El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Es del endecasílabo un orfebre

ES DEL ENDECASÍLABO UN ORFEBRE

NO EXTRAÑA QUE COMPAREN CON QUEVEDO

Hoy, con el rótulo que encabeza estas líneas y el subtítulo que le sigue, he recibido este “emilio” en la dirección de correo electrónico que más frecuento; y, nada más acabar de pasar mis pupilas por él, he decidido que viera sin demora la luz en mi bitácora:

“Reconozco que me encantan las costumbres y/o rutinas, porque a esa especie humana, única, a la que pertenecemos usted, Otramotro, y yo, le son connaturales las mismas. Me chifla el hábito que sigue usted de titular los textos que publica en su blog con versos endecasílabos. Algunos son, en sí mismos, verdaderas joyas literarias. Por ejemplo, dos, recientes, que están relacionados entre sí, pues el uno es consecuencia, hijo o retoño del otro, son sendas alhajas resplandecientes: ‘Si el nuncio no denuncia que renuncie’ y ‘Anuncio que renuncio como nuncio’.

“No sé si usted se siente obsesionado o no con la manera de engarzar las palabras, con la argamasa que amasa para culminar su arte y poder cogerlo luego por un asa, o sea, el lenguaje que usa, pero, si lo está, a mí me flipa un montón que lo esté, porque disfruto leyéndole sobremanera. Nadie, absolutamente nadie, escribe como usted. Yo, como sostiene lo mismo otro escoliasta suyo, que no soy yo, opino, igual que él, que usted es el urdidor de todo lo que publica, salvo algunas, contadas, excepciones, como son las del comentarista mencionado y las de servidor, sin ir más lejos.

“Me pirro por su pausada prosa métrica, su marca de la casa, su sello y/o seña de identidad, la razón por la que somos o formamos legión quienes le leemos con fidelidad conyugal (a veces, para leer relajado, conviene haber cumplido antes con otra costumbre, el coito sabatino; si no lo ha constatado, pruébelo y ya me contará). Yo, al menos admito que soy un lector asiduo suyo, pero no exclusivo, porque también leo a otros maestros (ellas, ellos o no binarios, los que a mí me lo parecen). Su técnica, a la hora de escribir textos en prosa, la suele encubrir con otra arquitectura, la de la musicalidad endecasilábica, una originalidad difícil de plagiar. Quizá Quevedo fue tan hipnótico o narcótico como usted.

“A mí me ha embelesado y/o engatusado por su ironía afilada, su crítica política y social, sin ser cruel, ni cruenta, sin voluntad de hacer sangre; por el magisterio de sus juegos de palabras y sus alusiones literarias a los autores clásicos de los Siglos de Oro españoles.

“Está claro, cristalino, que, de los dos títulos mencionados, uno es el efecto colateral, deseado (o indeseado, que, debido tal vez al relativismo imperante en nuestra sociedad, sucia hasta la saciedad, de todo hay en la viña del señor), del otro. En el primero, el autor es un crítico con el proceder del nuncio, que no hace lo que le toca, denunciar; y, en el segundo, adopta el papel del nuncio, que asume lo que se ve abocado a hacer, tras llevar a cabo la autocrítica, dimitir, renunciar al cargo, por venirle grande.

“En los dos títulos propuestos, si tenemos en cuenta sus acentos prosódicos, vemos una estructura similar: el primero lleva acentos en la segunda, sexta y décima sílabas; y el segundo, en segunda, cuarta, sexta y décima; o sea, que se trata de dos endecasílabos heroicos; el segundo con una estructura yámbica marcada. En los dos usa la paronomasia. En el primero, opta por iterar la selecta raíz –nun, que le permite crear palabras con significados distintos, aunque no tan distantes, pero con una sonoridad fija, propia de los conceptistas barrocos Quevedo y Gracián. En el segundo, consigue que tres palabras consecutivas rimen internamente en consonante, -nuncio, en el mismo verso; ese efecto, que en la prosa sonaría cacofónico, en medio del mismo verso se transforma en una guirnalda musical, en una floritura humorística, que logra surfear la alta ola que genera ese retruécano inolvidable.

“Déjeme decirle que usted no solo tiene un acervo lingüístico amplio, sino que domina el significante y el significado de las dicciones que usa en sus textos; y es un perito arquitecto, escultor, pintor y orfebre en el arte del verso de once sílabas”.

Así que la palabra “amén”, de cuatro letras, vuelve a imponerse aquí otra vez.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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