El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Para la mayoría de la gente…

PARA LA MAYORÍA DE LA GENTE

QUE CONOZCO VIVIR ESTO DENOTA:

SALIR DE CASA CON EL VERBO SUELTO

A COMPRAR EL PERIÓDICO Y EL PAN

“La vida se resume a salir a por el periódico”, dejó escrito en letras de molde Francisco Umbral en sus memorias, que él tituló así, “Días felices en Argüelles”.

Eso es, exactamente, cuanto me ha pasado esta mañana (me refiero, por supuesto, a la del sábado 5 de septiembre, que, por los grados que hay y la temperatura que se espera que se alcance por la tarde, 40, como ayer, se va a parecer a la del mes pasado, la que padecimos durante la canícula), cuando iba a coger El País a la Librería/Papelería “El Cole”, y de allí venía, por la acera de los pares de la tudelana Avenida Santa Ana, mi amigo “Cele(donio)”, me he dado de bruces y parado a cruzar cuatro palabras con él y le he intentado argumentar mi tesis de que a Pedro Sánchez la sociedad española lo ha abatido (ahora bien, como ha demostrado tener más vidas políticas que un gato, ¿habrá sido en esta ocasión de manera definitiva?) del pedestal donde se hallaba, la presidencia del Gobierno (aunque la siga ostentado interinamente), por dos razones de peso, que tienen que ver con el mismo asunto, la avalancha de Ceuta, su incompetencia, tras comparecer (aducir que había habido un ataque y violación de la integridad territorial de España, suceso, al parecer, menor para él) e irse tres semanas de vacaciones a La Mareta, y su mendacidad (que Marruecos no tenía nada que ver con que setenta u ochenta mil personas invadieran la citada ciudad autónoma, sino que la culpa la tenían las mafias).

Le he alegado que Sánchez debería haber dimitido como secretario general del PSOE, tras constatar que le habían salido ranas los dos secretarios de Organización de la formación que había nombrado, Ábalos y Cerdán (y haber estado a punto de nombrar a un tercer sapo, Salazar). Sánchez se fue de rositas de esos dos fracasos clamorosos con el discurso de que él había actuado y tomado decisiones, apartándolos de sus cargos y responsabilidades, nada más tener conocimiento de los desmanes o tropelías cometidos por ambos, sin atender a sus culpas in vigilando e in eligendo.

Ayer escuché argüir a un miembro del Ejecutivo que Pedro Sánchez ha sido el mejor presidente del Gobierno de España, durante la democracia. Al menos, estuvo comedido y no dijo lo que había pensado, de Europa o del orbe. Con sumo gusto, me apostaría con él doble contra sencillo a que, dentro de cincuenta años, cuando los historiadores conozcan todos los entresijos de la historia (aunque habrá discrepancias en algunos flecos), estarán de acuerdo en que el susodicho parecer del ministro servil, no solo fue una hipérbole, sino que razonarán lo contrario. Cuánto daño hace a esta sociedad (donde abunda la saciedad y la suciedad) el silencio de los borregos. ¡Menos mal que aún hay críticos (ellas, ellos y no binarios) y no se callan su criterio!

Pero hoy no tenía la intención de hablarle de Sánchez, sino de un pelotón de seudónimos propios que suelo englobar bajo el marbete de “comunicante anónimo”. Seguramente, usted, atento y desocupado lector de estos renglones torcidos, ha escuchado, mientras oía una frecuencia de radio o veía un canal de televisión de los muchos que hay en este país, el anuncio de una empresa de seguridad, Verisure, con palabras salidas de la mui de Marc Márquez, uno de sus patrocinados corredores de Moto GP, que inician, en concreto, estas: “En una carrera tienes que evitar que otros ocupen tu lugar” (evidentemente, se sobreentiende que se refiere al primero, segundo o tercer puesto, los que dan derecho a ocupar un lugar en el cajón o podio, no del último, el farolillo rojo).

Esa es, precisamente, la frase con la que procuro motivar a los miembros que conforman dicho pelotón, que agrupo bajo el sintagma mencionado. Suelo utilizar más a menudo una mera variante de la referida: A quien le birlan o pierde la posición, la que encabeza la carrera, no sale en la foto del periódico, o sea, en mi bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro.

Bueno, pues debo desdecirme. Acepto que me tengo que enmendar la plana, porque puede que a ese sujeto derribado le acaezca lo mismo que a Pedro Sánchez, que aparezca una última vez, pero solo para testimoniar que la parca política lo ha encontrado desprevenido donde fuera y ha hecho uso de su afilado dalle para separar la cabeza del tronco, como si fuera una guillotina, metafórica y políticamente hablando, claro.

Nota bene

Aquí, como hace cualquier inspector de policía (ella, él o no binario), experto en homicidios, al que le asignan un nuevo caso, acaso baste con que ponga en funcionamiento y ejercite su libérrima capacidad deductiva, sin cortapisas, estorbos u óbices, que son los prejuicios o aportes ideológicos que una/o acarrea ab ovo, y preguntarse, en latín, cui prodest?, ¿a quién aprovecha el hecho?, como hace Séneca en “Medea”. El suceso, la avalancha de gente, “un tsunami de humanidad” (en palabras de Nuria Labari, en “Estoy atravesando este bostezo gris y lanudo”, su columna del domingo 6 de septiembre de 2026, en la página 7 del suplemento IDEAS, de El País), que invadió las calles, plazas y arenales de Ceuta, que, transcurrido más de un mes, siguen anegadas, ¿benefició a las mafias, traficantes de inmigrantes, como adujo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez? Está claro, cristalino, que no; que, en todo caso, les perjudicó, porque a dicho alud no le sacaron provecho alguno. ¿Benefició a Marruecos?  Sin ninguna duda, sí. Demostró a España, Europa y el resto del mundo que puede volver a hacerlo cuando se den las circunstancias propicias (¿el próximo domingo 20, verbigracia, como ha trascendido en varios medios?). Y por eso está “envalentonado”, como así titula, por cierto, su suplemento IDEAS el periódico de PRISA.

Ciertamente, no puedo exhibir la pistola humeante ni el puñal ensangrentado marroquí, que demuestren bien, a las claras, mis deducciones, pero como se suele oír en los cenáculos y mentideros: “blanco y en botella: leche”; “agua dentro de un recipiente verde con boca de alcachofa: regadera”.

Mutatis mutandis, la actual Marruecos es como fue la otrora España con Franco vivo, una dictadura pura y dura. En una autocracia no se cimbrea un junco sin que lo sepa el generalísimo o monarca. Desde arriba, alguien supo sacarle el máximo partido a la sentencia 2965/2026 del Tribunal Supremo de España. Marruecos meneó las redes sociales, es decir, el nogal, y España, inesperada e involuntariamente, se vio obligada a coger las nueces (recoger y acoger inmigrantes sin cuento, pues aún no ha sido posible filiarlos y saber, a ciencia cierta, cuántos son).

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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