El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Resurgirá otra vez de sus cenizas?

¿RESURGIRÁ OTRA VEZ DE SUS CENIZAS?

FABULOSA ES LA EPÍSTOLA DE SÁNCHEZ

¿EL MEJOR DETECTIVE? ¡FRAY EJEMPLO!

Si fray Ejemplo, en lugar de un ente tangible, de carne y hueso, fuera un personaje literario, ¿irreal?, salido del magín de Otramotro, así como Guillermo de Baskerville, sujeto ficticio de “El nombre de la rosa” (1980), brotó del caletre de Umberto Eco, no me cabe la menor duda de que hubiera fungido (no fingido; o quizás, sí, también) o ejercido de excelente detective de la más rabiosa realidad.

Ubiquémoslo, por tanto, en el más rábido cronotopo (quiero decir, en las hodiernas o modernas coordenadas espaciotemporales) para comprobar qué colige o deduce. Probemos, pues, qué tal le va el nuevo oficio que le hemos adjudicado, de pesquisidor, para observar cómo se las ingenia al objeto de salir airoso e ileso, sin un rasguño, de los numerosos aprietos o bretes que se le presenten en el camino.

Hoy, aquí, en España, todo quisque discurre o diserta de lo que la gente habla en cualquier tertulia o mentidero, de la carta del presidente del Gobierno Pedro Sánchez. Hay quien cree que es un as que tenía escondido en una manga, pues considera al tal un tahúr de río, que, por cierto, no es el navegable Misisipi, que, en un descuido, por un despiste, se le ha escapado de donde lo tenía oculto, a buen recaudo, y, sin querer, la trampa o el truco preparado ha quedado al descubierto, en evidencia, a la vista de todo bicho viviente.

¿Con qué fin se escribieron los tres folios y pico de la epístola de marras? He ahí la madre del cordero. ¿Por qué la ha publicado Sánchez, en lugar de optar por cualquier otra varilla del abanico mágico? Como el abajo firmante de estas líneas, servidor, es un fiel seguidor de fray Ejemplo, y tan zumbón empedernido, como él, como está leyendo actualmente, entre otros libros, el último y más reciente de Luis García Jambrina, “El primer caso de Unamuno” ((2024), reconoce que se ha visto contagiado o contaminado por él. Y, si en una urdidura anterior había entresacado unas palabras cabales de la página 44 del libro mencionado para cimentar un argumento, en esa misma página, precisamente, encuentra razón bastante para hallar apoyatura y explicación a dicha finalidad u objetivo. Releamos, pues, a Jambrina, para ver cuál es la nitidez de la antorcha o tea con la que nos alumbra: “Recordó entonces lo que aseguraba el personaje de Medea en la tragedia homónima de Séneca: Cui prodest scelus, is fecit. Lo que traducido quiere decir: ‘Aquel a quien beneficia el crimen es el que lo ha cometido’. De ahí la pregunta que solían plantearse los magistrados romanos: Cui prodest? ‘¿A quién beneficia?’. Esa parecía ser la cuestión crucial. Pero no había que pensar necesariamente en un fruto material o económico; podría tratarse también de una manifestación de otro orden”.

Mutatis mutandis, igual pregunta cabe formularse aquí. ¿A quién beneficia la epístola de Sánchez? Tras dar varias vueltas al redil, sin poder saltar la valla, alta, y, por ende, como consecuencia, sin llevarse a las fauces las carnes tiernas de un indefenso cordero lechal, el lobo, zorro u otra alimaña, que es fray Ejemplo, concluye, como cualquier avisado y avispado animal en una fábula de Iriarte (al que no le faltaba el arte) o Samaniego (al que, aunque le gustaba negar, también afirmaba cuando decía nones a lo que fuera), que el único que puede sacarle algún provecho a la tan traída como llevada misiva es quien la perpetró, realizó, trenzó (o mandó que se urdiera) y firmó y rubricó.

Así que, como ha decidido hacer fray Ejemplo, daremos tiempo al tiempo, o sea, esperaremos los cuatro días (al parecer, Sánchez necesita una jornada más de las que precisó Jesús de Nazaret para resucitar) para gritar jubilosos, a voz en cuello: ¡Aleluya!; y que el ángel (ora sea o se sienta ella, él o no binario), si vuelve a sobrevolar la tudelana Plaza de los Fueros, arroje aleluyas sobre las cabezas de los presentes, creyentes, agnósticos o ateos, aunque la Pascua ya haya pasado.

Lope de Vega escribió las cuatro redondillas que conforman el poema “Los ratones”: “Juntáronse los ratones / para librarse del gato; / y, después de largo rato / de disputas y opiniones, / dijeron que acertarían / en ponerle un cascabel, / que, andando el gato con él, / librarse mejor podrían. / Salió un ratón barbicano, / colilargo, hociquirromo / y encrespando el grueso lomo, / dijo al senado romano, / después de hablar culto un rato: / ¿Quién de todos ha de ser / el que se atreva a poner / ese cascabel al gato?”. Me temo que aquí el gato es el mismo que le sirvió al físico austriaco-irlandés Erwin Schrödinger para formular su experimento mental en torno a la mecánica cuántica (si abres la caja, este está muerto; pero, si no realizas ese gesto, permanece vivo). Ergo, optamos por secundar a fray Ejemplo y evitar así hallar el fiambre.

   Nota bene

   Arthur Conan Doyle, ahíto de su personaje Sherlock Holmes, pues sufrió en sus propias carnes y piel, en segundo plano, el éxito arrollador cosechado por su (prot)agonista (algo parecido le acaeció a Cervantes con su don Quijote, pero don Miguel no experimentó la envidia del escocés por su criatura), se vio obligado a resucitar a su personaje ocho años después de haberlo matado, literariamente hablando, en las suizas y alpinas cataratas Reichenbach, cuando cayeron al vacío Holmes y su némesis, el profesor James Moriarty, en “El problema final”, por la presión que ejercían sobre él sus lectores, que reclamaban su regreso. ¿Acaso Sánchez no es, como la fabulosa ave fénix, señero, único, perito en resurgir de sus propias cenizas?

Fray Ejemplo se pregunta: ¿Ha pensado Sánchez en la misma estratagema que usó Augusto con el senado romano, entregarle el poder para recibir de él aún más? Lo ignoro, pero he tenido esa epifanía; me ha brotado en la mente como una revelación, cual estupenda jugada. Fray Ejemplo conoce esa frase de Albert Einstein que dice que “Todos somos unos ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. Desconoce si Sánchez sabe cosas que ignoramos los ciudadanos. Ahí puede estar la razón de que, al final, decida decir adiós. Ahora bien, ¿acaso Sánchez no es un experto en dichos regresos?

   Post Scriptum

   He leído dos veces las líneas que contiene la carta del presidente. Si los hechos, por los que un juez ha abierto diligencias previas contra Begoña Gómez, esposa de Sánchez, son tan escandalosos en apariencia como inexistentes (según leo en la primera página de la carta), si esas denuncias son tan escandalosas como falsas (como leo en la tercera página), debe resultar o ser fácil objetar o refutar y echar por tierra esos datos espurios; así que, a mí, al menos, sinceramente, me sobra la carta y toda la parafernalia (se tome el vocablo irónicamente o no) que la acompaña, de veras.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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