El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Por pluma de ganso hoy trenza Otramotro

POR PLUMA DE GANSO HOY TRENZA OTRAMOTRO

POR AUSENCIA HA BRILLADO SU CONGRUENCIA

Está claro, cristalino, que la locución verbal coloquial que al atento y desocupado lector (ella, él o no binario) de las presentes líneas le suena y conoce es otra, “hablar alguien por boca de ganso”, pero lo que me dispongo a referir aquí no es algo que yo les haya escuchado que saliera de los labios de la autora y el hacedor que luego citaré, sino lo que he leído que han escrito este fin de semana Ana Iris Simón, el sábado, y Fernando Vallespín, ayer, domingo, en el prestigioso diario EL PAÍS, con quienes abundo o coincido, ciento por ciento, en sus criterios o pareceres y me siento incapaz de mejorar.

Acostumbro a leer, prácticamente en su totalidad, de cabo a rabo, las versiones en papel del periódico global del sábado y del domingo (soy suscriptor del fin de semana). Bueno, pues quien lleve haciendo lo mismo que yo, desde hace una década, poco más o menos, y aprendiendo un montón coronando tal cosa, por cierto, habrá constatado, de manera fehaciente, que la coherencia (yo suelo definirla así: perfecta acomodación o ajuste entre lo que se piensa, la idea; lo que se dice, la declaración o expresión; y lo que se hace, la actitud o el comportamiento, la acción, el hecho en sí; ya que, si se advierte que, entre el pensamiento y la acción, ha aparecido una grieta o modificación, muda o mutación, aflora la incongruencia) del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE ha brillado por su ausencia en numerosos casos. Se ha contradicho en tantas ocasiones que la lista pormenorizada sería larguísima (mencionaré, no obstante, tres de sus asertos incumplidos: que no podría dormir con Podemos en el Gobierno; que jamás pactaría con Bildu; que no habría amnistía). Ahora bien, por una ignota razón (he oído que tiene el anagrama del PSOE tatuado en el glúteo izquierdo, pero eso para mí no es un argumento, y menos aún, de peso), las inconsecuencias en las que ha incurrido no han tenido los efectos electorales perniciosos previstos. Sigo pensando que el bluyín de la coherencia de Sánchez está roto, lleno de sietes, hecho jirones, pero, al parecer, aún vale para llevarlo puesto y que le oculten las vergüenzas.

A propósito de la ley de amnistía y el papelón (los cuatro folios del ignominioso acuerdo alcanzado por el PSOE y Junts, que lleva las firmas del milagrés Santos Cerdán León (secretario de Organización del PSOE) y el paretano Jordi Turull Negre (secretario general de Junts per Catalunya), he leído, durante el último finde, el sábado 11 y el domingo 12, en EL PAÍS argumentos, en mi opinión, impecables, con los que estoy de acuerdo, y les pido encarecidamente a sus autores el preceptivo permiso para poder citarlos.

De Ana Iris Simón (me refiero a su artículo sabatino rotulado “Menuda papeleta”, publicado en la página 12) reproduzco sus tres párrafos iniciales, incompletos:

“Pienso en Javier Cercas, que firmó una tribuna en este diario en la que aseguraba que no habría amnistía. Que Pedro Sánchez demostraría que ‘es más importante el futuro de la democracia que el presente del poder’. La tesis central de su exposición ha fallado, pero el resto sigue vigente, pues el texto explicaba magistralmente por qué la amnistía es una vergüenza.

“(…) Pienso en un familiar al que acompañé a votar y al que traté de convencer de que no lo hiciera por el PSOE. De que en el sobre estaba metiendo la traición a los trabajadores, a la izquierda antibelicista y a los saharauis. No sabíamos entonces que también estaba metiendo la traición al principio de igualdad ante la ley.

“Pienso en todos ellos y en que menuda papeleta. No la que introdujeron en el sobre, sino la que el PSOE les ha dejado como contrapartida: tratar de convencerse de que amnistiar a quienes han metido la zarpa en el bolsillo de los españoles es lo mejor para España (…)”.

