendita risa, sí!, pues es la que propicia que sigamos tirando (peregrinando) por este valle de lágrimas.

Por no alargar la cosa, no te objeto. Lo siento. Me desdigo al instante, sí, pero es por este motivo sólido de peso, por que la tentación ha sido abrumadora. Ya sabes que aquí ni siquiera Dios (si es autocrítico, que, al menos, yo lo juzgo esperable) lo es, perfecto, asevero. Así que ¡bendita imperfección!

De nada. Me ha petado mucho tu artículo; y aún más por esta razón, que te fijaras sobremanera en lo que te gustó escuchar. Y todavía más, si cabe, que sí, que cabe, por que quien profiriera tales palabras fuera un héroe (si aún denominamos de esa guisa a quien ha sido un incontrovertible hacedor de hazañas o proezas).

Ya había advertido el yerro y (como has tenido oportunidad de constatar) había procedido a su correcta enmienda: discapacitado.

Seguimos ambos a lo nuestro. Yo, ahora, con un microrrelato, “El ‘Complejo de Esperanza’”.

Otro (de tu amigo Otramotro).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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