LA SEGUNDA DOSIS

Gobierno Sánchez: cuando se juntan el ansia de titulares lujuriosos con la ineptitud y el sectarismo

El sanchismo dio ayer un paso de gigante en la degradación populista que anima su proyecto de país.

Si la libertad y la propiedad son los dos pilares sobre los que se asienta toda economía de mercado, es decir, toda democracia liberal viable, la coalición de izquierda radical acaba de asestar a ambos principios el golpe más agresivo del que se haya tenido noticia en España.

La urgencia por aprobar los Presupuestos, como sea pero ya, para no poner en peligro los fondos europeos ha llevado a Sánchez a aliarse con la podemita Yolanda Díaz, y ciscarse en la leyes del mercado.

Nadie sabe ya dónde acaba el PSOE y dónde empieza Podemos en el Ejecutivo.

Y estábamos todavía recuperándonos del susto, cuando aparece Irene Montero, ex pareja de Pablo Iglesias, el que soñaba con azotar a Mariló Montero hasta que sangrara y alardeaba de sus miradas lujuriosas a Rita Maestre, anunciando que el ministerio que le asignaron por vía marital quiere que las empresas vigilen si sus trabajadores pronuncian «comentarios insinuantes», hacen «indirectas» o lanzan «miradas impúdicas».

Al margen de lo que tiene de memez e inquisitorial esa propuesta, uno se pregunta si las “miradas lascivas” no se producen en los ministerios, ni en los ayuntamientos, ni en la sanidad o la enseñanza pública. De nuevo “las empresas” como paradigma de la maldad.

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