Dirán que no es cuestión de hacer partidismo con la estadística, pero solo porque en esta ocasión el argumento se les resquebraja.
Los defensores de la Ley de Violencia de Género, que además celebran alborozados su prórroga, ocultan a la población que este instrumento, amén de chocar frontalmente contra la igualdad entre españoles establecido en la Constitución, no ha servido precisamente para paliar el número de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas.
Siendo, además, un proyecto surgido del magín de José Luis Rodríguez Zapatero en 2007, es decir cargado de todo el sectarismo, progresismo y pancarterismo feminista posible, lo lógico es que ya se hubiese vendido urbi et orbi todas sus bondades.
Pero lo cierto es que las estadísticas, como el algodón, no engañan y de una pasada sale a relucir toda la mugre que al final se parapeta en este marco legal. El número de fallecidas no ha dejado de crecer y encima desde que Pedro Sánchez está en La Moncloa el aumento es, incluso, más notable.
Porque si en los años 2016 y 2017 el Gobierno de Mariano Rajoy presentaba cifras en torno a las 50 muertas, 49 y 50 respectivamente, amén de las 12 que acumuló de enero a mayo de 2018 antes de salir de La Moncloa por la moción de censura, ¿cómo es posible que los datos sean peor con un Ejecutivo progresista?
Con Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, en siete meses, de junio a diciembre de 2018, se produjeron 39 muertes y se cerró el ejercicio con 51 víctimas.
En 2019 el dato se disparó hasta las 55 mujeres asesinadas a manos de sus maridos o compañeros sentimentales.
Y en 2020 se han registrado oficialmente hasta este 26 de junio de 2020 un total de 21 fallecidas, aunque también hay que considerar que España ha vivido bajo un estado de alarma desde el 14 de marzo de 2020 hasta el 21 de junio de 2020 y está claro que eso altera necesariamente las cifras.
LOSANTOS DESTROZA LA ‘VIOGÉN’
Una de las reflexiones más acertadas sobre la Ley de Violencia de Género corresponde a Federico Jiménez Losantos, columnista de El Mundo.
El también director de ‘Es la Mañana de Federico’ (esRadio) carga con toda la artillería contra un texto legal que, amén de ser opuesto a todo principio constitucional, tampoco se ha convertido en la panacea para acabar con las mujeres asesinadas a manos de sus parejas:
Me sorprende, por no decir que me escandaliza, el silencio mediático sobre el debate en el Congreso de la prórroga de la Ley contra la Violencia de Género, apocopada Viogen. Ha sido uno de esos momentos que realzan el valor del Parlamento como lugar del discurso político, aunque a menudo sea la fosa del espíritu de la ley como escudo de nuestros derechos civiles.
Se votaba la prórroga de una ley impuesta en 2007 por el Gobierno ZP y respaldada por todos los partidos del espectro político, más fantasmal que nunca, y que contó además con el respaldo del Tribunal Constitucional. Eso la hace legal, no más justa ni más legítima. De hecho, anula derechos constitucionales inalienables y explícitos en la de 1978: la igualdad al penar un mismo delito y la no discriminación por razón de sexo, raza, etcétera. El etcétera es que, por la Viogen, el delito tiene distinta pena según el sexo del delincuente, y que a la mitad masculina de los españoles se le priva, frente a la femenina, de la presunción de inocencia, raíz del estado de Derecho.
Subraya que esta ley ha resultado estéril a la hora de combatir la violencia machista y, de propina, le niega el derecho a los hombres maltratados:
Hace más de una década que se impuso, contra la letra y el espíritu de la Constitución, esa ley que la deroga de raíz. Y que, desde entonces, ha acreditado su inutilidad: no ha hecho disminuir el número de víctimas de la llamada violencia machista y ha creado un violento limbo legal feminista que oculta los datos del número de hombres que son víctimas, no verdugos de esos delitos, y el número de denuncias falsas que aprovechan la desigualdad programada de la Viogen para agravarla con ventajas en la custodia de los hijos, las pensiones de separación e, insisto, la presunción de inocencia.
Y recuerda que, a día de hoy, solo existe un partido, VOX, que es el único capaz de ser valiente y reclamar lo que es de ley, la igualdad entre hombres y mujeres:
La raíz histórica de la lucha por los derechos de la mujer fue negar la supuesta desigualdad intrínseca de género, que la convertía en materia protegible, no responsable, privada de la condición humana completa. En política, derecho de ciudadanía. El martes, sólo un partido, Vox, defendió la igualdad ante la ley. Sólo Macarena Olona dijo, ante un coro de vírgenes suicidas, que sabe que tiene razón, aunque no se la dé, algo tan elemental como que «no mata el hombre, mata el asesino». Los columnistas centrísticos, víctimas de la artritis ideológica que se manifiesta ya en edad temprana, deberían acostumbrarse al término voxtitucional: dícese del que muestra una cierta distinción cívica contra la discriminación a mogollón.
