El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Puede que la verdad esté en el vino

PUEDE QUE LA VERDAD ESTÉ EN EL VINO

“(…) el pasado no ha pasado todavía: es una dimensión del presente sin la cual el presente está mutilado”.

Javier Cercas, en su artículo titulado “El triunfo del terraplanismo”, publicado en la página 6 del número 2.323 de EL PAÍS SEMANAL, del domingo 4 abril de 2021.

En lo tocante a la verdad, me confieso complejo, ecléctico, pues no miento un ápice o pizca al aseverar que soy, entre otros muchos posibles adjetivos que también podrían aparecer y/o figurar aquí, antes, en medio o después de los tres que me dispongo a destacar y/o nombrar, evangélico, machadiano y popperiano. Me explicaré, al menos, someramente, a continuación. Considero un axioma esa buena nueva que airea esto, que si la verdad nos hizo, hace y hará libres, la mentira (no la verdad que acarrea, anida y contiene la ficción, una mentira, pues habría que distinguir entre ambas) nos esclavizará tanto como nos esclavizó. La verdad puede proferirla cualquier persona que llegue a ella, independientemente de su condición, estado, raza, sexo,…; esto es, aducirla el rey y, asimismo, el más humilde se sus siervos (sea este un niño, un loco o un borracho). Y, en lo que concierne a ella, insisto, sigo el criterio aleccionador del creador del falsacionismo, el filósofo y profesor austriaco, nacionalizado británico, Sir Karl Raimund Popper, para quien la susodicha tenía carácter interino, provisional, pues duraba y perduraba en el tiempo, o sea, permanecía vigente, en pie, hasta que era contradicha o refutada y, por ende, abatida por otra, que la desplazaba del pedestal donde la anterior se había asentado o del trono en el que se sentaba, pasando a ocupar, en ese preciso momento, por derecho y mérito propios, su lugar.

Quienes hayan hecho el esfuerzo de acudir a la historia, hayan leído los anales y las crónicas y se hayan empapado de los datos y hechos fehacientes que allí obran, desechando las leyendas, comprobarán que el pasado, una vez reposado, deja poso, y no deja de suministrarnos información pertinente, distintiva y relevante para entender el presente y prever qué vientos soplarán en el futuro.

Independientemente de cuál sea nuestro ámbito de conocimiento o disciplina, el método experimental, basado en el ensayo y error, es el que sigue el investigador (ella o él) que pretende hallar verdades.

En toda persona que se dedique a estudiar a conciencia un asunto, el que sea, conviven verdades provisionales y, si hay suerte, alguna definitiva. Verbigracia, Nicolás Copérnico, en su obra “De revolutionibus orbium coelestium” (1543), dio a conocer su teoría heliocéntrica: el sol ocupa el centro del sistema y la Tierra y los demás planetas giran a su alrededor (acierto), describiendo (pensó él, craso error) órbitas circulares. Fue Johannes Kepler, un siglo después, quien, basándose en los trabajos de Tycho Brahe, constató el yerro copernicano, al demostrar que sus órbitas eran elípticas. Aunque para muestra basta con presentar un solo botón, pondré otro ejemplo. A la teoría del flogisto, formulada por Becher y Stahl, aceptada durante más de un siglo, para explicar el fenómeno de la combustión, le rebanó el pescuezo Antoine-Laurent de Lavoisier, que, por cierto, durante el Terror, por un error, fue falsamente condenado y perdió la cabeza, pues murió guillotinado .

In vino veritas” (“en el vino está la verdad”) dice la expresión latina que debemos a Cayo Plinio Cecilio Segundo, más conocido por Plinio el Viejo. Y, cómo no, he vuelto a recordar qué narra el autor anónimo de “El Lazarillo de Tormes” al final del Tratado primero, antes de vengarse y dejar al ciego sin narices, en lo tocante al tema recurrente del vino:

“—Por verdad, más vino me gasta este mozo en lavatorios al cabo del año que yo bebo en dos. A lo menos, Lázaro, eres en más cargo al vino que a tu padre, porque él una vez te engendró, mas el vino mil te ha dado la vida.

“Y luego contaba cuántas veces me había descalabrado y arpado la cara, y con vino luego sanaba.

“—Yo te digo  —dijo— que, si hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tú.

“Y reían mucho los que me lavaban con esto, aunque yo renegaba. Mas el pronóstico del ciego no salió mentiroso, y después acá muchas veces me acuerdo de aquel hombre, que sin duda debía tener espíritu de profecía, y me pesa de los sinsabores que le hice, aunque bien se lo pagué, considerando lo que aquel día me dijo salirme tan verdadero como adelante Vuestra Merced oirá”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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