TESELAS QUE COMPLETAN EL MOSAICO
“Hoy he soñado que estaba sentado en una de las varias salas de espera que hay en la zaragozana estación ferroviaria de Delicias. En un momento dado, he levantado la cabeza y, correspondientemente, la vista del libro que tenía entre las manos y andaba leyendo con gusto, y me he percatado de que un crío, de cinco o seis años de edad (no más), se hallaba junto a mi equipaje. Le he preguntado dónde estaban sus padres y, como el rayo, me ha contestado, con aplomo, que su madre, antes de despedirse de él y darle un beso, le había asegurado que yo era su padre y le ha dicho que se quedara a mi lado, que yo lo cuidaría bien, y conmigo viviría mucho mejor.
“Escribo la verdad pura y dura. Como no sabía qué hacer, he llamado al 091, le he explicado al agente que me ha atendido al teléfono cuanto me había acaecido y estaba ocurriendo y, al rato, pasados ocho o diez minutos, han aparecido dos compañeros suyos de la Policía Nacional, que, al emperrarse el niño en llamarme papá, eso ha impedido que pudiera subir al tren que me iba a llevar, de vuelta, a mi patria chica, Algaso, cuyo billete había adquirido con un mes de antelación por internet, como saltaba a la vista y era manifiestamente demostrable.
“Tras un proceso kafkiano, al final, para evitar sumar al desmán más problemas (de nada ha servido iterar hasta el hartazgo que estaba soltero y era estéril), reconozco, sí, absurdamente, porque mi decisión, amén de acéfala, era ápoda, pues no tenía ni cabeza ni pies, he aceptado hacerme cargo del niño, y hasta que el crío era mi hijo y hemos regresado (en puridad, yo, pues desconocía cuál era su procedencia; él, por su semblante, infinitamente más contento que yo) al septentrión peninsular”.
Los tres párrafos que acaba de leer el atento y desocupado lector, ella, él o no binario, son los iniciales de la novela que tituló su autor así, “¿Qué hace ese crío junto a mi equipaje?”, por la que le otorgaron el Premio de la Crítica y el Nacional de Novela el año pasado.
“Madrid, 26 de julio de 2023
“Gregorio (o ‘Goyo’):
“Puede que te moleste mi propósito. Sin embargo, te lo hago saber, aunque, que conste en acta, no es mi intención que te enfades conmigo por ello.
“Soy autor de textos escritos en prosa y en verso. Hasta el momento, he logrado conformar diez libros (con artículos de opinión, previamente publicados en prensa; cuentos, ensayos y poemas). Dos permanecen aún inéditos.
“El crimen atroz que cometiste (me has ahorrado tener que escribir el adverbio ‘presuntamente’, porque confesaste el asesinato) con tu benefactor me tiene tan intrigado (en ascuas) como perplejo. A fin de poder entender alguno de los porqués o razones de tu conducta vil (perdona que sea tan franco contigo), eso me ha empujado a escribirte, no un interés malsano o morbo.
“No pretendo ser tu amigo, pero, si de las posibles entrevistas que me concedas y de la lectura de las cartas que me escribas y envíes, surge una relación de amistad (dicen que el roce hace el cariño y considero que la base o el fundamento de ese adagio o aserto es firme), a pesar de mis muchas prevenciones, te prometo que no pondré óbices, objeciones o palos en las ruedas para que esa armadía siga surcando las aguas de este río. Ya veremos adónde llega.
“Ojalá constate que muestras alguna inclinación veraz por el proyecto que tengo entre manos, y que solo podrá iniciarse cuando haya concluido el proceso judicial que te aguarda. Puedes ponerte en contacto conmigo en el apartado de correos que aparece en el remite.
“Sin otro particular, te desea lo mejor,
“Evaristo Gómez, ‘Meteoro’”.
—¿Por qué mató a su padre adoptivo, si puede saberse, que se portó con usted, desde niño, como un verdadero progenitor, pues el suyo jamás ejerció de tal? —Preguntó el fiscal del caso.
—Por la sencilla razón de que incumplió la palabra dada, cuanto habíamos pactado. Ciertamente, no publicó lo que le confesé, en dicho acuerdo o trato verbal, en el ensayo que publicó sobre mi primer asesinato, pero sucumbió a la tentación, como todos hacemos, unos más y otros menos, y lo culminó, tal cual se lo narré, en uno de sus relatos. Como usted entenderá, no soy tan tonto como para revelarle en cuál. —Respondió Gregorio Ovejas Rabadán.
Ángel Sáez García