De Fernando Vallespín (me refiero a su columna titulada “Un relato falso y victimista”) transcribo los dos parágrafos finales, asimismo, incompletos, que aparecen publicados en la página 29 (aunque su columna arranca en la 28):

“Hay un punto (4), que, a mi juicio, es el peor de todos y forma parte de su rendición a la narrativa del independentismo: las referencias al lawfare y la no disimulada extensión de la sospecha de que las actividades jurisdiccionales que afecten a cualquier independentista tienen un trasfondo político. Eso viene ya implícito en la propia concesión de la amnistía en vez de otras medidas de gracia y cubre de oprobio a todo el sistema judicial español y, de paso, a nuestra democracia. El resultado de esa inquietante cláusula de lawfare abre la puerta a un control por parte del legislativo al judicial que puede acabar convirtiéndonos en una democracia populista a la húngara. Ay de las sentencias que puedan entenderse con consecuencias lesivas para los intereses de quienes abominan de nuestro Estado. Los que vulneraron o vulneren la ley se van de rositas y los encargados de aplicarla pueden llegar a ser imputados por prevaricación. El mundo al revés.

“(…) En resumen, Junts ha ganado por goleada. No ya solo por conseguir la amnistía y lo que falte por llegar. Su gran éxito ha sido trasladar al resto de su odiada España el ambiente de crispación propio de los peores años del procés en Cataluña. ¡Chapeau! No sé lo que tendrá de tan irresistible la libido dominandi, la erótica del poder, para que compense ponerse en contra a todos los poderes del Estado e introducir al país en uno de sus mayores conflictos políticos internos desde la Transición. Y que no me vengan con la cantinela de que criticar este acuerdo es ‘de derechas’. Soy de izquierdas y he votado toda mi vida al PSOE. Créanme, esta es la columna que más me ha costado escribir”.

Nota bene

El autor (autora o autoras/es, si ha pasado el texto por varias manos) del editorial de ayer, domingo 12 de noviembre de 2023, de EL PAÍS, titulado “Respeto a las urnas”, escribe que la ley de amnistía que se presentará próximamente ante el Parlamento ha recibido críticas de instituciones, asociaciones, corporaciones varias y hasta de la Guardia Civil. ¿Se ha ocupado y preocupado de averiguar o indagar el porqué, las razones para dichas censuras? Le aseguro que, si busca, las hallará fácilmente y pronto, porque haberlas haylas.

El editorialista escribe: “El mensaje que ha adoptado el PP tras las elecciones del 23-J introduce una perversión sobre las reglas de juego en una democracia parlamentaria, donde es perfectamente normal que un Ejecutivo en funciones sea capaz de articular una mayoría para gobernar. Usar expresiones como ‘acuerdo vergonzoso y humillante’ o ‘traición a su historia y sus principios’ supone adoptar deliberadamente una retórica que dibuja un escenario catastrofista y de excepcionalidad para poder presentarse como restauradores del orden constitucional, aunque en realidad lo están erosionando”. Y yo me pregunto, ¿cómo llama el editorialista a ese público y notorio interés por interés, o impunidad por investidura? ¿Cómo llama a ese cambio de cromos, o do ut des, yo te troco o trueco que haya una amnesia completa de todos los delitos que cometiste y no vayas ni tú ni los tuyos a prisión por tus siete votos? ¿Cambalache? Yo veo, claramente, el interés particular de Sánchez de seguir en el poder y el mismo interés de Puigdemont y los suyos en librarse de los procesos judiciales en curso o futuros y la prisión, si era la sentencia resultante de los tales. ¿Dónde está o queda el interés general? Brilla por su ausencia, ¿verdad?

Tengo para mí que el Gobierno que va a salir del Parlamento, si resulta airosa, exitosa, la investidura de Sánchez, será legítimo, pero los procedimientos para lograrlo no. De ninguna de las maneras, el fin puede justificar los medios (ni tampoco su anagrama, los miedos). ¿Los 15.000 millones de la deuda que el Gobierno de Sánchez va a condonar a Cataluña, del total que esta había contraído con el Estado, a través del Fondo de Liquidez Autonómica, si hacemos caso al acuerdo al que llegó el PSOE con ERC, ¿sabe el editorialista quién los va a pagar? Eso, el resto de los españoles. Así que, por favor, no me venga con cantilenas, cuentos ni engañabobos.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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