El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Un genio es para mí «Metomentodo»

UN GENIO ES PARA MÍ “METOMENTODO”

No negaré la evidencia u obviedad; Emilio González, “Metomentodo”, tiene un pronto fuerte, duro, es decir, un carácter difícil, o, si lo prefiere usted, atento y desocupado lector (bien sea o sea sienta ella, bien sea o se sienta él) de estos renglones torcidos, complicado; y, además, mucho genio (del bueno y del malo o menos bueno). Entre sus vecinos aún circula el comentario coincidente, compartido, de que el señor González, propietario del piso segundo, letra E, por las mañanas (sobre todo) tiene un rostro hosco, como de no haber descansado bien, o sea, de no haber dormido lo apetecido. Recuerdo que cierta noche, tras rogármelo él con especial encarecimiento o insistencia, que yo colegí que era de veras, recién llegado él del hospital, velé (es mucho decir, sí, lo reconozco, sin requilorios) su sueño, sentado en el sillón de orejas de su salón de estar, y no sé cuántas fueron las veces que me desvelé, debido a los ruidos, de todo jaez, que oí por doquier, y me dije (y escribí en mi libreta): “¡Qué edificio de los demonios, donde los nictálopes abundan y los noctívagos, sin ninguna duda, son legión!”.

A pesar de ser un ente de ficción, considero a Emilio un amigo del alma, como lo son, verbigracia, “los Luises” (Calvo Iriarte y de Pablo Jiménez), o Pío y Diana, reales, ya que, como ellos, tiene su misma ventaja, es leal, pero carece del inconveniente o vicio que achaco a los mentados, pues para tenerlo a mi lado, en un santiamén, cuando me apetece o peta que me acompañe, no debo quedar previamente con él, tras llamarle, oportunamente, por teléfono, sino solo convocarlo y, al instante, aparece o hace acto de presencia.

Metomentodo es un contertulio idóneo, que busca razones de peso hasta en el fondo del asunto que estemos tratando y suministra a quien lo escucha con atención argumentos hipnóticos, sugerentes, con la virtud impar de que elaboran tesis que vienen a espabilar otras, las mías, que, tal vez, andaban adormiladas o aletargadas en mi cerebro; y, por regla general, no se enfada conmigo cuando me aprovecho de las suyas sin citarlo, ya que a mí me lo permite todo (excepto aquello que lleve aparejado la consideración de delito). Acaso (rectifico, sin acaso), le ocurre tres cuartos de lo que me acaece a mí, que es un bien nacido y, por ende, tan agradecido, empático y solidario como lo pueda ser yo, pues, si vive, es por la sencilla razón de que yo tuve la gentileza de crearlo de la nada.

Metomentodo, si fuera mujer, seguramente, sería mi esposa, pues, si con él me compenetro estupendamente, con ella gozaría de lo lindo, aprendiéndome de memoria todos los recovecos de su lasciva anatomía y, tras los juegos preparatorios, penetrándola, siempre que pudiera, que está visto que no, a diario. Si con él soy feliz, con él, en el caso de que fuera ella, sería doblemente dichoso, pues al placer emocional, intelectual, se le sumaría el genital, sensual, sexual.

No creo que al personaje literario que es Metomentodo lo mate nunca; y, si lo hago algún día, será porque he decidido dedicarme, en cuerpo y alma, a editar sus libros y a promocionarlos. En esa inédita colección de cuentos que es “La añagaza”, en el primero de sus relatos, que lleva, precisamente, el rótulo susodicho, por ejemplo, Emilio narra el subterfugio delirante de que él, presunto creador de Zeus (de esa guisa se presenta, al menos), el padre del panteón heleno, le instiló, a su vez, por ciencia infusa, a Aristóteles su definición de la amistad, fundamentada con miles de años de antelación, en la que mantenemos actualmente ambos, con una leve variante, pues el segundo “habita” del peripatético filósofo estagirita (no debió oír bien lo que le chivó Zeus) en el original, de Metomentodo, es “palpita”: “La amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que palpita de dos almas”.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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