NO HAY NADA NUEVO BAJO EL ASTRO SOL
“TODO LO DEMÁS” SUELE ESTAR DE MÁS
El pasado sábado 7 de marzo de 2026, por la mañana, después de regresar a casa, tras haber comprado los dos ejemplares hodiernos que empiezan por la misma consonante pe, el periódico y el pan, noté que una Costanza o idea se había instalado en mi cacumen, cual okupa, esta, que de nada sirve acumular bienes materiales en esta vida, porque, cuando menos te lo esperas, te guiña su ojo fatal, letal, la parca y te da el corte certero con su dalle o guadaña en el cuello, mera variante del uso de la guillotina, en el que perdías la cabeza como el fósforo una cerilla de madera al ser rascada y encendida, y aquí se van a quedar todos, porque no te los vas a poder llevar a la tumba, el nicho o el columbario, salvo lo estrictamente necesario.
La precedente es una verdad apodíctica, pero parece que no ha hecho mella en los intelectos de muchos de mis congéneres, que siguen adquiriendo útiles de escasa utilidad, que, después de haberlos usado un par de veces, acaso no los vuelvan a tocar y sigan arrumbados donde los dejaron y quedaron.
Compruebo, de manera fehaciente, que un día sí y otro también, a la gente le pone, esto es, le chifla o flipa aparentar (porque a sus solas nadie se engaña) lo que no es tanto como fardar, o sea, darse postín, pisto o pote. Está claro, cristalino, que, si leyeron a Francisco de Quevedo y Villegas, no arraigó en sus caletres la enseñanza que encierra esa redondilla (aunque, en sentido estricto, desde el punto de vista de la estrofa, vista en su conjunto, no lo sea) de su letrilla “A un rosal”, que dice así: “¿De qué sirve presumir, / rosal, de buen parecer, / si aun no acabas de nacer / cuando empiezas a morir?”.
Lo decisivo en la existencia (terrenal; de la otra, la de ultratumba, lo ignoramos todo) es hallar un grupo de personas a las que amar de verdad, formen parte de la familia creada por consanguinidad (y afinidad) o de la formada por amistad. Si, además, tienes la suerte de sentirte querido, si no por todos, por el grueso de los que quieres y te importan, eso ya será miel sobre hojuelas, la repanocha o la repera.
Resulta curioso y sugestivo que algunas anécdotas de la vida de quien ahora me lee, sí, tú, atento y desocupado lector (ora seas o te sientas ella, él o no binario) de estos renglones torcidos, pese a contar con los ingredientes necesarios para hacer un guiso suculento (que siempre deja mejor sabor de boca que uno “sucurrápido”), narrar una buena historia, apenas haya llamado la atención de este notario de la actualidad, que se limita en este punto a señalar el hecho. Y es que no hay nada nuevo bajo el astro Sol. Aquí siguen imperando los asuntos de moda, los que están en boga, y huelga todo lo demás. El busilis o intríngulis del caso se halla en ese sintagma, “todo lo demás”, que suele estar de más.
Como nada de lo humano me fue, es y será ajeno, reconozco que yo también deseé ser rico y un escritor famoso. Felizmente de ese sarampión me curé; esa servidumbre la superé.
Nota bene
Aunque el eterno retorno, me consta, no existe, percibo que este, aun siendo una mera entelequia, se empeña en tomar cartas en el asunto y, de Pascua a Ramos, vuelvo a tropezar en la misma piedra de otrora, en la que trastabillé y, al final, besé el suelo.
Ángel Sáez García